"Punto vivo" del seminario del Campo Freudiano de Barcelona de junio de 2007

Reseña del comentario de Vicente Palomera de los capítulos X y XI de La angustia realizado en el S.C.F. de Barcelona de junio de 2007

  • Publicado en NODVS , de

Seminario del Campo Freudiano de Barcelona 2006-2007
La angustia
Jacques Lacan

Avistar lo invisible

Vicente Palomera hizo la lectura de los capítulos X y XI recordando la coyuntura traumática que palpita en este Seminario: la de la excomunicación de Lacan por parte de la IPA, que da la perspectiva en el tiempo sobre el esfuerzo de Lacan por sostener la falta irreductible del significante.

J.A.Miller puntúa que, en tanto experiencia, y sólo en este Seminario en la enseñanza de Lacan, la angustia aparece situada en el campo de las perturbaciones, sobre todo en el campo visual, donde se introduce el objeto a. Esa introducción detiene la marcha de lo real y el mundo se vuelve a-monde, in-mundo, dando lugar a la alucinación, el acting-out, la fobia. Antes de este Seminario Lacan enmarcaba la angustia en lo imaginario, en tanto en el espejo sólo se ve el cuerpo y no al sujeto. A partir de ahora, los objetos serán topológicos, es decir, sin derecha ni izquierda, sin arriba o abajo. Así como el deseo no es articulable pero sí está articulado, la angustia no es especularizable pero gracias a ella lo invisible es visto. Las figuras topológicas muestran lo que no se ve en el espejo, el cual sufre una inversión de simetría, por deformación. Así es que siguiendo el movimiento en la banda de Moebius, donde debería haber menos phi aparece a.

Siguiendo la lectura que J.A.Miller recomienda en paralelo con el Seminario VIII, La transferencia, hay un primer movimiento: algo de la libido que no pasa a la pantalla, el campo ansiógeno del objeto a. Lo que no pasa al cuadro está del lado del sujeto, el falo real. Cuando eso que está en el sujeto pasa al cuadro, perturba el campo visual, produce angustia, incluso la imagen mira al sujeto y este campo imaginario depende de cómo se maneje el simbólico. En un segundo movimiento se introducen las propiedades topológicas de este agujero. Tendremos entonces los fenómenos erógenos de las separaciones, el campo erógeno del objeto a.

En el capítulo X Lacan modifica el esquema óptico porque lo convierte en un campo disimétrico. El objeto, que se construye de forma topológica, aparece como un objeto extraño, presente en la paradoja griega: "todos los cretenses mienten", ¿verdadero o falso? O bien en la expresión: "esperar el acontecimiento imprevisto".

Más allá de Hegel: "el deseo del Otro no me reconoce", en tanto ello me llevaría a aplastar el deseo por lo imaginario. El deseo del Otro me interroga como objeto a, pero la angustia que "no es sin objeto" tampoco señala a un objeto normal, no pertenece al mundo de los objetos comunes. Es la topología la que permite, ahora, pensar el inconsciente en dos planos que no están en el mismo lugar. Esta idea sitúa, en el pasaje al acto, al sujeto que sale de la escena, hacia el mundo, mientras que en el acting out dicho sujeto entra en la escena. La fórmula del fantasma se obtiene aquí gracias a la banda de Moebius aplicada a la media esfera, el cross-cup. El cubo de Necker demuestra que no puedo situarme en dos lugares al mismo tiempo, el acceso al saber supone una pérdida, porque en ese pasaje algo cambia del propio cuerpo, y algo que se separa.

La referencia a E. Jones respecto al miedo, la culpa y el odio, recuerda que el vínculo más profundo con el Otro es el odio, porque ante la indefensión, que es más radical que el miedo al Otro, la culpabilidad es el reflejo del odio. El análisis, entonces, con la interpretación como corte, hace posible la separación entre el sujeto y el objeto para ir a lo más particular del sujeto, llevándolo más allá de la identificación alojada en la demanda, hacia el objeto, la máxima diferencia. En el mismo orden, la referencia a la contratransferencia en M.Little, K.Horney, señala la práctica derivada del uso de la identificación al analista, entendiendo el análisis como dual, cuando es necesario un cuaternario para poder ir más allá del analista. La transferencia lleva siempre a la identificación, pero no hay significante del analista sino que habrá el deseo del analista, una función, aquello que debe hacer obstáculo a que la demanda se dirija a la identificación con el fin de dirigirla al objeto a. Esto es, restituir la pulsión que está dentro de la transferencia.

Rosalba Zaidel

"Punto vivo" del seminario del Campo Freudiano de Barcelona de junio de 2007

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