V olver a leer la ética de Kant


1. Introducción

Es difícil ser de filosofía y no venerar a Kant. Es de los grandes, los clásicos... Como Bach, Beethoven... Sobre todo La Crítica de la Razón Pura es tan extraordinaria que corta la respiración. En la historia de la filosofía uno se encuentra con teorías muy atractivas, muy curiosas, muy interesantes, muy ingeniosas, muy deseables en cierto sentido. Pero hay pocas que sean amables, pocos sistemas con los que apetezca vivir, en los cuales uno quiera instalarse. Y la filosofía de Kant es uno de ellos. En cuanto a la ética, creo que si Lacan habla de la ética kantiana y no de otra, es porque la ética kantiana es la quintaesencia de la ética.


2. La ética kantiana


Conclusiones

Es posible que haya hecho una lectura un poco sesgada de Kant, privilegiando en él lo que me servía para hacer su elogio. Pero creo que hay dos Kant. Un Kant que despeja magistralmente el quid de la cuestión ética, que es reconocer al otro como fin además de como medio, y no ubicarse puerilmente en un lugar de excepcionalidad respecto a los límites morales. Este Kant es el de "obra de tal modo que puedas desear...", de la Fundamentación. Es un Kant no moralista, sino ético y crítico, un Kant que no pretende agregar otra moral filosófica más, sino que despeja, ilumina la armazón de toda moral, de cualquier moral, que tiene que estar fundada sobre el respeto de la humanidad, el reconocimiento del otro y de uno mismo. Hay otro Kant moralista dogmático, legislador cósmico, que aplasta al sujeto multidimensional en la única dimensión de la moral, prohibiéndole toda excepcionalidad, toda singularidad. Es el Kant del "obra de modo que tu máxima pueda valer siempre al mismo tiempo como principio de una legislación universal", o del "obra como si la máxima de tu acción debiera convertirse por tu voluntad en ley universal de la Naturaleza", de la Fundamentación. Pero vivir humanamente es ser singular, tener el espacio de la singularidad. Y no confundir las leyes humanas con las leyes de la Naturaleza. Me parece que hay cierto deslizamiento en Kant, desde el principio de la Fundamentación a la Crítica de la Razón Práctica, un avanzar hacia una ética más rigorista y mortífera.

Al margen de mi fidelidad o infidelidad al texto de Kant, creo que no debemos dejarnos impresionar por 'el crepúsculo del deber' de la actualidad. Y ésta es la razón por la cual apetece recuperar algo del viejo Kant, que señala con mucha nitidez que no se puede obrar guiándose únicamente por eudaimonismos y hedonismos, narcisismos individuales o sociales e imperativos de goce, ese viejo Kant que ubica con claridad meridiana el límite moral que conviene respetar.

Tampoco debemos dejarnos impresionar por la veneración y la exaltación de la ley moral por Kant. La ley moral no tiene nada de tan sublime, como pensaba Kant. Pero tampoco tiene, al fin y al cabo, nada de tan temible, como parece pensar la postmodernidad. La ley moral es más bien una lata. ¿Pero bien habrá que respetar algunos límites morales, aunque sea sin mucho entusiasmo, no?

Por otro lado, la reivindicación sistemática de la singularidad y la excepcionalidad, en todos los terrenos y ese antiuniversalismo compulsivo con el que nos encontramos a veces hoy en día me parecen francamente excesivos. Me temo que no reparten indemnizaciones por el complejo de castración...


Alín Salom



Bibliografía:


Notas:

  1. Necesitaba silencio, entre otras cosas, porque daba clases en su casa. Cuando fue privat dozent ejerció la filosofía como una profesión liberal y los estudiantes-clientes acudían a su casa para escucharle. "Kant percibía de la autoridad real un menguado peculio como vicebibliotecario. Pero como docente se estableció por su cuenta como trabajador independiente, con todos los inconvenientes que esto supone. Lo esencial de sus ingresos lo constituían los honorarios que le proporcionaban sus alumnos. Si no había clientes, no había dinero. Kant permanecía tributario del antiguo sistema medieval en el que los universitarios recibían el pago de los alumnos. Nada que ver con nuestra moderna universidad; ni tan siquiera con aquella de Berlín que, por el 1830, aseguró la carrera y la estabilidad del profesor Hegel. Kant ejercía la filosofía como profesión liberal, como un médico o un abogado. (...) Trabajaba en casa. (...) Su domicilio era una pequeña empresa con dos trabajadores: él mismo y su criado, Lampe. Su clientela se componía de jóvenes y maduros estudiantes. En su programa, todo tipo de materias: geografía, poesía, artillería, astronomía. Se olvida demasiado a menudo que la filosofía no constituía su principal enseñanza. Es absurdo convertir a Kant en el primer profesor de filosofía. Kant no es el primer filósofo moderno, sino el último del Antiguo Régimen. Escribía sus textos de filosofía antes o después del trabajo, como una terapia o una devoradora pasión." J.-B. Botul, pp. 22-23.

  2. Pillé una referencia al asunto del botón en la Antropología. "Muchas personas son desgraciadas porque no pueden abstraer. El soltero podría hacer un buen matrimonio sólo con que pudiese no ver una verruga en el rostro o una mella en los dientes de su amada. Pero es una particular perversión de nuestra facultad de atender el fijar la atención, incluso de un modo involuntario, justamente en lo que hay de defectuoso en los demás ; el dirigir los ojos a un botón que falta en la casaca justamente enfrente de nuestra cara, o a la mella, o a un defecto de pronunciación habitual, confundiendo al prójimo con ello, pero echando también a perder nuestro juego en el trato social. Cuando lo principal está bien, no es sólo justo, sino también prudente apartar la vista de lo malo de los demás, e incluso de nuestro propio estado de felicidad; pero esta facultad de abstraer es una fortaleza de ánimo que sólo se logra adquirir mediante el ejercicio." Antropología, parágrafo 3. El botón que falta, la mella en la dentadura o la verruga en el rostro de la dama cortejada, la mala dicción... ¡vaya serie!

