NODVS XV
Desembre, 2005
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Las necesidades del niño

Referencia del Grupo de investigación sobre las Ficciones Familiares del curso 2005-06

Daniel Roy

Paraules clau

el campo de la demanda, la jungla de las pulsiones, las necesidades del niño, identidad sexuada y apariencia física: invenciones del niño, invención y transmisión de la lengua materna

Quisiera abordar ahora la cuestión bajo otro ángulo: ¿Cómo dar acogida a las necesidades del niño? ¿Qué entendemos nosotros cuando hablamos de "necesidades del niño"? Lo más importante es hacernos una idea allá donde un deslizamiento está a punto de operarse en nuestra sociedad entre las necesidades del niño y los "derechos del niño".

Hay una fuerte tendencia a querer definir los derechos del niño a partir de una lista preestablecida de lo que serían sus necesidades fundamentales.

Preguntémonos si existe efectivamente una lista, escrita de antemano, de las necesidades de un niño que vendrá al mundo, lista a la cual las madres, los padres podrían referirse. Parece que las necesidades del niño, es más bien como la canastilla, el ajuar que se le prepara antes de ir a la maternidad, la ropa que servirá para vestir al o a la que todavía no se conoce. Esos objetos son los objetos previstos en ausencia de, pensados sobre el vacío de la ausencia para vestir una presencia que vendrá. Para las "necesidades" es similar: se puede prever sobre fondo de ausencia que el niño tendrá necesidad de comer, de dormir, de tener sus nalgas limpias sin saber como aquél o aquélla que vendrá "habitará" esta necesidad, de la misma manera que, para un vestido, no se sabe "cómo va a ir eso" (imaginad que la canastilla del recién nacido esté prevista en azul para un niño y que nazca niña o con una ambigüedad sexual anatómica!). No se conoce el modo particular de ese niño que habitará la necesidad de comer, de dormir, de estar limpio, no se conoce cuál será su uso particular, la satisfacción o el malestar que encontrará en ello, su modo de goce.

Entonces la cuestión que se plantea es la siguiente: ¿Qué inventará?. Es una cuestión que resonará a lo largo de toda la infancia, cada vez que el niño "hace una travesura", cada vez que él manifieste un gusto o un disgusto inhabitual. ¿Qué es lo que ha inventado? Será preciso examinar estas "invenciones" del niño que aunque sean singulares, se inscriben en ciertas regularidades de estructura.

La lengua materna

Antes es necesario precisar la otra vertiente de la cuestión, del lado de la madre o de la persona que aporta cuidados particularizados a este infans. En efecto, ante el modo de presencia del niño siempre enigmática, las madres ellas mismas quieren elaborar invenciones, espontáneas o reflexionadas, que adquirirán un valor particular para el niño, pues aquéllas quieren constituir precisamente para el niño el mensaje que [el sujeto niño] podrá, o no, descifrar para conocer el código que rige las leyes humanas de la hospitalidad. Es importante, porque es con este código que él podrá o no descifrar enseguida los mensajes, las demandas que le vendrán de otros interlocutores.

Partimos pues de que el modo de presencia del niño, considerado a partir de sus necesidades, es siempre enigmático para la madre. Siempre hay un más allá del grito, del amamantarlo, del cambiarle de ropa, de bañarlo, del acariciarlo, una cuestión que se formula como "¿qué quiere? ¿qué quiere decir eso? ¿qué quiere de mí?". Es un enigma porque eso no es una cuestión intelectual sino una cuestión a la cual la madre sólo podrá responder poniendo de lo suyo.

Puede suceder que esta dimensión del enigma sea tal que produzca un afecto de angustia que pueda paralizar a la madre en su respuesta o dejarla desarmada. Este efecto es lo que hace decir a ciertas mujeres: "Esto irá mejor cuando sea más grande y me pueda decir lo que quiere". Efectivamente el bebé, por el hecho de que no habla, se presta especialmente a encarnar una voluntad imperativa que no pasa por un decir, sino por una voluntad que exige, una demanda que destruye al interlocutor. Así pues, no es extraño que un niño venga a encarnar para una madre un superyó particularmente feroz que la coloque en una posición forzada. Precisamente en estos casos es cuando se constata que las necesidades del niño no hacen enigma para la madre sino certeza: el niño es una boca a nutrir, unas nalgas a limpiar, unos gritos a calmar.

