Nora Barnacle, Nora Joyce

Contribución al Seminario de Investigación "El amor en la psicosis", realizado con Antoni Vicens durante el curso 2007-08, que recorre la vida de Nora Barnacle junto a James Joyce: el papel que jugará para él, su "sí" incondicional a las propuestas del escritor, los exilios, la correspondencia que mantendrán en 1909 y la cuestión de la legitimidad del Nombre.

  • Publicado en NODVS XXV, juliol de 2008

A partir de la biografía de Brenda Maddox sobre Nora se desvela la dependencia de Joyce hacia ella a lo largo de su vida, desde que se conocen, en junio de 1904, hasta que él muere, en enero de 1941. La autora se pregunta por qué una muchacha educada en un convento se escapa con un hombre que no tenía intención de casarse con ella, y por qué se acaban casando por lo civil tras veintisiete años de cohabitación. También se extraña de que un joven cultivado como James se interesara por una muchacha provinciana (había nacido en el oeste de Irlanda, en 1884), escolarizada hasta los 12 años y católica, cuando él le había declarado una guerra abierta a la iglesia.

A lo largo de la obra se descubre a un Joyce que rehúye el matrimonio hasta último momento, que confiesa a Nora querer vivir sólo con ella, sin familia ni amigos alrededor, pero que llega a instalar a tres hermanos viviendo con ellos, y a su hija compartiendo el dormitorio hasta los 15 años. Nora es un asidero constante en su vida, inspira sus personajes femeninos más importantes y la libertad sexual que ella le demuestra desde que se conocen supondrá un punto de anclaje y a la vez de dificultad para James: ella será su partenaire en las fantasías que propone, a la vez que se rodeará de familiares que dificulten esa intimidad. Y, ciertamente, elige una compañera no muy instruida, que no verá a Joyce como el genio que él se considera, y que por ello le hará de contrapunto.

En 1904, cuando el padre de James se entera de que la chica que se ha escapado con su hijo se apellida "Barnacle" (en inglés, percebe, cosa que se agarra), exclamará: "Ésa no lo dejará nunca". En efecto, Nora se agarrará a Joyce allá donde vaya, así como él quedará "enganchado" a ella desde el primer encuentro, cuando, tras abordarla por la calle, se citan para reunirse y ella no acudirá. Ahí le escribe él la primera carta, reprochándole su ausencia; y una vez que se encuentran, se produce un hecho fundamental: la atracción entre ambos es inmediata, y en ese momento ella le desabrocha el pantalón y lo acaricia. En lugar de perderle el respeto, dice Maddox, Joyce, atormentado por remordimientos de tipo sexual, se enamoró de ella para toda la vida. A partir de ese momento, cada vez que terminan una cita él escribirá largas cartas explicándole las cosas que piensa, a las que ella responderá siempre, llegando a cruzarse varias en el día. Nora escribe a menudo sin puntuación, volcando su pensamiento sobre el papel, a cualquier hora; y atesorará las cartas de él, que a menudo no entiende, releyéndolas durante el día.

Joyce descubrirá en Nora a una compañera que siempre dirá "sí" (sí a lo sexual, a los exilios, a acoger a los hermanos de él...) Cuando Joyce decide abandonar Dublín, pregunta: "¿Hay alguien que me entienda?"; "Sí", dirá ella; " y sí yo dije quiero sí", finaliza el Ulises. En efecto, Nora no dudará en seguirlo, abandonando la vida que conoce, sin despedirse de nadie; accederá entonces a mantener relaciones sexuales, cosa que Joyce notificará enseguida a su hermano Stanislaus: "Elle n'est encore vierge, elle est touchée". Las comunicaciones por carta a Stanislaus de lo que Nora dice o hace serán una constante en la vida de Joyce. Ella lo seguirá en un largo recorrido a través de varias ciudades (Pola, Trieste, Roma, Zurich, París), presentándose como "signora Joyce", aguantando sus constantes borracheras y ayudándolo en los momentos de enfermedad; además de entregándose a la relación sexual con entusiasmo e imaginación, llevando a menudo la voz cantante, lo cual complacía a Joyce a la vez que lo abrumaba: las dudas sobre la virginidad de Nora y su posible infidelidad lo atormentarán cada cierto tiempo. Dudará, por ejemplo, de que el primer hijo, Giorgio, sea suyo (pues tiene ojos de color distinto); respecto al apellido del niño, Joyce sostendrá que no le importa que lleve el suyo o el materno dado que "la paternidad es una ficción legal"; pero arreglará que en la partida de nacimiento conste como legítimo. Joyce buscará "hacerse un nombre", dice Lacan, en relación a la carencia paterna que padecía; las dificultades con la paternidad -esa ficción legal- se hacen evidentes: los hijos se le hacen extraños -llevarán nombres extranjeros, Giorgio y Lucia-; sólo podrá interesarse por el Nombre, por la legalidad del apellido, con su nieto: Stephen.

