El paso "copernicano" en Freud

Referencia de J. Lacan, en Subversión del sujeto y dialéctica del deseo, a lo copernicano en Freud, presentada en el S.C.F. de Barcelona el 18 de octubre de 2003

  • Publicado en NODVS VIII, novembre de 2003

Resum

En este artículo se hace un análisis de la llamada "revolución copernicana", referencia que hace Freud y que es mencionada en varias ocasiones por Lacan. En el texto "Subversión del sujeto..." remite a la forma metafórica que tiene Freud de nombrar la subversión del sujeto que su obra implica en relación al descubrimiento del saber inconsciente. También se puede rastrear la compleja relación entre: saber- goce- verdad que plantea el discurso psicoanalítico.

Paraules clau

"revolución copernicana": lo "copernicano" como "subversivo", relación sujeto/saber, historia de la ciencia, subversión del sujeto, innovación/subversión cosmológica, biológica, psicológica

Lo copernicano en “Subversión del sujeto...” 1

Lacan menciona en numerosas ocasiones la referencia que hace Freud, en la que compara el descubrimiento del inconsciente con la revolución copernicana, en tanto afrenta al amor propio del hombre2. En el caso de “Subversión del sujeto...”, esto se da de forma particular, ya que como vemos en la nota que escribe en 1966 para la publicación de esta conferencia en la edición de los Escritos, “el desarrollo “copernicano” es un añadido” 3. Vemos pues que en las primeras páginas de este texto, tras un recorrido por la cuestión de la relación del sujeto con el saber en Hegel, en la ciencia y en la psicología, agrega unos párrafos4.

Lo hace a fin de ubicar y resaltar la cuestión del sujeto, tal como el psicoanálisis la subvierte, en contraposición a los discursos ya mencionados y para dar cuenta de la conmoción que representa.

Ubica ahí el quid de la cuestión, y dice: “se trata de estrechar de más cerca lo que Freud mismo en su doctrina articula de constituir un paso “copernicano”” 5.

Podemos decir que este añadido es una inserción frente a los discursos presentados hasta ese momento, un contrapunto con el que ahora, al principio del texto y sin dilación, sienta las bases introduciendo la posición del psicoanálisis de forma clara y contundente, en lo que respecta a la relación del saber con la verdad.

Copérnico y la historia de la ciencia como acercamiento del saber a la verdad

En primer lugar, lo que cabe decir es que la revolución copernicana no es ni una tal revolución, ni es Copérnico su autor. No obstante, que no sea fiel a la historia de la ciencia no impide que al hablar de “lo copernicano” nos estemos refiriendo metafóricamente a lo subversivo.

Si Copérnico escribe en 1543 Sobre las revoluciones de las orbes (o mal traducido cuerpos celestes), el término revolución que aparece en el título no se refiere más que a la acepción de la astronomía, es decir, a la “vuelta dada por un astro recorriendo su órbita”.

En relación a lo que podríamos llamar una subversión a nivel del conocimiento, o revolución científica, la hipótesis del heliocentrismo fue propuesta por el astrónomo griego Aristarco de Samos, en el siglo III a. C. quien postula que los movimientos celestes se podían explicar mediante la hipótesis de que la Tierra gira sobre su eje una vez cada 24 horas y que junto con los demás planetas gira en torno al Sol. Pero cuestionar la estabilidad y fijeza de la Tierra se oponía al “sentido común” de la época, lo cual hizo que este esquema no prosperara. Lo que se impuso durante diecisiete siglos fue la hipótesis geocéntrica, desarrollada por Claudio Ptolomeo en el siglo II a. C. Por lo tanto, podemos decir que la verdad copernicana, que no es de Copérnico, requirió un largo tiempo, el tiempo que requieren las verdades, para abrirse camino frente a sólidos prejuicios.

En esta obra Copérnico analiza críticamente la teoría de Ptolomeo, pero de todas maneras, que la tierra estuviera o no en el centro no es lo que más le importaba.

Este clérigo polaco, siempre fiel a la Iglesia Católica, realiza lo que podemos llamar una cristianización platonizante, intentando volver a la pureza griega, buscando lo sencillo y armónico, y desde esta perspectiva, ubicando el movimiento uniforme y circular como el único “natural” y perfecto, imagen de la divinidad misma. Así concluye que es la esfera el cuerpo más perfecto, el que merece ocupar el centro, y el Sol, la mayor y más perfecta, debe tener la posición central como imagen misma de Dios.

El sistema que propuso gozó pronto de gran aceptación.