En el mejor de los casos, no es así como las cosas se presentan: las necesidades del niño son recibidas por la madre como preguntas dirigidas a ella y para las cuales intentará inventar respuestas.

Son invenciones por excelencia lo que ella le dice, ella inventa una nueva lengua que precisamente se llama "la lengua materna". Entonces diréis: "¡pero eso no es de ningún modo la lengua materna; es la lengua que hemos aprendido de nuestros padres y de nuestros maestros, pero de ninguna manera la han inventado, ellos nos la han transmitido como les ha sido transmitido a ellos por sus padres! ". Efectivamente, pero para que nuestras madres nos transmitan nuestra lengua materna, ha sido preciso que en cada caso ellas la inventen como la lengua susceptible de ser la mensajera de las respuestas por ellas elaboradas para resolver el enigma que ha sido para ellas nuestra presencia en el mundo. Aquí radica el genio de la lengua, en el ser cada vez invención de lo que ha sido aprehendido y al mismo tiempo transmisión de la manera en que se la ha recibido. Y es un hecho de observación corriente que las madres inventen montones de palabras nuevas para hablar a su niño. La articulación de estos dos rasgos, invención y transmisión de la lengua, es esencial, pues si la lengua es pura invención, entonces el niño se encuentra sometido al puro capricho materno y si ella es pura transmisión pedagógica, está vaciada de todo deseo dirigido al niño y lo deja sin recurso para hacerse una idea de lo que se espera de él. Cierto número de perturbaciones precoces del lenguaje y de la palabra están vinculados con un defecto de "lengua materna" tal y como se ha definido, es decir, el hallazgo de la madre para acoger las necesidades de su niño.

Por lo tanto, las madres no hacen más que hablar a sus niños: hacen mímicas, lo mecen, lo acarician y lo hacen con entonaciones diferentes, cantan, refunfuñan, gritan y otras veces se callan. Es muy legítimo y es precisamente lo que hace que la lengua materna sea cada vez una invención, pues son estas mímicas, estos gestos, estas entonaciones que darán un valor absolutamente singular a las palabras de todo el mundo, a todas las expresiones hechas que las madres sustraen al "stock" común para hablar a este niño concreto. Es esencial porque es a través de este valor dado por la madre a las palabras de la lengua, por donde el sujeto podrá o no leer el valor que él tiene o no tiene para esta mujer que es su madre o la persona que lo cuida.

Así pues, prodigar cuidados adaptados a las necesidades del niño, no pueden ser en ningún caso darle de mamar, cambiarle, ponerlo a dormir, sino que es inventar una lengua materna que acoja y acompañe su manera particular de alimentarse, de ser cambiado, de dormir. Por lo tanto, es una lengua que no lo sabe todo, que no lo dice todo y que sabe callarse, para dejar al niño inventar sus propias respuestas.

Eso tiene aplicaciones concretas en el acogimiento de los niños en la institución. En efecto, no es lo mismo acoger un niño a quien se le ha hablado ya una lengua materna o acoger a un niño que no tiene ninguna lengua materna. Eso tiene consecuencias también para la adopción. Un niño que ha sido cuidado por alguien y que ustedes acogen y un niño que es adoptado, están en la misma situación: ellos quieren sustituir una lengua materna por otra, incluso si es la misma lengua vernácula, y en ese movimiento que habitualmente es muy rápido, para sorpresa de todos, el niño tiene que hacer el duelo, no de quien lo ha cuidado, ocasionalmente su madre, sino de lo que él ha sido para ella, del valor otorgado por la que inventaba una lengua para él. Y como este niño está en un momento de su historia en el cual este valor, esta economía se marca, se regula en la mordedura de las palabra sobre el cuerpo, no es raro que este duelo se manifieste por fenómenos somáticos a veces alarmantes y espectaculares. Recuerdo que un muchacho de 12 años vino a consultar porque de repente se volvió muy movido en clase y particularmente en clase de español. Este chico era de origen colombiano, criado en un orfanato y adoptado a la edad de 4 años, olvidó su lengua y aprendió el francés en un mes, en el mismo tiempo que sus miembros inferiores quedaron paralizados totalmente por una afección misteriosa para la ciencia médica de la época.