La llegada del hijo, en 1905, supondrá una perturbación en su relación con Nora, y pensará en dejarla, según le comunica a su hermano; en esa época, incluso besará a otra mujer y le pedirá en matrimonio. Cuando Stanislau se reúne con él en Trieste, le comunicará que Nora y él han terminado; pero el hermano se instala con ellos, a partir de lo cual se creará una convivencia que, con algunas interrupciones, durará años, y durante la cual el hermano será una fuente de préstamos monetarios constante.

En 1906 la pareja marcha a Roma con el niño, al cual Nora se apegará muchísimo dados los horarios laborales de Joyce, mientras que él se sentirá más distante. Al volver a Trieste nace Lucia, con un ojo desviado, lo cual preocupará a sus padres y llegará a obsesionar a la chica. Entre tanto Joyce intenta que se publique Dublineses, pero ningún editor lo acepta dadas las "obscenidades" que incluye y que él se niega a modificar; comenzará a sentir entonces una manía persecutoria, creyendo incluso que su familia no quiere recibir a Giorgio cuando viaja con él a Dublín.

Esta primera separación de la pareja, en 1909, muestra la incapacidad de Joyce de estar alejado de Nora sin que algo se desequilibre; le escribirá furioso porque dice haberse enterado de que cuando eran novios ella lo engañó, por lo que le dice que su amor ha muerto, mientras le implora tres veces que le escriba. Enseguida llegará otra carta preguntándole si Giorgio es hijo suyo, si se había acostado con "el otro" y si lo había tocado de forma tan experimentada como a él. Nora aprenderá entonces a actuar de forma que mantendrá la atención de Joyce: en esa ocasión no contestará la carta, ante lo cual él se desesperará, destrozado. Un amigo, viéndolo tan mal, le dirá que toda la historia debe ser un invento, a lo cual se aferrará Joyce, aceptando alegremente la teoría y creyendo que sus amigos lo quieren perjudicar. El resto del tiempo que permanecerá en Dublín se sentirá rechazado o provocará el rechazo. Al disculparse con Nora, ella contestará dicéndole que Stanislaus ha estado muy atento con ella en las últimas semanas, lo cual provocará en Joyce una apasionada declaración de amor; a partir de ahí, se desencadena un torrente de fantasías eróticas plasmadas por carta, a las que Nora responde, y propone juegos que ella acepta. Joyce le confiesa que sueña con ella en todo tipo de posturas; le pide que le responda y le explica que se masturba leyendo su correspondencia; emergen fantasías de que ella le pegue; se siente asqueado cuando recuerda lo escrito durante la noche.

Una serie de confesiones muestran el papel central que ella ocupa: "A otros he dado mi orgullo y mi alegría, a ti te doy mi pecado, mi locura, mi debilidad y mi tristeza", le confiesa. Sintiendo celos de los hijos, le dirá que no deben interponerse entre ellos, y expresará su deseo de haber podido cobijarse en su útero para formar parte de su alma: "entonces me habría convertido de verdad en el poeta de mi raza". La profusión de cartas, hasta dos diarias, termina cuando se reencuentran -noche en la que no se pone en juego nada de lo escrito porque al parecer Joyce se duerme-, pero se retomará semanas después cuando él vuelve a Dublín con la idea de montar un cinematógrafo. Al marchar Nora lo insulta porque la noche anterior él había llegado tarde, por lo que será ella quien escriba la primera carta, preguntándole si estaba cansado de ella y requiriéndole por qué se había interesado en alguien tan ignorante como ella; la estrategia surte efecto inmediato y él le responde afirmándole que ella es su único amor; quiere vivir con ella como si fuesen una misma persona y morir con ella al mismo tiempo. Nora vuelve a escribir, esta vez amenazando con dejarlo porque la deshaucian por no pagar el alquiler, con lo cual Joyce responde implorante, tachándose de cerdo y canalla, y enviando el dinero por correo; la indignación de Nora desaparece y se inicia una nueva correspondencia erótica, a la que ella se lanza para mantenerlo alejado de las prostitutas. Joyce insistirá en que no haya vergüenza entre ellos, le exigirá que le diga todo lo que piensa, sin ocultarle nada, y él hará lo mismo; le recordará el momento en que le pidió que defecara frente a él, y el deleite que sintió ante la vergüenza de ella (carta del 2 de dicembre); en ese intercambio de obscenidades, Joyce confiesa a Nora que nunca pudo decirle algo así a otra mujer.

