Tres clases del Seminario 5: Las Formaciones del inconsciente. Clase 22: el deseo del Otro

Contribución al Seminario de Investigación "Demanda y deseo en el principio del análisis" durante el curso 2007-08, con Miquel Bassols como docente.

  • Publicado en NODVS XXV, juliol de 2008

Primera entrega. Un resumen de la clase 22: el deseo del Otro (14 de mayo de 1958)

El texto que sigue a esta introducción es el primero de una serie de tres que se publicará en las próximas apariciones de NODVS. Todos ellos se redactaron para guiar una presentación llevada a cabo en el Seminario de Investigación "Demanda y deseo en el principio del análisis", con la presencia de Miquel Bassols como docente.

El objetivo que se perseguía con su elaboración no era pues revisar el trabajo llevado a cabo por Lacan durante estas clases del seminario V, sino más bien exponer de la forma más clara posible los puntos fundamentales de las clases escogidas. El trabajo de cuestionamiento y reformulación correspondía llevarlo a cabo durante las dos sesiones en que se presentaron los textos, y así se hizo.

Sin embargo, cualquier síntesis de una obra (o parte de ella) lleva implícita la mirada particular del que la realiza, y así mismo no obvié incluir algunos comentarios que me parecieron adecuados, con el fin de enriquecer la discusión. Espero que al lector le resulten útiles, y confío en que sabrá aislarlos y dejarlos de lado si no le parecen pertinentes.

¿Qué es lo que Lacan trata de explicitar en las tres clases comentadas? Fundamentalmente, es la cuestión del Falo la que aquí se aborda. En efecto, es el pivote en el que se soporta el andamiaje lacaniano de la estructura psíquica en este momento de su enseñanza. Aquí Lacan destacará su carácter simbólico: el Falo, "significante del deseo" situado en un "más allá de la demanda" fundamental; permite articular la cadena significante en el sujeto neurótico. Las variantes de la articulación de deseo y demanda en la histeria, y preferentemente en la neurosis obsesiva; permiten un despliegue de la cuestión a partir de la referencia visual del Grafo del deseo.

Desde la dialéctica demanda-deseo Lacan podrá interrogarse además por la cuestión del fantasma, el acting-out, y la identificación.

 

Lo que ocupará a Lacan en la presente clase es el tema del falo, y como puede especificarse; el tema del objeto en análisis a partir de este concepto.

1.

Para hablar de la relación del obsesivo con el objeto, Lacan recurre al artículo de Bouvet "El yo en la neurosis obsesiva", del cual dirá que no aporta gran cosa, y las que aporta son desacertadas.

Lo fundamental en la relación de objeto es comprender que el objeto es parcial. La terminología la toma de Abraham, que hablaba algo erróneamente del amor parcial al objeto. No basta decir que el objeto aquí es el Falo. El valor fundamental que Lacan le ha dado al Falo en clases anteriores es articularlo en tanto significante. Sólo así se explica su predominancia en el análisis, pues no la tiene en tanto órgano corporal.

El error de Bouvet es tomar el falo en su vertiente fantasmática. Así, según él, la cura del obsesivo pasa por que sea capaz de incorporar el falo imaginario que atribuye al analista a partir de su fantasma.

Para ello, es de recibo pasar dos fases: Una primera fase de orden agresivo, en que la fantasía pasa por devorar el falo del analista, que se siente como horrible y peligroso. Esto da cuenta del estadio sádico-anal, predominante en el obsesivo, y que marca la tendencia a la destrucción del objeto.

Una segunda fase, en la cual se empieza a aceptar la autonomía del objeto (y por tanto su existencia), al menos en una forma parcial.

La dialéctica del sujeto obsesivo se situaría en torno a este objeto parcial. El obsesivo, pensando su relación con el mundo análoga a su relación con el objeto, estaría asediado por precipitarse a la destrucción del mismo. Mantener el objeto imaginario durante el análisis le permite al obsesivo mantener su cordura, y alejarse de una siempre amenazante psicosis. Para Lacan, esto es tremendamente infrecuente, como los mismos psicoanalistas de la época habían observado. El riesgo más serio que presenta la neurosis obsesiva es que no se cure, quedando excluida la posibilidad de que el sujeto se precipite a una psicosis.