Para los niños que no han recibido ningún don de una lengua materna, la situación es diferente pues a menudo ellos mismos se han constituido una lengua "bricolée" con interlocutores extraños: los barrotes de su cama, los gritos de sus vecinitos, el techo, el suelo.

Hemos concentrado bajo esta expresión de "la lengua materna" las numerosas invenciones de las madres, la lengua inventada por la primera mujer que nos habla. Eso quizás os parecerá reductor pero me parece que es perfectamente coherente con la experiencia cotidiana con un niño, en particular con la manera en que el niño mismo aprende a hablar y con la experiencia psicoanalítica, que muestra la importancia de este lenguaje materno en la manera de cifrar los modos de goce de un sujeto.

Las invenciones del niño

Vuelvo a la pregunta dejada en suspenso: ¿Qué es lo que conviene "inventar" al niño para habitar, para estar cómodo o incómodo en lo que se denomina sus "necesidades", es decir, lo que permite subsistir a este trozo de carne sometido a las presiones biológicas.

Lo primero que él inventa es su sexo, masculino o femenino. La segunda cosa, su aspecto físico, su apariencia, sus rasgos. Es verdaderamente escandaloso decir una cosa semejante, porque si hay algo que no se elige es el sexo y la apariencia física. Por tanto, son los primeros hallazgos del niño, o sea, las primeras sorpresas que hace de su entorno al venir al mundo. Además es escandaloso que durante largo tiempo se ha atribuido a Dios o a los dioses y en la actualidad hay una fuerte demanda dirigida a la ciencia para que permita a los padres la elección de sexo, a saber, la elección de los rasgos físicos, a eso se llama eugenismo positivo! En vez de reconocer más bien, lo que es una evidencia. ¿Cómo se sabe que es una invención del niño? Pues porque es acogido como tal por los padres. Entonces, a menudo, eso pasa desapercibido porque la madre y el padre dicen "sí" a este invención: con tu gender, tu "género" de hija o hijo, con la cabeza que tienes, esta nariz, este mentón, estos pies, estas manos, estos ojos, este color de piel etc., tu puedes franquear el umbral de nuestra casa y se convertirá en la tuya. Pero es mucho más evidente cuando el padre o la madre dicen "no" a la invención del niño y es allí donde se ve que es verdaderamente una invención. "Tú llegas niño y yo te quería niña; no quiero tu invención y te acojo como la niña que yo esperaba" o bien, "Tú llegas con esta nariz, pero yo no quiero esta invención, que me recuerda demasiado a ese cretino que me dejó y te acojo sin tu nariz". Podríamos multiplicar los ejemplos que están para indicarnos lo siguiente: la identidad sexuada de un niño, sus rasgos físicos más impactantes, serán objeto de un asentimiento, de un consentimiento por parte de quienes acogen este niño en lo que valen como invenciones del niño, es decir, como invenciones con un valor para el sujeto, como una elección hecha por él. En el caso en que eso no era lo que se esperaba es mucho más importante, o en el caso en que el niño es portador de una enfermedad o una malformación. En caso de que eso no es posible acoger como algo que viene del niño, será excluido de saberlo y el sujeto sólo podrá darse cuenta como víctima o culpable.