Ella sabrá sacarle dinero, diciéndole que va tan mal económicamente que tiene que salir a la calle sin ropa interior; Joyce mandará entonces dinero para que compre bragas (carta del 6 de diciembre), desencadenando una serie de fantasías anales a las que ella responde, acomodándose a llevar la voz cantante; en esas "cartas sucias" Joyce introducirá visiones infantiles de sus comidas preferidas, imágenes cálidas de la familia y del hogar, planes de decorar la casa (carta del 16 de diciembre). Cuando ella vuelve a amenazarlo con marcharse con los niños si no envía dinero, él lo hará inmediatamente, rogando: "Madrecita mía, acéptame en el oscuro santuario de tu útero". En otra carta dirá: "Nunca (subrayado cuatro veces) volveré a dejarte".

Al regresar, Joyce lleva a otra de sus hermanas a vivir con ellos -ya había una instalada, y Stanislaus, aunque vivía en otra casa, comía con ellos-, por lo que se forma una especie de "comuna Joyce". En 1911 Nora viaja con Lucia a Galway, y Joyce se hunde por la separación; le escribirá que no puede dormir, que le da miedo la soledad, y teme que ella haya olvidado los días de su amor, por lo que viaja a Dublín para recordarlos. Entretanto los deshaucian de su casa de Trieste; regresarán, y en 1913 se publicará finalmente Dublineses y el Retrato del artista adolescente. En 1914, cuando estalla la Primera Guerra Mundial, emigrarán a Zurich; en esa época Joyce ha empezado a tener fama literaria, y se convierte en el protegido de una mujer rica que le enviará dinero. Cuando en 1917 sufre un brote de glaucoma, que le impedirá incluso caminar, Nora será su secretaria; tras los cuidados, ella se marchará a descansar unos días, provocándole celos mediante sus cartas al insinuarle que lo engaña; Joyce está escribiendo Ulises y vuelca en la obra esos temores; dirá del libro: "Tengo todas las palabras, lo que busco es el orden perfecto de las palabras en la frase".

En 1918 sufren un período de distanciamiento, en el que Joyce comienza a escribirle a una doctora confesándole su amor, y Nora explica a sus amigos que él no le dirige la palabra, y que después le solicitará que vaya con otros hombres para poder escirbirlo. También al trasladarse de domicilio Joyce quedará prendado de la vecina, al espiarla y verla levantarse del retrete y tirar la cadena; le enviará cartas a partir de ese hecho, e incluso se citará con ella para recrear una escena que está escribiendo en el Ulises.

En 1920 viajan a París y se instalan en un hotel; Lucia, con trece años, sigue durmiendo en la habitación de sus padres, que prefieren tenerla con ellos a que comparta habitación con su hermano. Entretanto sale a la luz el Ulises, ante la indiferencia de Nora, que exaspera a Joyce; aunque esa obra hará que crezca su fama, que sean conocidos como "los Joyce", ella no mostrará interés en leerla ni en alimentar el ego de su marido, tratando de mantener "un poco de vida propia". En 1922 Nora decide marcharse con los niños para visitar a su madre, y nuevamente Joyce se desespera: le escribe que quiere estar con ella, "sin familia y sin amigos", y le envía su amor "desgraciado e inmortal".

En 1923 Joyce se hace extraer todos los dientes por complicaciones en la boca, y se somete a diversas y dolorosas intervenciones oculares; sigue bebiendo, y Nora enfadándose por ello. Comienza entonces a trabajar en Finnegans Wake, publicando los primeros extractos en una revista bajo el título "Work in Progress". Ella se referirá al libro como "ese chop-suey", y le implorará que escriba cosas que la gente entienda. Entretanto Giorgio se fugará con una amiga de Nora, y Lucia comenzará a manifestar "rarezas". En 1928 Nora sufrirá un tumor, por lo que se someterá a una histerectomía; Joyce pasará todo el tiempo en el hospital acompañándola.

En 1930 Joyce comunica a su protectora que viajará a Inglaterra a casarse con Nora, dado que Helen, la amante de Giorgio, quiere casarse con él y necesita que tenga un apellido legítimo; Joyce quiere además que sus descendientes -está pensando en los nietos que vendrán- lleven su apellido. En 1931 llegan a Londres y fijan la fecha para el 4 de julio -día del cumpleaños del padre de Joyce-, pero James hace un desesperado esfuerzo por fingir que ya se había casado con Nora en Trieste; su abogado, que se lo veía venir, aclara que cualquier compromiso anterior es inválido, y podrá realizarse la boda. Las fotos que se toman a la salida muestran a una Nora con aire complacido y a un James consternado.

