"Punto vivo" del seminario del Campo Freudiano de Barcelona de diciembre de 2007

Reseña de la presentación de Marie-Helène Brousse de las lecciones XIV y XV del Seminario X, La angustia, en el S.C.F. de Barcelona de diciembre de 2007

  • Publicado en NODVS , de

Paraules clau

mascarada, impostura, posición del analista, lo que no hay

Seminario del Campo Freudiano de Barcelona 2007-2008
La angustia
Jacques Lacan

Mascarada / impostura

Marie-Hélène Brousse puntualizó que en los capítulos XIV y XV Lacan formula una teoría de la relación entre los sexos y defiende la analogía existente entre la posición del analista y la posición femenina, bajo una nueva teoría del objeto a.

A partir de un catálogo borgiano de los objetos: jarrones, vasijas, potes, vasija de hierro, de barro y el marisco denominado navaja, que señalan la metonimia del falo, el intento de Lacan es señalar el vacío interior, allí donde está lo que no hay. El objeto lacaniano es el espacio imaginarizado y delimitado por los bordes del pote, en tanto no especularizable, sin valor de intercambio y que no se puede compartir. La dificultad que encuentra Lacan en este Seminario es ubicar el falo como objeto y como significante. Desde los Seminarios V y VI el falo representaba la falta en el significante. Dentro de lo real del lenguaje donde están todos los significantes, el Otro de la palabra siempre está incompleto. Si el falo era esta falta de significante corriendo en la palabra, allí donde cada uno intenta atraparlo, lo que Lacan plantea ahora es que es la ausencia en el significante lo que se nos escapa, que es anterior al decir y produce el movimiento del hablar.

El matema lacaniano intenta detener el sentido de la verdad, que se escapa, y así escribir las condiciones de la fuga del deseo. Pero la ausencia no está al querer decir algo, sino en el objeto, que no se define como real sino a partir de lo imaginario. Así como la forma, el vaso, permite pensar el vacío, el cuerpo es el marco imaginario engañoso. La interioridad del cuerpo es una hipótesis gratuita ya que no se construye como el vacío del jarrón. El organismo es real, con sus fenómenos de sensación, de impresión, entre dos polos, el dolor y el placer, que Lacan llama el goce de este lado de lo real. La imagen del cuerpo, el significante, no saben nada del organismo.

¿Qué cambia en las relaciones entre hombres y mujeres al añadir el falo, pensado no sólo como sentido del deseo, siempre escapando, sino en tanto objeto a? El falo está en relación contingente con la imagen del órgano masculino y también con el órgano masculino en tanto que ausente, imaginarizado en la detumescencia. La niña, ante los cuerpos desnudos, pone su mano como velo frente a lo que no hay, porque no tiene algo que no existe, afinidad de lo femenino con la doble negación. El niño, ante lo real que está del lado del sexo masculino, no quiere saber nada de lo que no existe porque aquello no le obedece, por eso tiene un peso de real que no tiene para la niña, como la experiencia de la primera erección lo manifiesta. El hombre tiene relación directa con el objeto, que no controla, y lo declinará en tanto que objeto a, lo corta en forma de fetiche, por trozos. En la mujer, la queja recurrente y la búsqueda del signo del deseo masculino hacia ella animándolo, para controlar el deseo del hombre más que al hombre mismo. Para la mujer, la mascarada de la mano delante del vacío, en el varón la impostura, porque "me tiene más que yo lo tengo".

Dos fantasmas, dos estructuras míticas, mezcla de imaginario y simbólico: el hombre fantasea sobre las mujeres como masoquistas y la mujer fantasea con hombres como Don Juan. Del lado femenino no existe el masoquismo. Lacan dice en Televisión que no hay límite a las concesiones que una mujer puede hacer al deseo del hombre. Es el amor como idealización del deseo. Del lado masculino no existe Don Juan, un hombre puesto a disposición, como objeto a.

La referencia de Lucy Tower, "La contratransferencia", después de comentar "el objeto absoluto" que encarna Don Juan, muestra que para Lacan lo importante es que el paciente tiene como definición de la mujer el masoquismo femenino. L.Tower se dedicaba a ponerse en el semblante de masoquista, del lado de ella. La relación entre sueño femenino, Don Juan, y posición del analista es la posición de objeto a o de objeto absoluto, y no encarnando al sujeto dividido sino a lo que divide. No es que el analista tiene que encarnar a Don Juan sino presentar el objeto bajo la forma de la impostura. El cambio es el pasaje de consentir como analista a encarnar el escenario del fantasma del paciente. "La implacable desnudez de su mirada": implacable, alude al cálculo de la combinatoria del inconsciente, y no del pathos, lo más indiferente a la demanda, lo más atento al deseo. "Desnudez" en oposición a mascarada, en relación con su complemento en términos de fantasmas. L.Tower abandona la mascarada de la contratransferencia. "La mirada": la sexualidad femenina está en mejor relación con lo real.

En los hombres la limitación del deseo se produce de dos maneras a la vez: como ausencia simbólica y como una limitación material, real. De lado femenino hay una no limitación del deseo porque no está relacionado con el objeto y el tope que éste implica, sino con el deseo del Otro, alcanzando una forma universal. Una privación real del lado del objeto empuja al deseo hacia la idealización que constituye el amor.

Rosalba Zaidel

"Punto vivo" del seminario del Campo Freudiano de Barcelona de diciembre de 2007

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