NODVS X
Juliol, 2004
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Moisés y la religión monoteísta

Referencia preparada para el Seminario del Campo Freudiano de Barcelona, 3 de abril de 2004.

Claudia Romero

Resum

El artículo que nos ocupa explicita las elaboraciones de Freud en torno al tema del padre, en sus vertientes de ideal, de figura de goce, y en tanto muerto. El texto "Moisés y la religión monoteista" presenta, desde la lectura lacaniana, una versión del padre que ilumina el significante de la falta en el Otro. El trabajo propone una lectura de este texto resaltando la tesis freudiana según la cual Moisés sería egipcio. El Dios único, Aton en origen, es presentado como un Dios privador que impide a su pueblo que lo nombre. Esto lleva a su asesinato y al posterior pacto entre hermanos, seguido del olvido y del retorno de lo reprimido: el nuevo Dios afirma su ley en tanto muerto. El tercer tiempo es la venida de un nuevo mesías bajo la forma del hijo.

Paraules clau

"mose", edipo, muerte del padre, Akhenaton, Egipto, padre, Aton, goce.

Si nos ubicamos a mediados del siglo xx, años 1937- 1938, tenemos que, Freud se ha planteado ya en varias ocasiones la pregunta: Qué es un padre?, y tras plantearse la pregunta ha desarrollado conceptos teóricos que responden a ella. Ha elaborado en primer lugar el concepto del Edipo en el que nos muestra al padre ideal, figura del padre que se muestra efectiva para la vida del sujeto aunque insuficiente; posteriormente nos presenta, a través del mito del padre de la horda primitiva, en Totem y Tabú la cara oscura del padre, se trata de un padre gozador, que tras su muerte (inflingida por sus propios hijos) y solo de esta forma, se constituye en posibilitador de un nuevo orden social en el que los hijos se ven obligados a una renuncia fundamental, abandonan el objetivo perseguido obtener aquello por lo que le han matado al padre, el acceso a todas las mujeres. Solamente por intermedio de este padre otrora gozador y ahora muerto consienten los hijos mediante el establecimiento de un pacto entre ellos a una regulación posible del goce.

Una tercera respuesta en torno a esta cuestión y orientada hacia la función y alcance de la figura del padre muerto nos la presenta Freud en el texto titulado "Moisés y la religión monoteísta".

Es Lacan quien en 1960, en "Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano" nos remite a las elaboraciones del texto freudiano, orientándonos en su lectura, no se trata de la búsqueda de ninguna "verdad última" la dilucidación que interesa al psicoanálisis no está emparentada con ninguna religión, ni a su favor ni en contra suya, se trata, lo dice al final de la página 798 de los escritos, del mito del padre muerto, de la figura de Moisés en tanto nos brindan luz acerca del significante de la falta del Otro.

"Moisés y la religión monoteísta" fue escrito por Freud en dos tiempos, los dos primeros capítulos que constituyen los preliminares del texto, los escribió y publicó viviendo aún en Viena en el año 1937 (aproximadamente un año antes del inicio de la segunda guerra), el tercero y más extenso en el que despliega un desarrollo profuso del tema está precedido por dos prólogos en los que se nos advierte de las ya viejas intenciones y temores de publicar esta parte de su trabajo, el primero de ellos está fechado en Viena, "antes de marzo de 1938", el segundo unos meses después bajo cielos aparentemente más seguros, Londres en junio de 1938.

Sus temores estaban fundados teniendo en cuenta el entorno en el que se planteaba, el tema de su estudio gira entorno la peculiaridad del pueblo judío: ¿Cómo se conformó este pueblo? ¿Por qué caminos estos hombres convinieron en someterse a un dios único, abandonando la "comodidad" que representaba el politeísmo, inaugurando el camino hacia la gran extensión de la religión de un Dios - Padre?, ¿Quién era Moisés y cómo un solo hombre pudo influir tan drásticamente en el destino de la civilización?

Veamos pues lo que nos propone el texto. Freud expone, desarrolla y sustenta la hipótesis del origen egipcio de Moisés así como sus consecuencias en cuanto a la fundación y legislación de la religión judía.

Muy al contrario de lo que señala abiertamente la historia, Freud sostiene que Moisés no habría nacido del pueblo judío, diferentes caminos le llevan a concluir tal cosa, por una parte el propio nombre no se puede rastrear dentro de la etimología hebrea, si en cambio dentro de la egipcia donde Moisés corresponde a la palabra: mose, que puede traducirse como niño, esta palabra se encuentra además como partícula componente del nombre de reyes egipcios. El análisis de la leyenda que narra la vida de Moisés, su nacimiento, crianza y retorno al pueblo de sus supuestos orígenes, no concuerda con los cánones de la leyenda tipo, en la que el héroe nace en una familia noble y grandiosa, debe crecer en el seno de una familia humilde para después de muchas penurias volver triunfante a la primera, no se ajusta a la estructura de la novela familiar del neurótico.