El primer nieto, hijo de Giorgio, se llamará Stephen James Joyce -el nombre de su alter ego en las novelas- ; pero el problema de la legitimidad se vuelve a declarar cuando Lucia, que ha sido ingresada en una clínica mental en París, no puede viajar a Inglaterra, lo que supone perder el derecho al apellido. Cuando el abogado le dice a Joyce que bastará con el testamento para solucionarlo y que probablemente el matrimonio no fue necesario, éste se lamentará por no haberlo sabido antes.

A medida que se deteriora el estado mental de Lucia se deteriora la salud de Joyce; sus detractores lo acusarán de haber cometido incesto con la hija, y que eso explicaría su locura -locura nunca admitida por James, que insistirá en la prodigiosa imaginación de Lucia-. Nora lo acusará de ese trastorno por la vida desarraigada que les había impuesto, aunque ambos se pondrán de acuerdo en considerar que la chica es "clarividente".

En 1938 acaba Finnegans Wake, y en 1940 la pareja se traslada a Zurich con Giorgio y Stephen; Joyce sigue bebiendo, y se declara feliz si Nora es feliz. El 13 de enero de 1941, tras cumplir 59 años, James morirá de una úlcera perforada, que había descuidado creyendo que se trataba de un dolor "psicosomático fruto de los nervios"; estará solo, pues al despertarse esa noche y preguntar por Nora y Giorgio sabrá que habían decidido dormir en su casa. En 1951 morirá Nora, con una artritis avanzada; habrá solucionado las deudas y los problemas con el testamento que Joyce dejó pendientes.

 

Sole Bertran
12 de junio de 2008
Seminario de Investigación "El amor en la psicosis" (Antoni Vicens)

CARTAS DE 1909

(2 de diciembre de 1909)
Querida mía, quizás debo comenzar pidiéndote perdón por la increíble carta que te escribí anoche. Mientras la escribía tu carta reposaba junto a mí, y mis ojos estaban fijos, como aún ahora lo están, en cierta palabra escrita en ella. Hay algo de obsceno y lascivo en el aspecto mismo de las cartas. También su sonido es como el acto mismo, breve, brutal, irresistible y diabólico.
Querida, no te ofendas por lo que escribo. Me agradeces el hermoso nombre que te di. ¡Si, querida, "mi hermosa flor silvestre de los setos" es un lindo nombre! ¡Mi flor azul oscuro, empapada por la lluvia! Como ves, tengo todavía algo de poeta. También te regalaré un hermoso libro: es el regalo del poeta para la mujer que ama. Pero, a su lado y dentro de este amor espiritual que siento por ti, hay también una bestia salvaje que explora cada parte secreta y vergonzosa de él, cada uno de sus actos y olores. Mi amor por ti me permite rogar al espíritu de la belleza eterna y a la ternura que se refleja en tus ojos o derribarte debajo de mí, sobre tus suaves senos, y tomarte por atrás, como un cerdo que monta a una puerca, glorificado en la sincera peste que asciende de tu trasero, glorificado en la descubierta vergüenza de tu vestido vuelto hacia arriba y en tus bragas blancas de muchacha y en la confusión de tus mejillas sonrosadas y tu cabello revuelto. Esto me permite estallar en lágrimas de piedad y amor por ti a causa del sonido de algún acorde o cadencia musical o acostarme con la cabeza en los pies, rabo con rabo, sintiendo tus dedos acariciar y cosquillear mis testículos o sentirte frotar tu trasero contra mí y tus labios ardientes chupar mi pija mientras mi cabeza se abre paso entre tus rollizos muslos y mis manos atraen la acojinada curva de tus nalgas y mi lengua lame vorazmente tu sexo rojo y espeso. He pensado en ti casi hasta el desfallecimiento al oír mi voz cantando o murmurando para tu alma la tristeza, la pasión y el misterio de la vida y al mismo tiempo he pensado en ti haciéndome gestos sucios con los labios y con la lengua, provocándome con ruidos y caricias obscenas y haciendo delante de mí el más sucio y vergonzoso acto del cuerpo. ¿Te acuerdas del día en que te alzaste la ropa y me dejaste acostarme debajo de ti para ver cómo lo hacías? Después quedaste avergonzada hasta para mirarme a los ojos.
¡Eres mía, querida, eres mía! Te amo. Todo lo que escribí arriba es sólo un momento o dos de brutal locura! La última gota de semen ha sido inyectada con dificultad en tu sexo antes que todo termine y mi verdadero amor hacia ti, el amor de mis versos, el amor de mis ojos, por tus extrañamente tentadores ojos llega soplando sobre mi alma como un viento de aromas. Mi pija está todavía tiesa, caliente y estremecida tras la última, brutal embestida que te ha dado cuando se oye levantarse un himno tenue, de piadoso y tierno culto en tu honor, desde los oscuros claustros de mi corazón.
Nora, mi fiel querida, mi pícara colegiala de ojos dulces, sé mi puta, mi amante, todo lo que quieras (¡mi pequeña pajera amante! ¡mi putita folladora!) eres siempre mi hermosa flor silvestre de los setos, mi flor azul oscuro empapada por la lluvia.
JIM