Otra satisfacción

Volvamos más específicamente a la cuestión de la necesidad. Ya lo hemos dicho, la necesidad tiene la particularidad de que no hay "satisfacción universal". Esta particularidad hará que las necesidades en el pequeño ser humano, se encontrarán contaminadas por "otra satisfacción" distinta de la satisfacción de la necesidad. De esta satisfacción, nos hacemos una idea mediante las observaciones de los hechos cotidianos: el niño entrega la voz, él hace gorgoritos, parlotea, emite laleos; juega con la mirada, por ejemplo durante el amamantamiento, coloca su mirada en los ojos de su madre; chupetea su mano, un dedo; más tarde retiene sus evacuaciones o hace un gran pipí en el momento en que le están cambiando. Estos fenómenos se producen en los márgenes, sobre los bordes de la satisfacción de las necesidades fisiológicas, apuntalándose sobre las grandes funciones orgánicas que testimonian sobre la abertura de dos espacios que tendrán una importancia mayor: un espacio donde el niño está "en relación" con el otro, donde él establece negociaciones con el otro, y por otro lado, un espacio sin otro, donde algo se satisfacía repitiéndose, eso que había denominado la vez anterior "la parte de soledad". Idealmente, esos dos espacios no están ni completamente separados ni son completamente idénticos. Esos dos espacios han recibido cada uno un nombre a partir de la experiencia del psicoanálisis: el primero como dimensión de la Demanda, nombre dado por Lacan, el segundo como la jungla de las pulsiones, descubiertas por Freud.

La primera construcción de Freud concierne a la pulsión oral. Se apoya en las observaciones de un pediatra húngaro, Lindner, sobre los fenómenos de succión fuera de los momentos del amamantamiento, planteando la hipótesis de una pulsión oral, primera satisfacción sexual infantil, con tres peculiaridades: aparece por apuntalamiento sobre una de las funciones vitales del cuerpo, es autoerótica y está bajo el dominio de una zona erógena, primero la zona oral, después la zona anal. Cuando Freud avanza en aquel momento el término de "sexual", apunta estrictamente al hecho de que hay una búsqueda de satisfacción más allá de la necesidad. Cómo entender eso. Para imaginarlo, os propongo imaginar pequeños bichos que hacen su nido en las comisuras de sus labios, en el margen anal (también en la hendidura de los párpados y en el pabellón de la oreja) y que entregan su diezmo, su tasa en cada acto de mamar o evacuación. Pero lo que entregan nada tiene que ver con el flujo de alimento o con las materias fecales. Lo que les interesa, no es lo que entra por la boca o sale por el ano sino el hecho de que entre o salga. La otra característica especial de estas bestezuelas es que se liberan totalmente de los ritmos biológicos para dar cuenta de un apetito insaciable, siempre el mismo, siempre constante. Esta fuerza constante de las pulsiones, es lo que Freud llama "la libido".

¿Cómo tener la prueba de existencia de estas pequeñas bestezuelas? Pues bien, una vez más por los síntomas: por ejemplo la anorexia, donde algunas veces se ve el abandono total de la necesidad, para únicamente dejar el lugar al puro ejercicio de la pulsión oral satisfaciéndose completamente sola; o bien, el niño que se atiborra de cualquier alimento u objeto, lo cual traduce la reducción de la pulsión a la necesidad, un cierre al espacio de la pulsión.

Si nos interesamos en este dominio de las pulsiones, os recuerdo que es porque ahí se juegan las primeras invenciones del niño y que, como ya lo he dicho antes, su destino, su devenir respecto a estas invenciones dependerá igualmente de la posición del otro, de su pareja. Esta implicación del otro en el campo de la pulsión, es lo que llamamos con Lacan, el campo de la demanda. Eso nos interesa particularmente porque es el espacio que puede abrirse o crearse cuando acogemos un niño, bien sea para hacerse cargo de sus cuidados o para entrar en relación en una perspectiva terapeútica.

En este espacio de la demanda, la experiencia psicoanalítica establece dos grandes corrientes: la "oral", pedir al Otro o ponerse en posición para que el Otro piense que se le pide; la anal, hacerle pedir al Otro o ponerse en posición para que el Otro pida algo. Esto precisará explicación.

