"Punto vivo" del seminario del Campo Freudiano de Barcelona de mayo de 2006

Reseña del comentario de Esthela Solano del capítulo XII, "La impotencia de la verdad" de El Reverso del Psicoanálisis realizado en el S.C.F. de Barcelona de mayo de 2006

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Seminario del Campo Freudiano de Barcelona 2005-2006
El reverso del psicoanálisis
Jacques Lacan

En la vía de la contingencia

Esthela Solano abordó el capítulo XII en base a la condición de imposibilidad, comenzando por citar a Freud y Ferenczi, en tanto referentes respecto al final del análisis y sus resultados: la relación analítica está basada en el amor freudiano a la verdad, que pasa por el reconocimiento de la realidad y que excluye cualquier clase de impostura o de engaño. El acto analítico debe incluir aquello que tiene de imposible, así como educar y gobernar. Como también alrededor de algo imposible giran los discursos respectivos.

Discursos articulados lógicamente porque ex-isten en la enunciación, por fuera de la palabra, cuya eficacia se mide por su incidencia en lo real como imposible y que, redoblando el algoritmo saussuriano, tienen una perspectiva pragmática -valor de polea-, son instrumentales. El uso de letras minúsculas destaca que son elementos fuera de toda significación, para su inscripción en lugares diversos.

El lugar del agente designa a lo que es movido a hacer o a actuar. Es la función del amo que remite a La fenomenología del espíritu de Hegel -que fue comentada por Irene Domínguez-, pero no en la versión de A. Kojève, en la lucha por el puro prestigio, estudiada por D. Auffret; porque en este Seminario Lacan no toma la perspectiva del deseo de deseo de Kojève. Introduce aquí, junto al amo y el esclavo, al sujeto, el plus de goce y la función de repetición. Lo que se repite es el rasgo unario, la marca del significante sobre el cuerpo, productor de goce. Marca que designa que allí hubo un goce, el cual se perdió y que al repetirse hace funcionar al S1 como otro. Ese otro será el S2, porque se inscribe como saber que trabaja para el goce.

J.A.Miller anota que en tanto hablantes, el lenguaje como lugar del Otro se sustituye al goce del cuerpo, introduce un menos pero de él queda un resto que no se anula y positiva el menos del goce como objeto a. El operador de la castración es el lenguaje y el agente de la prohibición es el padre. Se trata del Edipo como sueño de Freud porque el padre también es producto de dicha operación de castración, operación del lenguaje sobre el goce del cuerpo. El objeto a: rendija de lo que se pierde y que deja un resto, por donde podemos entrar y tener un acceso al goce.

Lacan redefine los términos del amo y el esclavo, gracias al discurso del amo, porque éste es el verdadero instrumento del trabajo, que produce a su vez la entropía. El verdadero astuto es el discurso del inconsciente que funciona según el discurso del amo, bien distinto de la astucia de la razón hegeliana.

El amor a la verdad freudiano se torna en horror para Lacan, porque no es vía de acceso a lo real. Ella está marcada por la contingencia y no por los efectos de verdad. No se trata de la repetición sino de aquello que no cesa de no escribirse, porque allí no hay saber.

El partenaire analítico debe producir las condiciones para la contingencia, que atrape lo imposible en su relación con el goce, el cual está recubierto por el amor en la transferencia. Para que haya contingencia es necesario el buen lugar de la experiencia analítica, condiciones que no están en la vía de la necesidad, de la repetición (más hablar, más gozar, más sufrir a veces), de la infinitización de lo enigmático. Es necesario un giro del discurso del inconsciente para que el objeto a pase al lugar del agente, active al sujeto en el lugar del trabajo y los significantes amos aparezcan en el lugar de la producción, es decir como las marcas de las identificaciones simbólicas y de goce. Ello hace que aparezca la hiancia de lo real sobre lo sexual y levante el velo que la verdad constituye, porque ella participa de la falta en ser: no se puede decir toda, es el sujeto barrado y da cuenta de la impotencia frente a lo real.

Es esa la roca de la castración en el análisis freudiano, dominado por la impotencia. Por eso Lacan va más allá de esa roca, orientándose por lo imposible, aquello que se demuestra de forma singular en cada analizante. Si la cadena significante se articula gracias al trabajo del analizante, la posición del analista como semblante de objeto a, es la de la precipitación en el acto que causa ese trabajo, posición que no es de amo ni de sujeto y que no se encuentra en otros discursos.

Rosalba Zaidel

"Punto vivo" del seminario del Campo Freudiano de Barcelona de mayo de 2006

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