Esta heliolatría la volveremos a encontrar, si cabe de forma más acuciante, en Johannes Kepler, fervoroso místico que equipara la armonía cósmica y el Símbolo Trinitario: El Sol sería Dios Padre, la esfera de las estrellas fijas, el Hijo, y el medio etéreo que fijaría las relaciones del todo, manteniendo a cada planeta en su órbita, sería el Espíritu Santo. Así plantea un maravilloso mecanismo de relojería, al formular las leyes del movimiento planetario, siendo la primera ley la que postula que los planetas se mueven en órbitas elípticas. La caída de la circularidad como movimiento natural perfecto supondrá una revolución en la historia del pensamiento occidental.

Así pues será Kepler, junto con Galileo, quien siente las bases de la ciencia moderna.

Galileo aboga por la separación entre la Ciencia y la Iglesia, intenta demostrar el sistema copernicano y formula la ley de la inercia. Su publicaión en 1632 de los Diálogos sobre los dos grandes sistemas del mundo lo llevará ante el tribunal eclesiástico que, además de prohibir su obra, lo obligará a renegar de sus creencias, y dictará cadena perpetua contra él.

El físico británico Isaac Newton, con la ley de la gravitación universal, explica las leyes de Kepler sobre el movimiento planetario. Y así, junto con este último y con Galileo, demostró que el universo era realmente como Copérnico había supuesto.

Otro gran científico de la época fue Giordano Bruno (1548-1600), que llevó al límite el giro copernicano, e imaginó una infinitud de mundos simultáneamente existentes, en los que planetas y estrellas giran en la inmensidad de un espacio vacío e infinito. Por esto y por las audaces y heréticas implicaciones teológicas que sacó de la infinitud de los mundos y del espacio, fue empalado y quemado por la Inquisición romana en 1600.

Antes de volver al psicoanálisis y para concluir el repaso a la historia de la ciencia, unas breves referencias sobre Darwin, al que aluden tanto Freud como Lacan. En 1859 publica El origen de las especies por medio de la selección natural, libro que se agota rápidamente y se reedita por seis veces consecutivas. En 1871 publica su estudio de la evolución humana: La descendencia del hombre y la selección sexual, donde señala la animalidad del hombre y su genealogía biológica que lo hace descendiente de los simios, arrebatando así al orgullo humano su pretendida superioridad esencial, pero por otro lado ubicándolo en la posición más elevada de la escala. Los mayores ataques a sus ideas fueron proferidos por sus oponentes religiosos, debido a que su teoría negaba la creación divina del hombre, ya que si bien las reacciones de crítica a sus postulados fueron inmediatas por parte de los científicos, fueron éstos quienes no tardaron en reconocer ampliamente la importancia de su trabajo.

Lo copernicano en Freud

Si por un lado hemos visto los pasos con que se produce el acercamiento del saber a la verdad en la historia de la ciencia, podemos decir que en el caso del psicoanálisis esto se produce como un sismo, al punto de que parece una modestia por parte de su autor comparar su aportación con el darwinismo y la revolución copernicana.

Son tres fundamentalmente los textos en los que Freud toma estas referencias, todos ellos dirigidos a un público intelectual amplio y no a psicoanalistas. Se trata de: la “18a Conferencia de introducción al psicoanálisis. La fijación al trauma, lo inconciente” 6, “Una dificultad del psicoanálisis” 7, ambas de 1916, y la tercera, de 1924: “Las resistencias contra el psicoanálisis” 8.

Freud nos explica en estos textos las razones que llevan a la resistencia contra el psicoanálisis. Si en algunos ámbitos y tiempos la aparición del psicoanálisis pudo suscitar una acogida vacilante o indiferente, en otros, nos dice Freud con dramatismo, produjo no sólo antipatía, sino incluso estallidos de indignación, burla y escarnio, es decir, reacciones afectivas más que intelectuales. Esto lleva a que se llegue incluso a considerar al psicoanális como un atentado contra la dignidad del género humano, que lo acusen de pansexualismo, de enemigo de la cultura, e incluso que se lo proscriba como peligro social. Al poner de relieve lo inconciente dentro de la vida del alma, el psicoanálisis convocó los peores espíritus de la crítica, debido a que sus postulados tocan personalmente a cada quién, y obligan a tomar posición. Es así como Freud, una vez más, nos da cuenta de que el saber es del orden del goce, y que por lo tanto no se accede a él cómodamente, sino que en este camino nos encontramos con la resistencia.

En la historia de la investigación científica tres innovaciones tropezaron con intensa y obstinada resistencia, por ser afrentas al ingenuo amor propio de la humanidad, al narcisismo tanto individual como universal. Se trata, en primer lugar, de la cosmológica, que pone a la tierra ya no en el centro del universo, sino como ínfima partícula de un sistema cósmico; en segundo lugar y más recientemente, la biológica, en la que se le dice al hombre que no tiene posición privilegiada en relación a la creación, ya que proviene del mundo animal. Si bien estas dos subversiones despertaron una encarnizada renuencia, según Freud, ha sido la tercera, la psicológica, la más sentida. De esta manera nos presenta la gran conmoción que supuso su noción del yo.

