"Punto vivo" del seminario del Campo Freudiano de Barcelona de noviembre de 2008

Reseña de la presentación de Estela Paskvan del capítulo I del Seminario XX, Aún, en el S.C.F. de Barcelona de noviembre de 2008

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Seminario del Campo Freudiano de Barcelona 2008-2009
Aún
Jacques Lacan

Estela Paskvan señaló que el Capítulo I "Del goce", sin epígrafes, encierra aforismos, sentencias cerradas y anuncios de lo que J.Lacan abordará en este Seminario, el cual mostrará el contrapunto con el Seminario VII, apuntando a su "manera de avanzar": embrollarse y desembrollarse sobre algo que se le resiste.

La "Nota a los italianos" aclara su "no quiero saber nada de eso": para hablar de la posición del analista se debe haber cernido la propia causa del horror al saber -de cual no se quiere saber nada: la no relación sexual- haciendo surgir un deseo inédito. Lacan está en posición analizante respecto a quien se dirige, que no son los que lo escuchan -pues le suponen que parte de otro lado- sino el A barrado del matema S(A/). Por ello, no hay impase entre su posición de analista y su acto de enseñar dado que siempre se pone en juego un deseo inédito.

Lacan se dirige al jurista porque éste no desconoce el goce, en tanto diferencia usufructo y propiedad, así como el lenguaje se diferencia de los seres que hablan y el código de los hombres que lo utilizan.

Un aforismo: el goce que no sirve para nada, está en contrapunto con lo útil, desarrollado en el Seminario VII. Otro aforismo: el goce del Otro, el cuerpo del Otro, que lo simboliza, no es signo de amor señala el tema central en este Seminario: la escición fundamental entre goce y amor. Que el amor es siempre recíproco supone que no está en relación a la demanda de amor. En el Seminario IV ya aparece el Otro del don al que se dirige el amor, que puede dar o rehusar los objetos de amor, mientras que el amor es dar lo que no se tiene en tanto se dan significantes, signos, y donde la satisfacción es simbólica. Ahora se plantea la problemática del Uno: la confusión entre el Uno del significante y el hacer uno del amor, que supone su impotencia. Con el neologismo amuro del texto "El saber del psicoanalista" de 1972, nombra la imposibilidad que implica la relación sexual.

Lacan redefine aquí al Otro para mostrarlo como medio de goce: el Otro, representado por el cuerpo que lo simboliza, y el Otro de la lengua. En-corps alude a la sustancia gozante que necesita un soporte, que es el cuerpo. El goce del que habla es una sustancia que tiene diferentes regímenes o modos: el goce fálico, el goce de la lengua, el de la otra satisfacción. El sujeto no accede nunca al Otro sexo porque Uno y Otro no hacen dos. La necedad supone hablar de un segundo sexo porque el Otro es alteridad pero para el Uno y el amor intenta hacer de dos uno pero no funde los cuerpos. El goce y el cuerpo son ahora cuestiones del ser y el goce es asexuado porque la relación es al falo y no a la mujer. El goce fálico, del órgano, es el muro, obstáculo que impide gozar del cuerpo del Otro, de la mujer.

La paradoja de Zenón, quien se rebelaba contra la pluralidad del Uno, demuestra que el movimiento mismo se vuelve imposible si la naturaleza del espacio es continua, discreta, divisible. El cálculo infinitesimal, los números reales resolvieron esta paradoja. Lacan refleja la aporía en otra fórmula, para calcular el objeto a: 1 + a. Si el goce fálico es discreto y puede equipararse a un número entero, su serie es infinita, mientras que Cantor encuentra que un infinito puede ser mayor que otro, en tanto que un número, al tener un límite, es infinito. El goce fálico es discreto, se equipara a un número entero, cuya serie es infinita. El goce sexual tiene este impase porque es fálico y así no se relaciona con el Otro en tanto sexual.

Lacan recurre a la topología al referirse al espacio de goce que le permitirá incluir al Otro. Los espacios compactos pueden ser cerrados o abiertos y un espacio compacto puede recubrirse de espacios abiertos, obteniéndose un número finito de espacios abiertos. