"Punto vivo" del seminario del Campo Freudiano de Barcelona de mayo de 2007

Reseña del comentario de Guy Briole del capítulo IX de La angustia realizado en el S.C.F. de Barcelona de mayo de 2007

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Seminario del Campo Freudiano de Barcelona 2006-2007
La angustia
Jacques Lacan

Bajo la barra está el deseo

La lectura que hizo Guy Briole del capítulo IX comenzó por la división propuesta ya en el capítulo II, donde el esquema Nº 1, que representa a un sujeto llevando a cabo una operación inerrogativa en el Otro, la cual hace surgir al sujeto mismo y al resto, gracias a la marca del significante que proviene del Otro. Si en ese esquema tanto el sujeto tachado como el objeto a caen del mismo lado que el Otro, en tanto el sujeto apunta a un Otro completo que no se puede alcanzar, en este capítulo, en el esquema Nº 2, aparece el índice cero, que supone a la angustia, que no engaña en tanto hace signo de lo real.

G. Briole desplegó la relación con el Otro, la yoización y el corte natal a partir del último pensamiento de Freud sobre la angustia como señal en el yo. Se trata del yo ideal, el de las identificaciones con ciertos objetos. Entonces ¿cómo a, objeto de la identificación es también objeto del amor? La respuesta es que es en la medida en que se ama lo que ya no se tiene que podemos encontrar el objeto por la vía regresiva, en el pasaje del amor a la identificación, como sucede en el duelo. El desorden de los objetos a en el autoerotismo, anterior al estadio del espejo, no supone que falte algo en el mundo exterior, sino en la unificación, que no ocurre hasta ese momento del júbilo ante el espejo.

El fenómeno de la despersonalización estudiados por Bouvet, Lowenstein, Levobici, Bion, definida por Dugas, a partir del diario íntímo de Amiel, supone introspección, escritura automática, asociación libre, las cuales Lacan insiste en distinguir, a partir de La dirección de la cura. Allí retoma la noción de distancia con el espejo; se trata del no reconocimiento en la imagen especular que hace aparecer lo siniestro, más allá de la angustia de castración, determinando al sujeto en el vacío localizado en el lugar del Otro. La barra sobre el Otro se transmite al sujeto, representándolo en una ausencia, cuando la imagen virtual se vuelve real, imagen del doble en el espejo. El deseo, en tanto deseo del Otro, se hace presente en su agujero apareciendo así la relación particular del objeto a con el Otro.

El pasaje al acto es un corto-circuito del decir para separarse del Otro en el "no quiero saber", donde el Otro está excluido: el sujeto del acto suicida abandona la escena sin prevenir y de manera radical. El acting-out, en cambio, es un acto dirigido al Otro, una subida a escena, demanda dirigida al Otro, aunque se produzca fuera de la cura, porque llama a la interpretación y tiene que ver con una manera de gozar del paciente, cada vez que el Otro no se sitúa como interlocutor. J.A.Miller indica que el pasaje al acto es un esfuerzo por poner la barra sobre el objeto. El dejarse caer por la ventana, frecuente en el pasaje al acto, como marco del fantasma, límite entre la escena y el mundo donde ocurren los encuentros con lo real, es dejarse caer en el momento en que el sujeto se reduce al objeto. En el ejemplo del caso de la joven homosexual, el dejar caer de la amiga lleva a dejarse caer del puente, la barra es a. La bofetada de Dora junto al lago cambia el equilibrio de la cuadrilla, ella sale de esa escena y entra en la enfermedad.

En el texto de referencia sobre el hombre de los sesos frescos, la interpretación de Kris pone al sujeto en relación con el Otro en el espejo, al atacar su mundo particular para remodelarlo según el del analista. El encuentro con los sesos frescos es la presentificación del objeto y la estructura del acting-out, que añade algo en la transferencia, ante el intento del analista de convencer al analizante, para convertirse el acting-out en un síntoma.

Asimismo, Freud, en su pasión, trata de convencer a Dora para su relación con el Sr. K, identificándose a él en la transferencia. Con la joven homosexual se decepciona como el padre, se da por vencido y toma la iniciativa de dejarla caer, aconsejando a una mujer como analista. Olvidando, dice Lacan, que en la mentira de los sueños está la verdad del deseo. Freud quiere que la mujer diga todo y es éste el punto ciego en el centro del acting-out, donde el acto está bajo la inhibición, porque el acto apunta al deseo.

Rosalba Zaidel

"Punto vivo" del seminario del Campo Freudiano de Barcelona de mayo de 2007

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