(6 de diciembre de 1909)
¡Noretta mía! Esta tarde recibí la conmovedora carta en la que me cuentas que andabas sin ropa interior. El día veinticinco no conseguí las doscientas coronas, sino sólo cincuenta, y otras cincuenta el día primero. Esto es todo en lo que al dinero se refiere. Te envío un pequeño billete de banco y espero que al menos puedas comprarte un lindo par de bragas, y te mandaré más cuando me paguen de nuevo. Me gustaría que usaras bragas con tres o cuatro adornos, uno sobre el otro, desde las rodillas hasta los muslos, con grandes lazos escarlata, es decir, no bragas de colegiala con un pobre ribete de lazo angosto, apretado alrededor de las piernas y tan delgado que se ve la piel entre ellos, sino bragas de mujer (o, si prefieres la palabra) de señora, con los bajos completamente sueltos y perneras anchas, llenos lazos y cintas, y con abundante perfume de modo que las enseñes, ya sea cuando alces la ropa rápidamente o cuando te abrace bellamente, lista para ser amada, pueda ver solamente la ondulación de una masa de telas y así cuando me recueste encima de ti para abrirlos y darte un beso ardiente de deseo en tu indecente trasero desnudo, pueda oler el perfume de tus bragas tanto como el caliente olor de tu sexo y el pesado aroma de tu trasero.
Te habrán impresionado las cosas sucias que te escribo. Quizás pienses que mi amor es una cosa sucia. Lo es, querida, en algunos momentos. Te sueño a veces en posiciones obscenas. Imagino cosas muy sucias, que no escribiré hasta que vea qué es lo que tú me escribes. Los más insignificantes detalles me producen una gran erección. Un movimiento lascivo de tu boca, una manchita color castaño en la parte de atrás de tus bragas, una palabra obscena pronunciada en un murmullo de tus labios húmedos, un ruido sin recato, repentino, de tu trasero y entonces asciende un feo olor por tus espaldas. En algunos momentos me siento loco, con ganas de hacerlo de alguna forma sucia, sentir tus lujuriosos labios ardientes, chupándome, follar entre tus dos senos coronados de rosa, en tu cara y derramarme en tus mejillas ardientes y en tus ojos, conseguir la erección frotándome contra tus nalgas y poseerte sodomíticamente.
¡Basta per stasera!
Espero que te haya llegado mi telegrama y lo hayas comprendido.
Adiós, querida mía a quien trato de degradar y pervertir.
¿Cómo sobre esta tierra de Dios es posible que ames una cosa como yo?
¡Oh, estoy tan ansioso de recibir tu respuesta, querida!

(8 de diciembre de 1909)
Mi dulce putita Nora, he hecho como me lo pediste, muchachita sucia y me hice dos pajas mientras leía tu carta. Me deleita ver que haces como si te follara por atrás. Sí, ahora puedo recordar esa noche cuando te follé por atrás mucho tiempo. Fue la follada más sucia que te he hecho, querida. Horas y horas mi sexo estuvo duro dentro tuyo, entrando y saliendo de tu trasero vuelto hacia arriba. Sentía tus rollizas nalgas sudorosas bajo mi vientre y veía tu rostro y tus ojos enloquecidos. A cada una de mis arremetidas tu desvergonzada lengua salía de entre tus labios, y si te embestía con mayor fuerza que la usual, gruesos y sucios gases surgían balbuceantes de tu trasero. Tenías un culo lleno de pedos aquella noche, querida, y con la follada salieron todos para afuera, gruesos camaradas, otros más ventosos, rápidos y pequeños requiebros alegres y una gran cantidad de peditos sucios que terminaron en un largo chorrear de tu agujero. Es delicioso follarse a una mujer con pedos cuando cada embestida le saca uno. Estoy seguro que podría reconocer los de ella en un cuarto lleno de mujeres flatulentas. Es un ruido mucho más juvenil, que en nada se parece a los flatos húmedos que deben poseer las esposas gordas. Es más repentino y seco y sucio como el que imagino haría para divertirse una muchacha desnuda en el dormitorio de la escuela por la noche. Espero que Nora dejará escapar sus gases en mi rostro para que también pueda conocer su olor.
Dices que a la vuelta me vas a chupar y quieres que lama tu sexo, pequeña pícara depravada. Espero que alguna vez me sorprendas durmiendo vestido, me asaltes con un destello de puta en tus soñolientos ojos, me desabroches con suavidad, botón por botón en el vuelo de mi trusa, y saques gentilmente la gruesa fusta de tu amante, la escondas en tu boca húmeda y la mames hasta que dura y erectísima acabe en tu boca. Algunas veces también te sorprenderé dormida, levantaré tu camisón y abriré suavemente tus bombachas caliente; suavemente me recostaré y comenzaré a lamer con placidez alrededor de tu sexo. Te agitarás incómoda, entonces lameré los labios del sexo de mi querida. Te pondrás a gruñir y a gemir, a suspirar y pedorrear ávida en tu sueño. Entonces lameré más rápido, como un perro voraz, hasta que tu sexo sea una masa de suciedad y tu cuerpo un corcoveo salvaje.
¡Buenas noches, mi pequeña Nora pedorra, mi sucia pajarita folladora! Hay una palabra amable, querida que subrayaste para que me masturbara mejor. Escríbeme más acerca de eso y de ti misma, dulcemente, totalmente sucia, totalmente sucia.
JIM