Al plantear el inconciente como un saber no sabido por el propio sujeto, podemos decir que produce en relación al yo un descentramiento como el que postula Copérnico. Ubica lo fundamental del yo en el inconsciente, lo más desconocido por el campo del yo. Así, el sujeto aparece descentrado con respecto al individuo, y no se confunde con éste. Además, Freud plantea que es la sexualidad la que rige en el centro de todo lo que sucede en el inconciente, en tanto falta.

Freud, en su uso casi mítico de la revolución copernicana, muestra que toda la relación del hombre consigo mismo cambia de perspectiva con su descubrimiento. Gracias a él, el centro verdadero del ser humano no está ya en el mismo lugar que le asignaba toda la tradición científica y humanista. El psicoanálisis coloca sobre una nueva base toda nuestra concepción de la vida anímica.

Vemos como Freud, al igual que hará Lacan en “Subversión del sujeto...”, plantea una ruptura radical entre la medicina y la filosofíapor un lado, y el psicoanálisis por el otro, al plantear no tener los primeros en cuenta el inconsciente.

En el prólogo a la traducción al hebreo de las “Conferencias de introducción”, Freud dice: “El psicoanálisis aporta tantas cosas nuevas, y entre ellas tantas que contradicen opiniones consabidas y sentimientos hondamente arraigados, que no puede menos que provocar oposición al comienzo. Pero si uno suspende el juicio y deja que el psicoanálisis como un todo lo impresione, quizá llegue a la convicción de que aún eso nuevo indeseado merece conocerse y es indispensable si se quiere comprender el alma y la vida de los hombres” 9.

Para concluir

Lacan en la pág. 782 nos dice, al introducir la cuestión del deseo: “Es aquí donde Freud vuelve a abrir, a la movilidad de donde salen las revoluciones, la juntura entre verdad y saber”, y continúa: “En el siguiente punto: que el deseo se anuda en ella al deseo del Otro, pero que en ese lazo se aloja el deseo de saber” 10.

Este punto será tratado en nuestra próxima reunión de seminario. De todas maneras, no quería dejar de mencionarlo, a fin de ubicar que justamente, aquí se ve claro, la revolución copernicana es la forma que tiene Freud, en su uso metafórico, de nombrar la subversión del sujeto que su obra implica, y que como hemos dicho, va ligada a la particular concepción de la dialéctica de la libido y del deseo, es decir, la cuestión alrededor de la cual gira y gravita lo que determina al sujeto.

Notes

  1. Lacan, J. “Subveresión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano”, en Escritos II, Ed. Siglo XXI. Madrid.
  2. Lacan, J. “Cap. I: Psicología y metapsicología” y “Cap. XVIII: El deseo, la vida y la muerte” en El Seminario 2: El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica”, Ed. Paidós, Barcelona.
    Lacan, J. “La cosa freudiana o sentido del retorno a Freud en psicoanálisis”, en Escritos 1, Ed. Siglo XXI, Madrid.
    Lacan, J. “Cap. VI: La irrisión de la esfera”, en El Seminario 8, La Transferencia, Ed. Paidós, Barcelona.
    Lacan, J. “Radiofonía (pregunta IV)” en Psicoanálisis, radiofonía y televisión, Ed. Anagrama, Barcelona.
    Lacan, J. “Clase 1, del 4 de noviembre de 1971”, del Seminario 19: ...O peor (El saber del psicoanalista) , inédito.
    Lacan, J. “Cap. IV. El amor y el significante”, en Seminario 20, Aún, Ed. Paidós, Barcelona
    Cortés, J. y Martínez, A. Diccionario de filosofía 1996-98. Editorial Herder S.A., Barcelona.
  3. Lacan, J., Op. Cit. , pág. 807.
  4. Lacan, J., Op. Cit. , pág. 776-7.
  5. Lacan, J., Op. Cit. , pág. 776.
  6. Freud, S. “18ª Conferencia de introducción al psicoanálisis. La fijación al trauma, lo inconciente”, Obras completas, Vol. XVI, pp. 260-1, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1990.
  7. Freud, S. “Una dificultad del psicoanálisis”, Obras completas, Vol. XVII, pp. 131-5 Amorrortu editores, Buenos Aires, 1990,
  8. Freud, S. “Las resistencias contra el psicoanálisis”, Obras completas, Vol. XIX, pp. 234-5 Amorrortu editores, Buenos Aires, 1990.
  9. Freud, S. “Prólogo a la traducción al hebreo de las “Conferencias de introducción al psicoanálisis””, Obras completas, Vol. XV, p. 10, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1990.
  10. Lacan, J., Op. Cit. , pág. 782.
Laura Canedo

El paso "copernicano" en Freud

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