Referencia sobre el sacrificio en el seminario Los nombres del padre

Contribución al Seminario de Investigación Clínica de los nombres del padre, de Miquel Bassols, del curso 2004-05

  • Publicado en NODVS XIV, juny de 2005

Resum

Texto que, a partir del sacrificio de Isaac de Caravaggio, señala otros sacrificios el del mismo Caravaggio, el de Kierkegaard y el de Lacan. Los tres recurren al sacrificio que Abraham asume por su hijo Isaac. Caravaggio plasma en su pintura a un Isaac sin estar sometido a su destino, mostrando su angustia y terror al sacrificio. Kierkegaard, en su obra Temor y Temblor, retoma el sacrificio desde la fe y la paradoja que subyace en ella. Y, Lacan, se refiere al sacrificio en su seminario Nombres del Padre, un seminario que propuso y no finalizó, como posibilidad de acercarse a la verdad sin decirla toda. Un sacrificio, el de Isaac, que permite constituir a un hijo, un acto que al mismo tiempo de reconocer la falta del hijo posibilita instaurar un padre en otro lugar. 

Paraules clau

Abraham, Caravaggio, Isaac, Nombres del Padre, angustia, ética, Kierkegaard, padre, ausencia, Francesco del Monte, luz, sacrificio

"Hay un hijo, la cabeza apretada contra el pequeño altar de piedra…hace una mueca de sufrimiento, el cuchillo de Abraham levantado sobre él. El ángel está allí, presencia de Aquél cuyo nombre no es pronunciable".

En el último apartado de esta única lección sobre "Los nombres del padre", Lacan nos remite al "sacrifico de Abraham" mediante el buen entendimiento que de él hizo Kierkegaard y también a la representación imaginaria del mismo que podemos encontrar en cierta tradición artística de pintores, como Caravaggio en el lienzo conocido como "sacrifico de Isaac". No ha dejado de llamarme la atención esta ambivalencia del sacrificio, tanto referido a Abraham como a Isaac, según los autores o las ocasiones.

Su nombre era Michelangelo Merisi, nació en 1571 y se le conoce por el Caravaggio localidad de Lombardía de la que procedía su madre. Su padre era "magíster", un constructor o maestro de obras y su muerte en 1576, por una epidemia de peste en Milán, obliga a la familia a volver a Caravaggio.

La vocación de pintor es muy temprana en Caravaggio ya que en 1584 regresa a Milán e ingresa como aprendiz en el taller de Simon Peterzano, conocido por ser discípulo de Tiziano. De él aprende postulados y estilos, valores pictóricos, iluminismos lombardos, sensualidades venecianas y la técnica de dar sentido de la realidad. Pero Caravaggio no acepta las reglas que debían aplicarse a la pintura de su época, para él el verdadero modelo se encuentra en la naturaleza y pintar flores o frutas tiene el mismo valor que un cuadro de historia bíblica.

Siempre que se le cita, su nombre va acompañado de una referencia a las dificultades que no dejo de procurarse para su vida: singular, lujuriosa, libertina… Al mismo tiempo es para todos un maestro sin discusión, polémico en su tiempo por no cumplir con muchas de las normas sociales y artísticas, como el decoro, y reflejar en sus obras las pasiones de sus protagonistas. Estos son siempre personajes reales, vestidos con ropas actuales de su tiempo, ya que él rechaza el mundo clásico por alejado de la realidad.

A partir de 1589 su vida se complica: su madre enferma, él se involucra en agresiones que le llevan a la cárcel, más tarde liquidara sus deudas con la venta de los bienes que hereda y marchará a Roma para avanzar en su carrera como pintor. Se distancia de sus hermanos hasta el punto de negar tenerlos delante de uno de ellos. Establecido en Roma bajo distintas protecciones que van transformándose en enemistades, ingresa en 1596 en el círculo del cardenal Francesco del Monte lo que le proporcionara el encargo de la Capilla Contareli de San Luis de los Franceses. Allí pinta dos lienzos laterales que tiene que rehacer porque su interpretación suscita polémica, como sucederá muchas otras veces. Su pintura religiosa, decididamente anticlásica y antiacadémica, provocara rechazo e indignación pero también será la mejor pagada en Roma.