(9 de diembre de 1909)
Mi dulce sucia pajarita folladora. Aquí está otro billete para comprar bragas bonitas o ligueros o ligas. Compra bragas de puta amor, y trata de perfumarlas con algún suave aroma y de decorarlas también un poquito por atrás.
Pareces ansiosa de saber cómo recibí tu carta que dices es peor que la mía. ¿Cómo que es peor que la mía, amor? Sí, es peor en una o dos de sus partes. Me refiero a la parte en la que dices que lo harás con tu lengua (no me refiero a que me chupes) y en esa amable palabra que escribiste tan grande y subrayaste, pequeña pícara. Es estremecedor escuchar esa palabra (y una o dos de las que no escribiste) en los labios de una chica. Pero ojalá hables de ti y no de mí. Escríbeme una carta larga, larga, llena de esas y otras cosas acerca de ti, querida. Ahora ya sabes cómo endurecérmela. Dime las cosas mínimas acerca de ti tan minuciosamente como sean de obscenas, sucias y secretas. No escribas más. Deja a cada oración llenarse de sucias palabras y sonidos sin recato. Son lo más amable de oír y de ver en el papel, porque las más sucias son las más bellas.
Las dos partes de tu cuerpo que hacen las cosas más sucias son las que yo más quiero. Prefiero tu culo, querida, a tus tetitas porque hace cosas más sucias. Si amo tanto tu coño no es por ser la parte de tu cuerpo que penetro, sino porque hace otra cosa sucia. Puedo pasar todo el día acostado masturbándome en la contemplación de la divina palabra que escribiste, y la cosa que dices quisieras hacer con tu lengua. Ojalá pudiera oír a tus labios murmurando esas poderosamente excitantes palabras obscenas, ver tu boca haciendo ruidos y sonidos lascivos, sentir tu cuerpo agitándose debajo de mí, oír y oler los gruesos sucios pedos de muchacha ir pop pop fuera de tu hermoso culo de muchacha desnuda y follar, follar, follar a mi ardiente culo sucio de pajarita folladora por siempre.
Estoy contento ahora, porque mi putita me dijo que quiere entregarme su trasero, y quiere que la folle por su boca, y quiere desabotonarme y sacar mi palito y mamarlo como una teta. Más y más sucias que éstas quiere mi pequeña folladora desnuda que le haga, mi perversa excitable amante, mi dulce pedorrita obscena.
Buenas noches mi coñito, me voy a acostar y pajearme hasta acabar. Escribe más y más sucias cosas, querida. Acaricia tu coñito mientras me escribes para hacer peor y peor lo que escribes. Escribe grandes las palabras obscenas y subráyalas y bésalas y ponlas un momento en tu dulce sexo caliente, querida, y también levanta un momento tu vestido y ponlas debajo de tu querido culito pedorro. Haz más si quieres y mándame entonces la carta, mi querida pajarita folladora del trasero café.
JIM

