"Punto vivo" del seminario del Campo Freudiano de abril de 2003
Acerca del deseo

Reseña del comentario de Guy Briole de los capítulos XIX al XXII del Seminario VIII de Jacques Lacan, La transferencia, el 26 de abril de 2003

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Paraules clau

deseo / culpabilidad, padre humillado, enigma del deseo, padre del goce

En su comentario de los capítulos XIX, XX y XXI, Guy Briole distinguió el enfoque científico del deseo, el de Sócrates, que Lacan opone a la experiencia trágica del deseo, en la Trilogía de Paul Claudel, colocando a ésta en el nivel del mito.

Después de los personajes trágicos: Hamlet, en 1959, y Antígona, en 1960, Lacan aborda los de la Trilogía: Sygne y Pensée, en relación al enigma del deseo que el sujeto constituye. Así, en tanto en Antígona la exaltación del padre provoca el sacrificio en nombre del ideal, Signe de Coûfontaine va más allá: según el axioma de “Dios ha muerto” y como una heroína sadiana sacrifica su ser. A su vez, Pensée se vuelve la sublime figura del deseo por tener los ojos cerrados al mundo, mujer divinizada para ser sacrificada.

El personaje también capital de esta Trilogía es el padre humillado de P. Claudel que prefigura el malestar de nuestra civilización. Imposibilidad estructural que concierne al lugar del padre real, figura imposible de desalojar, gozador sin límite y degradado hasta la abyección, cuya humillación recae sobre el hijo en el lugar del imperativo de goce.

Este drama permite describir la configuración del deseo que se inscribe en tres generaciones: la primera, de la Versagung, rechazo como posición del sujeto, es la falta a la promesa inicial en Signe, la segunda generación es la aparición del objeto en el hijo y la tercera se encarna en la libre pensadora que, agonizando, hace el signo de no, en tanto el Dios del destino ha muerto. La consecuencia es que el deseo se articula así a la culpabilidad y el rehén de la trilogía, subrayó G. Briole, será el deseo.

El analista, para ocupar su lugar de causa del deseo, soporte del padre real, del padre del goce, debe haber vaciado el lugar del goce que éste contenía. Separarse del lugar del Otro, que implica el significante de la falta en el Otro. Lo que puede esperarse de la cura en el análisis es que el sujeto desarrolle todas las consecuencias de S(A/).
El analizante viene a buscar en el análisis su destino, lo cual no comporta las finalidades del análisis, ya que éstas no son las de su normalidad. Para Lacan llevar el análisis a su fin es haber encontrado ese límite de Antígona, hallar que no existe el Bien Soberano sino una ley que se empezó a articular en las generaciones que le anteceden. El analizante descubre así la Até de Antígona, que no deja de ser pariente de la infelicidad pero el deseo advertido del analista lo llevará a desear lo imposible.

Rosalba Zaidel
Abril de 2003

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