Tres clases del Seminario 5: Las Formaciones del inconsciente. Clase 23: el obsesivo y su deseo

Comentario a la clase de Lacan "El obsesivo y su deseo" del Seminario 5. 

  • Publicado en NODVS XXVI, novembre de 2008

Resum

Segunda de tres entregas que recogen la relación entre demanda y deseo. Fundamentalmente, es la cuestión del Falo la que aquí se aborda. "Significante del deseo" situado en un "más allá de la demanda" fundamental; permite articular la cadena significante en el sujeto neurótico. Desde la dialéctica demanda-deseo Lacan podrá interrogarse además por la cuestión del fantasma, el acting-out, y la identificación.

Paraules clau

Seminario 5; Falo; Significante del deseo; Demanda; deseo; fantasma; acting-out;

Podemos leer en Freud algo fundamental: el deseo humano está delineado en tanto su relación al significante. Abordar esto es posible a través de un análisis, en que un analizante trata de capturar dichos significantes elaborando algo de su significación. La obra freudiana trata de enfatizar la relación de tensión del hombre con respecto a su naturaleza, tensión introducida por la palabra. Entre estos significantes, aquel que articula dicha relación del hombre con la vida, es el significante del falo. Éste es el que permite a su vez la relación del hombre y el significado: la vida se toma en esta vertiente.

La dificultad esencial que presenta el deseo al sujeto neurótico es su localización, siempre en un más allá al respecto de una demanda. Y es que esta demanda sólo puede articularse a nivel simbólico, lo que introduce una imposibilidad de satisfacción completa: la necesidad puede quedar cubierta, pero la demanda siempre se sitúa en un más allá, causa de deseo. A la vez, hay un más acá del deseo respecto a la demanda: y es que ésta siempre apunta a un imposible de satisfacer, en tanto es demanda de amor al ser del Otro, ese ser que no se puede otorgar. Hay dos caras de la demanda entre las que se estructura el deseo: la demanda de la satisfacción de la necesidad (el plano de significado), y la demanda significante. En tanto articula ambos lugares, no queda otra forma de comprender el asunto que concebir el deseo como deseo del Otro. Puesto que la demanda se dirige a Otro, el deseo solo puede constituirse en este lugar; sin embargo, este Otro, en tanto es sujeto, tiene también un deseo propio, y la respuesta a este deseo es lo que organiza la neurosis del sujeto demandante.

Si en la histeria hay una identificación al deseo del Otro, en la neurosis obsesiva la respuesta frente al deseo del Otro se da de otra manera. Veamos:

La histeria no desea un objeto. El deseo del sujeto histérico es un deseo de deseo, una exigencia de desear, y en este punto ubica el deseo del Otro. Su posición es aquí la de objeto, identificada a un otro, un alter ego, y por ello distante de un ideal del yo. Esta identificación se produce en torno a la problemática del deseo que presenta este otro, que la histérica identifica con el suyo propio.

En cuanto al problema del obsesivo con el deseo, se ha trabajado en el psicoanálisis desde la solución parcial que ofrece el fantasma. ¿Pero, qué es lo fantasmático aquí? Hay algo de lo imaginario, dice Lacan. Lo imaginario es algo que Lacan reduce aquí a la imagen narcisista, en la cual presenta la polivalencia entre agresividad (los fantasmas sádicos son habituales en el obsesivo) y erotismo.

En el fantasma, articulado por Lacan, hay algo fundamental de la imagen del otro, que viene ya en la demanda previa a la palabra, o en la línea que delimita al infans del ser hablante. Pero es fundamental no olvidar que el fantasma es en sí una narración, una historia, en la que el sujeto se incluye, las más de las veces enmascarado. De ello, la definición del fantasma que se da aquí es sencilla: lo imaginario capturado en cierto uso del significante. Pero hay que añadir un elemento que interviene a su vez, en tanto instrumento: el falo, en tanto significante, apuntando a un determinado significado, particular al sujeto.