(13 de diciembre de 1909 -fragmento-)
...ir a otras? Tú puedes dármelo todo y más de lo que ellas pueden. ¿Querida, crees definitivamente en mi amor? ¡Oh, hazlo, Nora! ¿Acaso no se lee en mis ojos cuando hablo de ti? Como dice tu madre, "se iluminan como velas en mi cabeza".
Cariño, ahora el tiempo pasará volando hasta que tus brazos me estrechen. Nunca te abandonaré de nuevo. No sólo deseo tu cuerpo (como sabes), sino también tu compañía. Querida mía, supongo que mi amor por ti parece pobre y raído comparado con tu generoso y espléndido amor hacia mí. Pero es el mejor que puedo ofrecerte, querido amor mío. Acepta mi amor, sálvame y protégeme. Soy tu niño, ya te dije, y debes ser dura conmigo, pequeña madre mía. Castígame tanto como quieras. Me parecería delicioso sentir mi carne estremeciéndose bajo tu mano. ¿Sabes lo que quiero decir, Nora mía? Desearía que me pegaras o incluso que me azotaras. No jugando, querida, sino en serio, y en mi carne desnuda. Desearía que fueras dura, dura, querida, y tuvieras grandes y orgullosos pechos y muslos rollizos. ¡Querría ser azotado por ti, Nora, amor! Me hubiera gustado hacer alguna cosa que te molestara, siquiera algo trivial, quizá mejor una de mis sucias costumbres que te hacen reír: y escuchar entonces que me llamas a tu cuarto y encontrarte sentada en la silla de brazos con tus robustos muslos abiertos y tu cara bien roja de ira y un bastón en la mano. Te veo mostrándome lo que hice y entonces con un movimiento de rabia me empujarás hacia ti y hundirás mi rostro en tu seno. Entonces sentiré tus manos bajándome la trusa y hurgando dentro de la ropa y levantando la camisa, para encontrarme luchando con tus fuertes brazos en tu seno y sentirte inclinada sobre mí (como una nodriza que fustiga el trasero de un niño) hasta que tus grandes y llenos pechos casi me toquen y te sienta azotarme, azotarme, azotarme malvadamente en mi carne desnuda y estremecida! Perdóname, cariño, si esto es insensato. Empiezo la carta con total tranquilidad y debo terminarla ahora en mi estilo alocado.
Querida, ¿estás ofendida por mi forma desvergonzada de escribir? Supongo que algunas de las cosas obscenas que escribí te hicieron sonrojar. ¿Estás enfadada porque te dije que me gustaba mirar la mancha oscura que aparece tras tus bragas blancas de adolescente? Supongo que me consideras un inmundo desgraciado. ¿Cómo contestarás estas cartas? Espero, y espero que tú también me escribas cartas incluso más desaforadas y sucias que las mías.

(16 de diciembre de 1909)
Dulce niña querida, ¡finalmente me escribes! Seguro que has masturbado ferozmente ese sucio coñito tuyo para escribirme una carta tan incoherente. En cuanto a mí, estoy tan fuera de forma que tendrás que lamerme una buena hora antes que pueda tener un cuerno lo suficientemente firme para metértelo, no digamos para follarte. He hecho tanto y tan seguido que me da miedo mirar cómo lo he hecho, después de todo me lo he hecho. Querida, por favor no me folles demasiado a mi vuelta. Folla todo lo que quieras fuera de mí por ahí de la primera noche; pero dame tiempo para reponerme. Querida, toda la follada debe ser hecha por ti, porque como estoy blando y diminuto ninguna niña en Europa, a excepción tuya, desperdiciaría su tiempo y energía conmigo. Fóllame, querida; en todas las nuevas formas que tu deseo sugiera. Fóllame ataviada con tus vestidos de calle, con tu velo y tu sombrero puestos, con tu cara sonrosada por el viento y el frío y la lluvia y tus botas embarradas; fóllame también a caballo sobre mis piernas, cuando esté sentado en una silla, montándome de arriba hacia abajo mostrándome los ribetes de tus bragas y mi pito firmemente clavado en tu coño, o móntame sobre la espalda de un sillón. Desnuda, fóllame, solamente con tus medias y tu sobrero puesto, acostados en el piso, con una flor roja en el culo, montándome como un hombre, con tus muslos entre los míos y tu robusto trasero. Móntame vestida con tu bata de estar (ojalá tengas esa tan bonita), con nada debajo de ella, ábrela repentinamente y muéstrame tu vientre y tus muslos y tu espalda y empújame sobre ti, encima de la mesa de la cocina. Fóllame con tu culo, boca abajo en la cama, con tu cabello suelto, desnuda, pero con tus adorables bragas rosas perfumadas, abiertas desvergonzadamente de atrás y medio caídas, de modo que se pueda entrever un poco tu trasero. Fóllame si puedes acuclillada en el baño, con tus vestidos levantados gruñendo como una puerca que caga y una gran cosa gruesa sucia serpenteando con lentitud fuera de tu trasero. Fóllame en las escaleras, en la oscuridad, como una niñera follando con su soldado, que le desabotona gentilmente la trusa y desliza su mano en su pajarito y lo acaricia con su camisa y con ese contacto se va humedeciendo y entonces lo toma con suavidad y lo acaricia junto con sus dos bolas a punto de estallar y finalmente agarra atrevida la pija que ella mama y la manosea y la acaricia suavemente, murmurando para él en sus oídos palabras obscenas e historias indecentes que otras chicas le han contado a ella y ella dice cosas sucias y se mea las bragas con placer y deja salir suave, quieta tranquilamente tibios peditos de su trasero hasta que su clítoris está tan firme como el de él y de pronto se lo mete y lo monta.
¡Basta! ¡Basta per Dio! He acabado y todas las tonterías han desaparecido. ¡Ahora, la respuesta a tus preguntas!
Todavía no hemos inaugurado. Te mando algunos carteles. Esperamos inaugurar el veinte o veintiuno. Cuenta catorce días a partir de entonces y tres y medio más para el viaje y estaré en Trieste.
Prepárate. Coloca un lindo linóleo marrón agradable en la cocina y, por la noche, cuelga un par de cortinas rojas comunes en las ventanas. Procura un sillón cómodo y barato para tu perezoso amante. Haz todo lo que te digo, querida, pues una vez que llegue no me moveré de esa cocina en una semana, leyendo, repantingándome y mirando como preparas la comida; y hablándote, hablándote, hablándote, ¡Qué supremamente feliz seré! ¡Dios mío, allí seré feliz! I figlioli, il fuoco, una bona mangiata, un caffé nero, un Brasil, il Piccolo della cera, e Nora, Nora mía, Norina, Noretta, Norella, Noruccia, etc, etc...
Eva y Eileen deben dormir juntas. Consigue algún lugar para Georgie. Quiero que Nora y yo tengamos dos camas para el trabajo nocturno. Estoy manteniendo y mi mantendré mi promesa, amor mío. ¡El tiempo vuela, vuela rápidamente! Quiero regresar a mi amor, mi vida, mi estrella, mi pequeña Irlanda de ojos extraños! ¡Cien mil besos, cariño!

