"Punto vivo" del seminario del Campo Freudiano de Barcelona de marzo de 2008

Reseña de la presentación de Luis Solano de las lecciones XIX y XX del Seminario X, La angustia, en el S.C.F. de Barcelona de marzo de 2008

  • Publicado en NODVS , de

Seminario del Campo Freudiano de Barcelona 2007-2008
La angustia
Jacques Lacan

Lógica de la separación y del corte

Luis Solano recordó que este Seminario es un taller que orienta nuestra lectura y prepara el salto conceptual entre los paradigmas del goce: del paradigma del goce fragmentado, aislado, fuera del simbólico a la salida por el objeto a, mediación entre lo real y lo simbólico. Lacan abandona el significante del goce Φ (phi mayúscula) por la oposición entre la materialidad del significante y la sustancialidad del objeto. En el capítulo XIX se cuestiona el estatuto del padre porque ya no se trata sólo del Nombre del Padre como significante que metaforiza el goce de la madre; hay un resto no significantizado bajo la forma del objeto a. Si en la mitología freudiana de Tótem y Tabú y del Edipo, fantasma del obsesivo, la castración proviene del Otro paterno, ahora se sitúa en el fenómeno del cuerpo de la detumescencia del órgano en la copulación, la comedia cómica que implica al cuerpo y sus dramas.

Lacan distingue ahora al objeto separado del Otro, lugar del significante, en la voz, aislado de la fonematización. Oposición fonemática a la intención de significación, con sus leyes de sustitución y desplazamiento en los mecanismos de la metáfora y la metonimia: el significante de lo escuchado, más allá de lo oído, es áfono, no es fonema. Para J.A.Miller la voz no cae del sujeto sino del campo del Otro, desde el que somos hablados.

El señuelo de la completud: la mirada elidida del estadio del espejo y el objeto escópico, que siempre responde a un modelo visual de espacio homogéneo con el campo de la visión porque en apariencia nada está separado. El florero escondido en el esquema escópico del Comentario al Informe de Daniel Lagache representa el cuerpo del sujeto, en una oscura intimidad, hay algo que no debiera estar allí con su efecto ansiógeno. Imagen gestáltica cerrada, bella forma - i(a) - mi imagen en el espejo es mi presencia en el Otro, sin resto. Toda hiancia es señuelo del Uno, bella forma que oculta que se trata de una pura pérdida en el cuerpo viviente. También la voz elidida en el campo de las articulaciones del significante y el sentido es un cierre: la alucinación como voz y como mirada, por fuera del sentido y del espacio visual. La voz que se separa del Otro y se vuelve imperativo supersyoico, que no se desearía ni se hubiera escuchado separada.

La angustia de castración en Freud es un obstáculo porque su teoría reposa en la signficantización del falo, el cual, en este Seminario, más allá de la frustración fálica es la imagen de la potencia, el camino a atravesar. El menos phi (-φ) desimaginarizado y designificantizado: en el cuerpo del espejo, sin órganos, con la carencia del falo donde es esperado. La angustia de castración inscribe esta carencia, que en la escena primaria supone el primer contacto con la presencia fálica, visible bajo la forma de la función del pene. En el hombre de los lobos lo traumático es un señuelo: en el campo visual no se le ve, en el fantasma de la escena donde se le espera. Lo que él mira está elidido y es el objeto que le mira. La escena no desvela y el sujeto, mirado por eso, petrificado, su cuerpo se hace falo. La respuesta de la defecación, que para Freud es el elemento excremencial como oblatividad, es para Lacan pasaje al acto: empujado por la angustia cede ese objeto, que cae y al que se identifica. Pedazo de sí mismo que se ofrece al Otro para capturar su deseo pero este Otro que convocamos con el sacrificio no es el Otro del deseo sino el Otro del goce, que reclamaría ese pedazo para gozar. La angustia media entre el goce y el deseo del Otro.

Aquí comienza Lacan el elogio de la feminidad, a partir del falo como órgano del goce. Vuelco conceptual de la significación del falo apoyada sobre la castración, la frustración, la privación: "A la mujer no le falta nada" porque dispone de una relación con el deseo del Otro donde el -φ (menos phi) no es obstáculo. Con el poema de T.S.Eliot La tierra baldía, que habla del deseo del hombre en relación con la falta -solicitud al partenaire de hacer aquello que resuelva esa falta, en la detumescencia está el desencuentro de los deseos y la angustia- Lacan refuta la idea del don: el macho no da nada, la mujer tampoco. Si el goce femenino se aplasta en la nostalgia fálica condenada a amar a ese otro macho en un más allá, en el amor del falo, el goce de la mujer está en ella misma, en la insaciabilidad del deseo.

En el nivel del objeto oral, el seno, la placenta, el sujeto cree que el objeto a es el Otro. En el nivel del objeto anal el sujeto tiene la posibilidad de reconocerse en un objeto. Luego es desmentido, segundo momento, ese objeto es y no es él, origen de la ambivalencia obsesiva, pero es objeto primero que le permite reconocerse y, a la vez, simboliza aquello de lo que se trata en el estadio fálico, la evanescencia como imaginando la pérdida del falo. No es una lógica de atributos ni de identificaciones, es un work-in-progress, útiles de una escritura que posibilita acercar el real como imposible.

Rosalba Zaidel

"Punto vivo" del seminario del Campo Freudiano de Barcelona de marzo de 2008

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