  3. Entiendo que el imperativo de veracidad evidentemente ponga los pelos de punta a cualquier psicoanalista. Porque sabe que la veracidad está atada al goce y no puede ser más que epifenoménica en un sujeto esencialmente dividido. Además, si el analista fuera a ser "veraz", el análisis sería imposible. El analista tiene más bien el imperativo de ser lacónico. Pero esto no quiere decir que cierta veracidad no permanezca como ideal del lado del analizando, de comunicar todas sus asociaciones 'libres', que el analizando se muere de ganas de ocultar y ocultarse... La pregunta del analizando no es la de Hamlet, "¿ser o no ser?", sino la de Nietzsche "¿cuánta verdad puede tolerar el ser humano?". That's the question.

  4. Fundamentación de la metafísica de las costumbres, cap. 2, p 72 en ed. Austral (trad. de García Morente).

  5. Ibid. p.76.

  6. Ibid., p.77.

  7. En todo caso éste es el flanco débil, lo hipotético, de la Fundamentación. Tal vez haya gente encantada con que todo el mundo esté desregulado.

  8. Fundamentación, p.84.

  9. J.-A.Miller dice: "si, por ejemplo, entramos en el principio de la reciprocidad (yo diría más bien 'reconocimiento') y decimos que hay que tratar siempre al otro como un fin, veremos que éste es un hermoso principio, pero que en la relación sexual no sirve de mucho. ¿Cómo podría ser un acto sexual así? Lacan dice: 'Puede ser algo moral, pero no será sexual'. Este principio, en efecto, vale para los seres razonables; pero no vamos a decir que valga para los seres sexuales." Lakant, 1ª Jornada de la EEP-ECFB, p. 34. (a) Me temo que Miller no toma en cuenta las locuciones adverbiales; hay que tratar siempre al otro al mismo tiempo como fin, es decir, 'al mismo tiempo que uno lo trata como medio'; y (b) pienso que algo de la moralidad también debe existir en la cama, aunque no sea el motor ni lo esencial de la vida sexual.

  10. CRPr, p.50.

  11. ¿Dónde está el agalma, la joya, en la ética kantiana? En el fondo no en el deber, sino en la "buena voluntad", señalada explícitamente como agalmática por Kant. Dice en la Fundamentación, pp. 28-29: "La buena voluntad no es buena por lo que efectúe o realice, no es buena por su adecuación para alcanzar algún fin que nos hayamos propuesto; es buena sólo por el querer, es decir, es buena en sí misma. (...) Aun cuando por particulares enconos del azar o por la mezquindad de una naturaleza madrastra, le faltase por completo a esa voluntad la facultad de sacar adelante su propósito; si, a pesar de sus mayores esfuerzos, no pudiera llevar a cabo nada y sólo quedase la buena voluntad -no desde luego como un mero deseo, sino como el acopio de todos los medios que están en nuestro poder-, sería esa buena voluntad como una joya brillante por sí misma, como algo que en sí mismo posee su pleno valor."

  12. "Lección XXXI: Disección de la personalidad psíquica, vol. III, p. 3133. El comentario de Freud es divertido, aunque no es exacto, porque en la filosofía kantiana el firmamento estrellado no prueba la grandeza de Dios. No hay prueba cosmológica de la existencia de Dios, para Kant.

  13. CRPr, II, 2, 5, p. 182.

  14. Por eso Kant dice que entiende que algunas personas, "y precisamente los más experimentados en el uso de la razón" acaben sintiendo "cierto grado de misología u odio a la razón", porque se encuentran que "se han echado encima más penas y dolores que felicidad han podido ganar".

  15. Fundamentación, cap. 1, pp. 36-37.

  16. "Es una desdicha que el concepto de la felicidad sea un concepto tan indeterminado que, aun cuando todo hombre desea alcanzarla, nunca puede decir por modo fijo y acorde consigo mismo, lo que propiamente quiere y desea. Y la causa de todo ello es que todos los elementos que pertenecen al concepto de la felicidad son empíricos, es decir, tienen que derivarse de la experiencia, y que, sin embargo, para la idea de la felicidad se exige un todo absoluto, un máximo de bienestar en mi estado actual y en todo estado futuro. Ahora bien, es imposible que un ente, el más perspicaz posible y al mismo tiempo el más poderoso, si es finito, se haga un concepto determinado de lo que propiamente quiere en este punto. ¿Quiere riqueza? ¡Cuántos cuidados, cuánta envidia, cuántas asechanzas no podrá atraerse con ella! ¿Quiere conocimiento y saber? Pero quizá esto no haga sino darle una visión más aguda, que le mostrará más terribles aún los males que están ocultos para él y que no puede evitar, o impondrá a sus deseos, que ya bastante le dan que hacer, nuevas y más ardientes necesidades? ¿Quiere una larga vida? ¿Quién le asegura que no ha de ser una larga miseria? ¿Quiere al menos tener salud? Pero ¿no ha sucedido muchas veces que la flaqueza del cuerpo le ha evitado caer en excesos que hubiera cometido de tener una salud perfecta? (Etc., etc.) En suma, nadie es capaz de determinar, por un principio, con plena certeza, qué sea lo que le haría verdaderamente feliz, porque para tal determinación fuera indispensable la omnisciencia. (Fundamentación, pp. 67-68)

  17. Fundamentación, p. 30.

  18. Fundamentación, p. 45-46.

  19. Fundamentación. p. 36.

  20. J.-B. Botul, p. 21.









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