En El sacrificio de Isaac se puede observar su gran maestría en la ejecución y el carácter de su pintura marcado por el tratamiento de la luz, su dominio de la técnica del tenebrismo con la creación del contraste entre luces y sombras. Utiliza luz artificial para construir la forma, un foco que atraviesa el cuadro en diagonal para resaltar los personajes de la escena. Esta es dramática y violenta, con la idea de muerte en dominancia, como prácticamente en toda su obra. Su creación se data entre 1598-99, trata un tema muy habitual en el arte religioso del Barroco y escandalizó por su modo de plasmar la reacción de Isaac: no sometido con docilidad a su destino sino mostrando su angustia, gritando su terror y sin ninguna disposición al sacrificio.

Abraham ha tenido que doblegar a su hijo, sujetándolo contra la piedra. Los teólogos de la Edad Media interpretaban esta imagen del sacrifico como una prefiguración simbólica del de Cristo en la cruz, que también habría de morir por su padre pero con total sometimiento. Se trata del sacrificio fundador que domina en las grandes religiones, en el cual esta basada su dogmática y su moral. El sacrificio viene a constituirse así como una solución en respuesta al malestar en la cultura.

Caravaggio murió en 1610 en la playa de Porto Ercole, infectada de malaria y que el recorre solo, abandonado por el barco en el que viajaba después de ser nuevamente detenido, pesando sobre su persona la expulsión de Roma a causa de la muerte de su contrincante en una pelea. No se conoce el lugar en que fue enterrado. Los últimos años de su vida son especialmente fértiles en producción artística pero ésta corre paralela a la destrucción de su vida ya que, sin proponérselo, desecha cualquier camino de salvación que le presentan los que le rodean y estiman. El recorrido vital de Michelangelo Merisi es un paradigma de la devastación que subyace y podemos descubrir en los fundamentos de la obra creativa.

Otro hombre dispuesto al propio sacrificio como precio a pagar por las respuestas que buscaba fue Kierkegaard. En su obra Temor y Temblor nos dice que el sacrifico de Isaac es la historia de cómo Dios quiso probar a Abraham, y cómo éste soportó la prueba, conservó la fe y, contra esperanza, recuperó de nuevo a su hijo. La metáfora de esta historia nos ilustra acerca de que solo pasando por la fe, el sacrificio salva al sacrificado.

"Y quiso Dios probar a Abraham y le dijo: Toma a tu hijo, tu unigénito, a quien tanto amas, a Isaac, y ve con él al país de Moriah, y ofrécemelo allí en holocausto sobre el monte que yo te indicaré".

Abraham obedeció y fue al monte Moriah, Isaac iba con su padre y no le comprendía. Kierkegaard nos relata qué es lo que se juega entre padre e hijo dejando constancia de la buena intuición con la que guía su análisis. Nosotros podemos captar el motivo de que Lacan nos remita a él en la elaboración de los nombres del padre y en la elucidación de las categorías real, simbólico, imaginario

"Entonces se apartó brevemente Abraham de junto al hijo, pero cuando Isaac contempló de nuevo el rostro de su padre, lo encontró cambiado: terrible era su mirar y espantosa su figura. Aferrando a Isaac por el tórax lo arrojó a tierra y dijo: "Acaso me crees tu padre, estúpido muchacho? ¡Soy un idólatra! ¿Crees que estoy obrando así por un mandato divino? ¡No! ¡Lo hago porque me viene en gana!" Tembló entonces Isaac y en su angustia clamó "Dios del cielo ¡Apiadate de mí! ¡Dios de Abraham! ¡Ten compasión de mí! ¡No tengo padre aquí en la tierra! ¡Sé tú mi padre!" Pero Abraham musitó muy quedo: "Señor del cielo, te doy las gracias; preferible es que me crea sin entrañas, antes que pudiera perder su fe en ti".