Con lo cual, para Bouvet, el análisis se orienta hacia permitir al sujeto capturar el falo imaginario que ve en el analista. Lacan no sabe cuando se produce este crucial movimiento, ni por qué. Lo que antes se había percibido como una incorporación violenta de algo amenazador se torna súbitamente algo aceptable, una fuente de poder. Apunta el autor que este paso se vive de manera muy distinta a la comunión religiosa. Se toma así una distancia prudente del objeto, y se dejan atrás determinados fantasmas perjudiciales para el sujeto. La relación libidinal considerada en el segundo paso es más normal y se califica de genital.

La prueba de la validez de tal tratamiento en la neurosis obsesiva le viene a Bouvet del tratamiento de una paciente frígida, súbitamente feliz y satisfecha de ver gozar a su marido, lo que a su vez le proporcionó mucho placer.

Para Lacan, no se puede leer en ninguna parte que la paciente haya superado su frigidez. Para el autor, sin embargo, esto es la muestra de relaciones genitales adultas, lo que para Lacan no es otra cosa que una falsa ventana. La curación permite una sensación de unidad yoica, lo que proporciona una nueva libertad a estos sujetos. Sostiene que la cura del neurótico obsesivo no pasa por ahí en absoluto. Para Lacan, la neurosis obsesiva y su evolución se estructuran de una forma diferente, no unilineal.

2.

Lacan remite aquí al grafo del deseo. Subraya el lugar del A, en tanto Otro de los significantes al que se dirige la demanda. El sujeto se articula aquí, entre los desfiladeros de la demanda, tomando los significantes del Otro, en tanto identificación. Pero hace falta algo más, ya que el sujeto no se sostiene en dos puntos, sino en cuatro. Hay que postular un más allá de la demanda. El Falo se articula aquí como significante del deseo. El deseo sexual se articula así necesariamente en un más allá. El lugar donde se dirige la pulsión coincide con este lugar. Aquí, el significado del Falo que articula los demás significantes es un "a significar" dirá Lacan. La significación del falo va muy lejos, pero ésta es la forma de pensarlo que nos da Lacan. Su lugar en el más allá de la demanda es privilegiado. Este lugar, en tanto simbolizado, puede pensarse desde la demanda ($ v^ D). En el más acá, todo el sujeto se constituye desde la ley del Otro; y esa ley pasa forzosamente por el significante: esto es lo crucial. La madre en tanto ser hablante. Más allá, en la demanda, el sujeto es menos completo; no hay sujeto puro del conocimiento, que relaciona invariablemente perceptum (lo percibido) con percipiens (el que percibe).

Desde el psicoanálisis se comprende que esto es una ontología, y que el sujeto se construye desde dos lugares. El significante de A, aquí, en esta construcción más allá, es el A tachado. Queda así el sujeto marcado por el deseo. El mensaje del deseo es pues que el falo del Otro está tachado, y solo se ubica en tanto significante. Toda la dificultad del análisis es que este lugar fundacional del deseo es inconsciente. Esto no queda articulado en la conciencia del analizante, pues se sitúa en la primera línea del grafo. Es algo inscrito en su inconsciente. ¿De qué forma podría articularse en la conciencia del sujeto?

Lacan retoma la histérica de la que hablaba anteriormente para subrayar que sitúa el más allá del deseo en tanto deseo del Otro. Se puede leer el grafo así: en el primer bucle, el sujeto supera la relación imaginaria del estadio del espejo a partir de la necesidad, que le lleva a realizar una demanda.

En el segundo bucle entra en juego el deseo, que se ubica en el más allá del campo del Otro; se ve como el sujeto, tratando de ubicar su deseo, lo sitúa en el campo del Otro. Para tratar de comprender esto, Lacan comenta en el siguiente punto los sueños de la histérica.

3.

Para la histérica, el deseo del Otro es su punto de apoyo, el punto de apoyo de su propio deseo (el más allá de la demanda). El sueño de la histérica considerada lo toma de Freud. En el sueño, la vela es la metáfora que encubre el significante fálico, en tanto objeto parcial. Todo el peso del sueño recae en la intervención del personaje que está en el lugar del Otro, la maestra: "No es culpa suya". Delante de los otros, la intervención del Otro permite a la sujeto esquivar las burlas.