El obsesivo, en análisis, habla de dudas, prohibiciones, temores. A partir de ciertas intervenciones terapéuticas, o de la tentativa del sujeto por solucionar su problemática, surge algo de lo fantasmático, que tiene en estos sujetos un cariz fascinante a la vez que invasivo de su vida psíquica. Estos acontecimientos se califican de sádicos, por llamarlos de alguna manera, pero lo interesante aquí es tratar de comprender el papel económico que juegan. En torno a ellos se organiza algo de la relación con el Otro.

En todo caso, dichos fantasmas no se realizan sino excepcionalmente, y suponen una vivencia decepcionante para el sujeto. La relación del obsesivo con su objeto de deseo tiene que ver con esta imposibilidad de acceder al objeto sin que el propio deseo decaiga, hasta desaparecer. El obsesivo es así un Tántalo.

La otra cara del obsesivo pasa por un pedir permiso, permanentemente situado en la dimensión de la demanda en tanto goce. Un pedir permiso que se sustenta en las exigencias ávidas del superyó. Esto nos dice mucho sobre la posición del obsesivo frente a su propia demanda: se anula la dialéctica con el Otro, para elevarle a un lugar en el que se dependa de él totalmente. Aquí surge la negativa, articulada inevitablemente al permiso.

El superyó se hace muy presente en la clínica del obsesivo, en tanto síntoma. Es fundamental aquí comprenderlo en relación a la demanda, demanda que aunque en un primer momento se dirige a un Otro absoluto (podemos pensar la situación del niño con la madre), luego accede a un más allá. Es el punto de la palabra, aquel que sitúa la demanda imposible de colmar, que no admite respuesta sea cual sea ésta.

El objeto (en tanto anal, oral, o genital) ocupa un lugar fundamental en el ordenamiento psíquico del sujeto. El entorno (Umwelt) se percibe desde dicho ordenamiento (relación del objeto con el fantasma). El objeto preponderante en la estructura, refracta, dice Lacan, dicha Umwelt. Es así que entorno y objeto no pueden pensarse por separado, independientes. Incluso en el infante podemos ya hablar de la relación al objeto, constitutiva de una realidad. Esta visión está muy lejos del autismo onanista que se le supone. No hay retorno a estadios anteriores de la organización pulsional infantil en Lacan.

Estas manifestaciones que parecen regresiones a la infancia, retornos al objeto, se presentan desde la demanda. Es la demanda en transferencia durante el análisis, en tanto significante, la que presenta el valor pulsional determinado desde el objeto. Esto inevitablemente quiere decir que de cierta manera el objeto queda, ya en la infancia, apresado de cierta forma por el significante. Por ejemplo, la demanda articulada desde el objeto oral presenta el deseo en términos de absorción. Podemos pensarlo como una fijación, y puede ser viable permitirle al sujeto que regrese a esa demanda. Pero no se trata de compensar la insatisfacción de una demanda oral no satisfecha, aportándole un significante o compensando tal demanda. La demanda insatisfecha en el pasado no se puede compensar por la palabra. Intervenir de esa forma impide al sujeto acceder a como se estructuró su relación con el Otro. El interés de pararse en ese punto es que señala algo de la dificultad de relación con el Otro, y por tanto algo de la modalidad de deseo del sujeto.

El obsesivo soluciona su barrera frente al deseo (siempre evanescente) colocando el lugar del deseo prohibido, imposible. Coloca en ese lugar al Otro. Esta estrategia no permite en absoluto apaciguar el deseo, extinguirlo, sino todo lo contrario: mantenerlo. Entrever esto es complicado, pues el obsesivo no tiene intenciones claras: en efecto, junto al deseo aparece la agresividad, el temor a la venganza. Pero esto es solo superficial: lo que se encuentra detrás es que el deseo oscila entre excesivo (y por tanto agresivo) y limitado (por miedo a la agresión que el otro podría ocasionar).