Así se constituye un hijo en el acto de reconocimiento de la ausencia de padre, acto que al mismo tiempo de reconocer la falta permite instaurar un padre en otro lugar.

La fe no es un movimiento estético, nos dice Kierkegaard, sino que pertenece a un estadio más elevado y por ello ha de ir precedida de la resignación; no se trata de un impulso del corazón sino de la paradoja de la existencia: el amor a Dios que constituye la conciencia eterna. Nos encontramos con una paradoja por encima de los límites de la razón. La historia de Abraham ilustra una suspensión teleológica de lo ético. Fuera de toda duda, Abraham representa la fe y obra en virtud del absurdo, gracias a ello recupera a Isaac. Por eso Abraham no es un héroe trágico (el héroe trágico no abandona nunca la esfera de la ética), sino una figura muy distinta: o es un asesino o es un creyente. Kierkegaard no puede comprender a Abraham, solo puede admirarlo.

Abraham realiza un sacrifico de su razón estableciendo un vínculo de amor con el padre idealizado, instaurando así un padre anterior a él que solo su certeza puede hacer existir.

Abraham no renunció a Isaac por medio de la fe, sino que, al contrario, lo recuperó por medio de ella. Por qué hace Abraham lo que hace? pregunta Kierkegaard; lo hace por amor, responde. Por amor a Dios y por ello amor a sí mismo. La tentación desde la ética sería impedir a Abraham que haga la voluntad de Dios, pero aquí el deber es precisamente la expresión de la voluntad de Dios. Esta es una forma de relación con la divinidad que no conoció el paganismo, para el cual lo ético es lo divino.

El acto de Abraham no tiene que ver con la ética y tampoco con la estética. Por Abraham no pueden verterse lágrimas, no es un héroe que se libra de la miseria, el tormento y la paradoja, sino que alcanza la grandeza precisamente por medio de ellos. Abraham calla, no puede hablar porque no habla una lengua humana sino un lenguaje divino y ahí reside su angustia, en la responsabilidad de la soledad, nos dice Kierkegaard.

"La fe es un milagro del que, sin embargo, nadie está excluido, pues toda existencia humana encuentra su unidad en la pasión, y la fe es una pasión".

Abraham realiza dos movimientos: el de la resignación infinita renunciando a Isaac y el movimiento de la fe que es su consuelo. En este doble movimiento no miente y no dice nada, y por ello habla en una lengua extraña. Solo es posible comprender a Abraham como se comprende una paradoja.

Isaac pregunta a su padre dónde está el cordero para el holocausto. Y Abraham responde: "Dios mismo se proveerá de res para el sacrificio, hijo mío".

Renuncia como padre para hacer existir un hijo. Reconocimiento de la ausencia de padre para hacer existir al Padre(Otro).

En la palabra del Dios que es El Saddai se establece una alianza: le dará una descendencia numerosa, será el padre de una multitud de naciones y para que esa constitución sea reconocida le otorga el nombre de Abraham.

Sabemos de la prueba por la que Lacan estaba transitando en el momento en que nos da esta referencia del sacrificio. Renuncia a seguir hablando de los Nombres del Padre, el Seminario que había propuesto y empezado. Con el medio decir como única posibilidad de acercarse a la verdad, nos muestra el precio que se cobra todo acto de constitución, en este caso el de su enseñanza.

Bibliografia

  • Lacan, J. (2005). Des Noms-du-Père. Ed. Seuil
  • Miller, J.A. (1992) Comentario del Seminario Inexistente. Manantial
  • Kierkegaard, S. (2001). Temor y Temblor. Alianza Ed.
Susana Vendrell

Referencia sobre el sacrificio en el seminario Los nombres del padre

NODVS XIV, juny de 2005

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