Ya en el sueño de la bella carnicera se puede leer que la histérica se constituye en torno a su deseo sexual, que la dimensión del deseo está en el lugar opuesto a la demanda, y que el deseo es el deseo del Otro.

En Dora, que se sostiene bastante bien, podemos leer la demanda de amor constante, a la vez que ella sostiene el deseo del Otro. Esto se acompaña de la identificación al señor K, que por ello juega el papel de lugar del otro al que Dora se identifica. Viene así el señor K al lugar del fantasma..

La dificultad en la histeria reside fundamentalmente del lado imaginario: hay una línea que va del fantasma al otro imaginario que se encuentra desdibujada; esto permite a la histérica encontrar su síntoma, por la vía del despedazamiento de la imagen.

El caso de la neurosis obsesiva es más complicado. Lacan subraya la dificultad de pensarla, aludiendo a que sigue siendo complicado a día de hoy, a raíz de carencias teóricas. El obsesivo se encuentra, al igual que la histérica, orientado hacia el deseo.

Podemos volver a Freud para tratar de averiguar algo de la distinción entre histeria y obsesión. Hay una diferencia importante en el lugar del trauma. En la histeria, sucede porque algo de lo sexual irrumpe en la vida del sujeto, una seducción. Por el contrario, en la neurosis obsesiva el trauma viene de una situación en la que el sujeto, desempeñando un papel activo, obtuvo placer.

Más tarde, a partir del hombre de las ratas, la neurosis obsesiva se manifiesta como una estructura de relaciones afectivas complejas, contradictorias, posiciones contrapuestas (femenino-masculino, activo-pasivo, odio-amor).

Finalmente, Freud lee en el obsesivo las tendencias agresivas, y de ello extrae el binomio pulsión de vida - pulsión de muerte. El problema del obsesivo viene a raíz de que la separación entre los dos tipos de pulsión se da demasiado precozmente.

Lo que lee Lacan en el obsesivo es que tiene una tendencia a querer destruir su objeto.

La histérica, como veíamos, vive su deseo en el lugar del deseo del Otro.

El neurótico obsesivo niega al Otro en su deseo. Hay algo de la alteridad que, por la misma posición del deseo en tanto más allá de la necesidad, y ubicado por la demanda imposible de amor; no se puede aceptar, se niega.

Como ejemplo, Lacan toma el caso del niño que será un obsesivo, y que según sus padres es de ideas fijas. En el ejemplo, el individuo en cuestión reclama una cajita, sin tregua ni pausa. Esta demanda es intolerable pues no es como las otras: presenta un carácter absoluto, matiz que viene dado por el deseo: así es su naturaleza. Este deseo absoluto está más allá de la demanda de amor, y puede ponerla en cuestión. Así, en el obsesivo el deseo pasa por la destrucción del Otro.

La histérica busca su deseo en el deseo que ella atribuye al Otro; el obsesivo le da un cariz absoluto a su deseo, que pasa así por la anulación del Otro.

Cuando el obsesivo, en un acto de coraje, se dirige a su deseo, encuentra mil obstáculos. Aún en el caso de que se lance a por ello, es notorio que cuando se acerca a él se produce una bajada de tensión libidinal. En cuanto lo posee, ya no está el deseo, puesto que el Otro, en el movimiento del deseo, queda anulado. Lo difícil aquí es encontrar algo que lo sostenga.

Por su parte, la histérica tiene una estrategia mucho más sencilla para sostener esto: pasa por la identificación imaginaria al otro, que ocupa el lugar de fantasma. Por su parte, el obsesivo trata de mantener su deseo a partir de encontrar un objeto en el lugar del deseo, esto es, el significante falo.

 

Bibliografia

 

     Lacan, J. (1999). El seminario de Jacques Lacan, Libro 5, El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica, 1957-1958. Texto establecido por Jacques-Alain Miller. Buenos Aires: Paidós.

Héctor García de Frutos

Tres clases del Seminario 5: Las Formaciones del inconsciente. Clase 22: el deseo del Otro

NODVS XXV, juliol de 2008

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