Joyce, su nombre, la falta paterna

Contribución al Seminario Teórico La psicosis ordinaria, impartido por Elvira Guilañá durante el curso 2004-05

  • Publicado en NODVS XIV, juny de 2005

Resum

El presente trabajo propone, a partir de la biografía de James Joyce de Ellmann, la relación entre vida y obra de Joyce, su íntima ligazón y cómo la carencia paterna la organiza. Una obra que hace de lo ordinario, lo extraordinario, que hace de la vida cotidiana un recurso literario y que hace de su obra un síntoma que viene a suplir la falla paterna, permitiendo a Joyce forjar su propia versión de la paternidad. 

Paraules clau

carencia paterna (en James Joyce y Lucía Joyce), obra como síntoma, restitución, el nombre "James", tratar lo ordinario extraordinariamente, historia familiar

James Joyce (1882-1941)

Al revés del desciframiento que hace la crítica literaria en cuanto a un texto, Lacan tomará los trabajos de Joyce para tratar de descubrir lo que estos cifran: su locura.

La propondrá como un enigma, porque de todos los datos biográficos existentes: Memorias, ensayos, cartas, así como también relatos de su hermano Stanislaus o amigos íntimos, no es posible hallar algún tipo de desencadenamiento de la misma.

A partir de la eneñanza de Lacan en relación a "psicosis no desencadenadas", se tomarán otros trazos, como el uso que el artista hace de su obra, mostrando además porqué no hubo desencadenamiento y porqué las posibles indicaciones de una estructura psicótica en Joyce, son de difícil constatación, aún estando presentes.

Lacan dirá que la obra de Joyce es tejida como un síntoma y esto se puede rastrear en los trazos de su escritura:

... "Los sutiles disfraces de sus personajes, dejan entrever fácilmente a sus parientes, personas cercanas y a él mismo" ...

Retrato de un artista adolescente, es un relato prácticamente biográfico, en donde narra los acontecimientos que él vive o padece, desde su infancia hasta su juventud, que concluye con la ruptura con la Iglesia y el descubrimiento de su vocación artística.

Para pensar la obra de Joyce como su síntoma, es interesante la visión que uno de sus biógrafos mas destacados aporta al escribir su vida y que, sin estar en contacto con las concepciones psicoanalíticas, dice del escritor:

"En lugar de permitir que cada día, al ser sobrepasado por el siguiente, caiga en una memoria imprecisa, remodela las experiencias que le han modelado a él. Es al mismo tiempo cautivo y liberador. A su vez, el proceso de remodelación de la experiencia entra a formar parte de su vida, es un acontecimiento recurrente, como levantarse o acostarse. El biógrafo debe medir en cada momento esa participación del artista en dos procesos simultáneos. Los momentos individuales son, con frecuencia, indiferenciados [...] El artista y el hombre se acomodan mutuamente." (Ellmann, pág 19).

Justamente por ello es preciso tomar su obra. La obra como proceso de restitución, como aquello que le permite crear una distancia. En las palabras de Joyce:

... "El artista se sobrepasa a sí mismo en la tragedia y hace de mediador de la "terrible verdad" ante el rostro velado de Dios" ...

Para introducirnos en su lectura e intentar comprenderlo, debemos saber que hay una contínua fusión del acontecimiento y la creación: sus vivencias van convirtiéndose en recursos artísticos.

En uno de sus discursos de su época de Universidad, Joyce se pregunta:

"Debemos expresar la vida -la vida real- en el escenario? No! dirá el coro de hipócritas, porque carecería de atractivo [...] Ciertamente que la vida es, en la actualidad, un triste aburrimiento [...] no se escucha el entrechocar de las armaduras, la caballerosidad ha perdido su halo [...] y aún así sigo creyendo que podemos extraer, de la árida monotonía de la existencia, la medida de una vida dramática".