Partamos del malentendido siguiente: allí donde la madre responde a las llamadas de su hijo ofreciendo alimento y también, ya lo hemos visto, inventando la lengua materna, ella ignora que aquello que el niño pide va más allá del objeto de la necesidad, más allá del alimento. ¿Cuál es el objeto que se introduce en la demanda más allá de la necesidad? Es precisamente el objeto de la pulsión que se ha convenido en llamarlo "el seno". El pecho, no es el alimento, ni el recuerdo del alimento, ni un eco de alimento o de los cuidados de la madre. Es un objeto que pertenece al niño a título de satisfacción de su pulsión. La separación no pasa entre el seno y el niño sino entre el seno y la madre. El destete es un momento particular en el cual el niño está en la posición de tener que ceder algo que le pertenece, ahí radica la dificultad. Ahí tenemos el modelo de un objeto que se ha pedido al Otro, exigido del Otro en tanto pertenencia. Toda una serie de conductas encuentran su origen allá: el robo en el niño; la persona que cuando está en casa ajena es como si estuviera en su casa. Es complicado porque se pide al Otro un objeto que no puede darlo. La marca regular de la presencia de este objeto tan singular es lo que se denomina la preferencia, los "gustos" de un sujeto. Y la defensa contra este objeto, pues no se puede olvidar de que es un objeto "sexual" en el sentido freudiano, y el sujeto puede tener que defenderse de él, con la indiferencia o el disgusto.

Respecto a la demanda anal, lo que se introduce de nuevo es la demanda del Otro en la educación de la limpieza. Esto no es una cuestión de preferencia sino de iniciativa, una iniciativa que viene del Otro. El objeto concernido en ese momento puede definirse como algo que se os ha pedido en tanto os pertenece. El objeto anal no es el excremento, es el don o el rechazo del don. El ejemplo más impactante de esta serie de objetos es la actitud de los niños en fiestas de Navidad: la tensión de la espera es a menudo la decepción del objeto mismo. En el fondo es difícil recibir un regalo en tanto regalo si uno mismo no ha consentido en ceder algo en provecho del Otro o si se ha recibido demasiado placer. Síntomas como el estreñimiento o la encopresis en los niños se refieren al rechazo por parte del sujeto a la iniciativa del Otro y por el rechazo del objeto pulsional en apoyo sobre el excremento. La dialéctica de la demanda anal hace también que el sujeto pueda identificarse a quien le espera, a la madre que pide, lo cual da un cuadro del niño que pasa su tiempo pidiendo con una particularidad de insistencia.

En fin, como hemos designado la marca pulsional anal bajo el nombre de "iniciativa" la defensa contra la satisfacción de la pulsión anal tomará la forma de la inhibición o de la duda.

Para concluir, ya veis que las invenciones del niño, sus hallazgos, presentan rasgos contrastados. Por un lado, él se esfuerza en hacerlos reconocer pro el Otro, de alojarlos en el campo del Otro con la complicidad de su pareja. Pero al mismo tiempo, no cede la "ganancia de placer" que allí encuentra, lo que constituirá más tarde lo que se llama rasgos de carácter. Pero fundamentalmente, el sujeto encuentra allí un lugar para su deseo, más allá de la demanda y los síntomas que pueda presentar son tantas invenciones del sujeto para no estar en la total dependencia en relación a la demanda al Otro o del Otro.

¿Hemos recorrido las invenciones del niño? Exactamente no: será preciso situar en este lugar el objeto transicional y sobre todo la manera en que se apropió de la lengua, pues es allá donde encontrará sus fuentes inagotables, en el chorro de palabras, la fábrica de frases, la construcción de ficciones. Pero eso es otra historia que no está escrita de entrada y que guardaremos para otro episodio.


Texto de Daniel Roy "Les lois de l´hospitalité", traducido por Carmen Alda. "Grandir sens parents 3", Terre du Cien, 2000-2001, La Gironde.

Daniel Roy

Las necesidades del niño


NODVS XV, Desembre de 2005