Siendo pues, Moisés hijo destacado del gran imperio egipcio y no pudiendo tener como pretexto el empuje de volver a sus orígenes ¿qué le lleva a ponerse enfrente del humilde pueblo judío? La hipótesis freudiana es la siguiente: Moisés que habría ocupado un alto cargo político-religioso en una época en que se desarrolla, paralelamente a los múltiples cultos egipcios, una particularísima religión que al contrario de las demás pujaba por adorar a un solo dios de carácter universal o por lo menos tan grandioso como el gran imperio, tal dios fue llamado Aton que encontraba su representación en el sol y exigía, además de ser reconocido como el único, renunciar a cualquier tipo de ceremonia de carácter mágico y ritual. Al cobrar fuerza la idea de un dios único crecía en la misma medida la intolerancia hacia otras religiones y otros dioses por lo que a la muerte del faraón Akhenaton, tal era el rey que la sostenía y proclamaba, fue reprimida y borrados sus rastros de las piedras.

Moisés seguidor de la religión del dios solar buscó un nuevo horizonte dónde poder desplegar sin temores su culto encontrándolo en una tribu semita que por entonces habitaba Egipto, eligiéndoles como su pueblo se puso a la tarea de formar un nuevo imperio en el que encontraran lugar los preceptos y doctrinas de la religión de Aton, para lo cual deberían alejarse de Egipto, buscando nuevas tierras dónde crecer y expandirse, originándose de esta manera el éxodo desde Egipto hacia la "tierra prometida".

Pero se dio que también para este nuevo pueblo las renuncias exigidas por el gran dios universal, transmitidas y sostenidas por Moisés resultaron extremas, imposibles de asumir, se trataba de un dios privador que negaba a su pueblo hasta de su propio nombre, le prohibía el uso de cualquier significante que lo pudiese nombrar o representar imaginariamente, así fue como el pueblo elegido y liberado se rebeló contra su dios y contra su representante dándole muerte.

De esta manera, señala Freud, se actualiza el asesinato primigenio del padre. En la figura de Moisés se ha vuelto a asesinar al padre, y aunque esta vez no se trataba de un padre todo goce, era un padre extremadamente exigente, prohibidor, que dejaba caer sobre su pueblo el aplastante peso de sus leyes, sin apenas opciones de satisfacción.

En este segundo tiempo el asesinato del padre no da paso a un pacto entre hermanos, el hecho por sí mismo no resulta regulador, no provoca esos efectos, por lo menos no inmediatamente, ya lo veremos. Al contrario de lo que sucede con el padre de Tótem y Tabú, en donde los hijos se reúnen entorno a la ceremonia ritual en la que matan y devoran al animal sagrado, conmemorando el acto homicida pero sobre todo recordando y actualizando el pacto establecido. El pueblo judío en cambio se conduce ante este acto como ante un trauma, tal como el yo lo haría frente una idea insoportable, pretende ignorarla, no saber nada de ella, borrarla de la conciencia, reprimirla.

Asumiendo como medida defensiva ante el horror del acto, el olvido, adoptan un nuevo dios con características opuestas al dios de Moisés, Jahve un dios volcánico y violento que no exige rotundamente la renuncia instintual a la que hasta entonces estaban sometidos.

Freud nos indica que así como ocurre en el desarrollo de una neurosis la solución encontrada bajo la forma de la represión da paso a un tiempo de supuesta calma en el que aparentemente está solucionado el conflicto, pero la represión no es la forclusión y lo sucedido sigue vivo y presente por una parte bajo la forma de lo llama la tradición y por otra como una lucha entre lo reprimido y la conciencia. Las ideas reprimidas luchan por emerger, los rastros del asesinato del representante de Dios y su repudio se hacen presentes y cada vez con mayor fuerza. Como solución de compromiso, ante el retorno amenazante de la figura del representante del padre asesinado se fusionan los dos dioses, se establece un nuevo pacto con el dios-padre a partir del cual el pueblo judío se somete a los designios y leyes del Dios Universal transmitidos por Moisés.

Sometidos a un padre que aunque muerto, o precisamente por que lo está hace valer sus leyes ante los hombres se instaura así definitivamente que Freud allí la religión judía.

Freud sin embargo da un paso más en su investigación acerca de los avatares del monoteísmo, pues a su parecer la solución adoptada por el pueblo judío no fue suficiente para tramitar y poner fin al sentimiento de culpa originado por el parricidio y su actualización en la persona de Moisés. Se hizo necesario un tercer movimiento.

En este último movimiento aparece de nuevo una figura redentora, liberadora, solo que esta vez no se trata de un representante del Padre, se trata de un hijo, el Hijo del Padre que pagará en representación de todos los hijos el crimen cometido contra el padre. Es así como tal innovación religiosa, dice Freud, "destinada a la reconciliación con el Dios-Padre concluyó con su destronamiento y eliminación".

Tenemos pues una tercera versión del padre, en la que se hacen efectivos tres tiempos.

A un primer tiempo de imposición de su ley que conduce a su asesinato, le sigue un tiempo en el que se impone el olvido, la represión. La vuelta de lo reprimido exige una solución, para el pueblo judío se trata de la restitución de la figura asesinada del padre, para la religión cristiana, allí el tercer tiempo, se trata de mantener el padre muerto sustituyéndolo por su hijo.

Claudia Romero

Moisés y la religión monoteísta


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