Dirá Ellmann que ésta es la mas firme de las tempranas afirmaciones de Joyce acerca de su método. Y dicho método tiene que ver con tratar lo ordinario extraordinariamente. Es el primero en conferir una significación heroica a un ciudadano sin importancia. Sus héroes son héroes a regañadientes: El joven imposible, el adulto pasivo, el anciano bebedor.

"Resulta difícil que a uno le gusten y mucho mas difícil admirarlos [...] Despoja al hombre de todo aquello que estamos acostumbrados a respetar y luego nos conmina a simpatizar con él. Para Joyce, como para Sócrates, conocer es luchar, y tal lucha es efectiva cuando hay humillación. En su obra hay implícita una nueva concepción de grandeza, esa clase de grandeza puede ser percibida también en su vida, pero camuflada bajo sus debilidades. La grandeza de Joyce le permite ser ruin, extravagante e irresponsable".

También Gillet, académico francés, a su modo anticipaba la concepión lacaniana de la obra Joyceana como un síntoma. Dirá: "la obra irá progresivamente a renovar y mostrar el eterno misterio de la creación, de la génesis, de la paternidad" (Todos temas que el escritor trata de contínuo.)

Pero Joyce encontrará ese misterio, "el fondo de todo", en el propio abismo de la existencia y del destino.

Al desdoblar en su obra tal misterio, al servirse de ella para atravesar el abismo, Joyce descompone en el ejercicio mismo de la escritura, aquello que su padre no quiso admitir: "La falla encarnada ante la tradición familiar".

La obra no se propone como un símbolo que complementaría "la falla paterna", ella se teje como un síntoma que, teniendo al padre como pivote, permite a Joyce imponer al mundo su nombre y así forjar su propia versión de lo que puede hacer las veces de paternidad.

El nombre y la falta

El tema del nombre es una cuestión que aparece varias veces a lo largo del Retrato....

Al igual que todos los Joyce irlandeses, la familia se vanagloriaba de descender de un distinguido clan: Los Galway... Pretensión que no se puede negar, pero tampoco constatar.

El padre de Joyce poseía un grabado enmarcado con el escudo de armas de los Galway Joyce, y, en palabras de Ellmann, lo llevó consigo, magnífica y quijotescamente, en medio de todas sus mudanzas forzadas.

El nombre James no era nuevo en la familia: George Joyce, tatarabuelo y rico propietario de Cork, bautiza a su primer y único hijo varón James (bisabuelo del escritor), ése a su vez engendra un único hijo varón, al que bautiza con el nombre de James Augustine (abuelo de Joyce), que también engedra un único hijo varón al que intenta, según la tradición llamar James, pero un empleado del registro civil, aficionado a la bebida, lo inscribe con el nombre de John (padre de Joyce), rompiendo con ello la línea.

Por su parte John Stanislaus engendra su primer hijo varón, pero fallece a los pocos días de haber nacido. Cuando murió su primogénito dijo: -"Mi vida quedó enterrada con él"-.

Por tanto el escritor va a ser no sólo el segundo sino el mayor de toda una serie de hermanos.

John Stanislaus fue muy prolífico, intercalando con los sucesivos embarazos, toda una serie de hipotecas que hacía pesar sobre sus propiedades, cada vez que su mujer quedaba encinta. En total y sin contar con los fracasos, fueron 4 niños y 6 niñas... más 11 hipotecas. John Joyce llenó a su casa de hijos y de deudas.

A los 42 años iba a quedar hipotecado por el resto de sus días. Estaba demasiado acostumbrado a un standard de vida alto como para acomodarse a las circunstancias que le tocaban vivir y sometió a su familia y a él mismo a toda una serie de mudanzas y malos tratos. Acusó a "enemigos imaginarios" de sus desgracias y se revolvió contra su familia porque el mantenimiento de ésta, así decía él, lo obligaba a reducir su ingesta de alcohol. Nunca se consideró a sí mimo pobre, sino un rico que había sufrido reveses. Incluso su familia asumió el estado de pobreza sin siquiera mencionar la palabra.