La teoría analítica hasta ese momento, equiparaba, en la relación del sujeto al otro; demanda y deseo.. La hiancia abierta por la palabra, precisamente donde Lacan sitúa al deseo, queda anulada si aceptamos dicha equiparación; en tanto pensamos el deseo como algo que surge a partir de la necesidad de satisfacción.

El altruismo, en tanto oblatividad destinada a satisfacer la demanda del otro, era la meta para el psicoanálisis de la época, dando pie a pensar que se había llegado a la organización genital. Habría una profunda satisfacción en satisfacer la demanda del otro.

Para Lacan, esto es simplemente un fantasma obsesivo. Con este movimiento, dejamos pasar el problema fundamental que el deseo plantea en la estructura del sujeto. El fantasma del obsesivo no es más que que el Otro consienta a su deseo. Pensar el final del análisis desde aquí supone alimentar este ideal obsesivo, el "no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti", algo no siempre útil para ir por la vida, como se puede entrever en la relación sexual. Si el analista se mantiene en esta posición imaginaria, tentando de salvar al "otro" paciente en tanto su semejante, es que en el fondo trabaja desde el fantasma obsesivo. La solución propuesta sería la salida oblativa, la buena conciencia, la fantasía de colmar la demanda del Otro. Esto es una maniobra equivocada, pues reemplaza la sintomatología particular del neurótico por otra, que viene del analista, que le viene al pelo, pero resulta si cabe más mortífera. En efecto, la pregunta por el deseo no queda consumada sino abolida, y retornará bajo diversas formas sintomáticas.

Las hazañas del obsesivo se dan cuando están presentes tres elementos: un Otro al que pedir permiso ("en nombre de tal cosa, se lo merece"), el propio obsesivo y un rival al que batir. El obsesivo es tanto más capaz en esto como fuerte su deseo por lo que persigue. Pero el efecto del superyó es que la tarea escogida es agotadora. La hazaña le permite al neurótico dominar su angustia.

Sin embargo, la hazaña del obsesivo es ficción hasta cierto punto, pues lo realmente peligroso, esto es la muerte; siempre se encuentra en otra parte, muy distante de lo que se pone en juego. La muerte está en el campo del Otro, aquel Otro al que se erige en tanto juez, testigo de la situación. El otro que está en el papel de rival, es un otro con el que el obsesivo se identifica, con el que se puede intercambiar; por ello precisamente no supone un verdadero riesgo. El objetivo último del obsesivo es mantener al Otro.

Lacan ha introducido dos de los puntos fundamentales de apoyo del sujeto, de la estructura de su defensa: el fantasma y el lugar del Otro. Hay aún otro más que se introduce en esta clase 23: el acting out. El acting out no puede pensarse desde el síntoma, desde la repetición. Hay algo enigmático en su presentación, lo que nos indica que tiene una vertiente significante, que demanda interpretación. Es éste un acto que trata de resolver un problema: el de la demanda y el deseo. En todo caso, es diferente de un acto fallido, en tanto éste es algo del orden del síntoma.

El acting out se presenta como algo altamente imprevisto e inmotivado. Además, está aquí siempre presente algo del objeto en tanto material. Por ello, y por que se presenta como una narración, es equivalente en cierto modo a un fantasma.

Además, un acting out es un mensaje dirigido al analista, en tanto está en su lugar, pero algo desubicado. En el acting out hay una tentativa de aclaración, que apunta a que la demanda es insuficiente para dar cuenta de la relación del sujeto al significante.

Bibliografia

 

     Lacan, J. (1999). El seminario de Jacques Lacan, Libro 5, El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica, 1957-1958. Texto establecido por Jacques-Alain Miller. Buenos Aires: Paidós.

Héctor García de Frutos

Tres clases del Seminario 5: Las Formaciones del inconsciente. Clase 23: el obsesivo y su deseo

NODVS XXVI, novembre de 2008

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