(20 de diciembre de 1909)
Mi dulce y pícara Nora, recibí esa noche tu ardiente carta y he tratado de imaginarte frotándote el sexo en el baño. ¿Cómo lo haces? ¿Te recuestas contra la pared con tu mano cosquilleándote debajo de tus ropas? ¿O te acuclillas bajo el agujero con las camisas vueltas hacia arriba y tu mano trabajando fuertemente a través de la abertura de tus bragas? ¿Te sirvió como preludio ahora para cagar? Me pregunto cómo pudiste hacerlo. ¿Acabas al cagar o te frotas acabando primero y luego cagas? Debe haber sido una horrible cosa lasciva ver a una niña con sus ropas levantadas frotando con furor su coño, ver sus calzoncillos blancos y hermosos bajados de atrás y su trasero defecando y una cosa gruesa y café que sale de su agujero. Dijiste que ensuciarías tus bragas, querida, y que después me dejarías follarte. Me gustaría oírte primero enmierdarlas y follarte después. Alguna noche, cuando estemos en alguna parte hablando en la oscuridad cosas puercas y sientas tu mierda a punto de salir, rodea mi cuello con tus brazos en tu vergüenza y déjala caer suavemente. El sonido me enloquecerá y cuando alce tu vestido...
¡De nada sirve continuar! ¡Ya puedes adivinar qué!
Hoy abrió el cinematógrafo. El domingo 2 de enero salgo par Trieste. Espero que hayas hecho lo que te dije respecto a la cocina, el linóleo, el sillón y las cortinas. A propósito, no cosas esas bragas delante de nadie. ¿Está hecho tu vestido? Así lo espero, con una chaqueta larga, con cinturón y con los puños de cuero, etc. No sé como voy a arreglármelas con los gasto de Eileen. ¡Por Dios, arregla tú esto y que pueda yo tener una cama confortable! No tengo ningún deseo especial de hacerte nada, querida. Puedes descansar tranquila respecto a mis idas con ... Tú no lo comprendes. Querida, esto no sucederá.
Oh, ahora estoy hambriento. El día que llegue di a Eva que haga un "pudding" corriente y algún tipo de salsa de vainilla sin vino. Me gustaría comer rosbif, sopa de arroz, cupuzzi garbi, puré de patatas, "pudding" y café negro. No, no, me gustaría stracotto di macheroni, una ensalada, ciruelas cocidas, torroni, té y presnitz. O no, preferiría anguilas cocidas o polenta con...
Perdóname querida, esta noche estoy hambriento.
Querida Nora, espero que pasemos juntos un año feliz. Mañana escribiré a Stanie sobre lo del cinematógrafo.
Estoy tan feliz que ahora veo Miramar. Lo único que espero es que no lleve de nuevo conmigo esa abominable cosa, debido a lo que hice. Querida reza por mí.
¡Addio, addio, addio, addio!

Soledad Bertrán

Nora Barnacle, Nora Joyce

NODVS XXV, juliol de 2008

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