En cambio Joyce dirá de él mismo ante los elogios de Gillet:

-"No haga un héroe de mi, sólo soy un hombre de clase media"-... esa situación que el padre no estaba dispuesto a asumir.

Y en otra ocasión: - "Soy un hombre de escasa virtud, inclinado al alcoholismo"-. Nuevamente el padre de Joyce.

Hubo un último embarazo y posterior muerte del bebé, al que John Stanislaus, borracho, reacciona intentando estrangular a su esposa, mientras le decía: -"Ya es hora de terminar de una vez"-.

Salvo James, el resto de los niños eran maltratados o, si había suerte, ignorados. El padre se negaba a sentir culpa por haber quebrado la secuencia familiar que recibió como un legado, y al mismo tiempo, trataba a Joyce como "hijo único", aunque fuese el segundo y el más viejo sobreviviente de todos los que lo sucedieron.

Lacan dirá, haciendo un comentario sobre el diagnóstico, que el escritor testimonia la carencia del padre. Esto luego se continuará en la hija de Joyce. La no-simbolización de esa carencia, la experiencia real de esa falla, es la que los psicóticos testimonian. Gracias a los datos biográficos, es posible constatar que el padre de Joyce encarnaba esa falta en cuanto a la tradición familiar: la descendencia que él genera, contrariamente a lo que sucedió con sus antepasados, no se concentra más en un único hijo varón, cuya exclusividad mantendría intactos un "orgulloso y no común linaje familiar de sucesión de primogénitos hombres".

En sí misma, esa falta paterna no puede ser tomada como fundamento para la locura de Joyce. Pero en el desdoblamiento "de la estructura de las relaciones" entre padre e hijo, insiste una determinada ambigüedad que puede ser un índice del fracaso en la simbolización de lo que Lacan llama: "la carencia paterna".

Joyce padre

A partir de 1932, después de la muerte del padre, otro factor pasa a conmover radicalmente a Joyce: el desencadenamiento y la progresiva gravedad de la locura de su hija Lucía.

El escritor prefería atribuir tal perturbación a la vida nómada y a la variedad de lenguas que él mismo impuso a sus familiares por haber elegido el exilio y su íntegra dedicación a la literatura.

Joyce decía que su hija era, en verdad, poseedora de una increíble clarividencia.

En el seminario Le sinthome, Lacan menciona ese diagnóstico que Joyce dió de su hija, pero prefiere destacar cómo él está implicado en esa forma de lidiar con la locura de Lucía: él le atribuye alguna cosa que está en la prolongación de su propio síntoma.

Entonces, no se trata aquí de lo que se depura como "lo mas exclusivo", lo mas individual en un síntoma, sino que es justamente esa ausencia de exclusividad, la que posibilita la prolongación de un síntoma de alguien en el síntoma del otro.

Asi, la locura o, Joyceanamente hablando, la clarividencia de Lucía, está en la prolongación de un síntoma que afecta al padre. Este síntoma de Joyce, según Lacan es el siguiente: "En relación a la palabra, alguna cosa le era impuesta".

Es de destacar un dato que refuerza esa prolongación entre la clarividencia de Lucía y las palabras impuestas a Joyce: Lucía es el nombre que elige y que hace referencia a la santa patrona de la visión. También tiene el significado de Luz en italiano, que fue el idioma del que hizo derivar el nombre de sus hijos. Así, la "visión", se le impuso a la hija desde el nacimiento, y en el auge de su locura, esta imposición le retornará vehiculizada por su padre, atribuyéndole el don de la videncia. También es notable que la locura de Lucía se manifiesta y se agrava cuando el padre comienza a perder la visión.

Bibliografia

  • Ellmann; Biografía: James Joyce.
  • Joyce, J; Retrato de un artista adolescente.
  • ICBA; Seminario; Clínica de la Psicosis (2002).
  • Virtualia, Revista digital de la Eol; Comentarios de Sergio Laia.
Rosana Alvarez Mullner

Joyce, su nombre, la falta paterna

NODVS XIV, juny de 2005

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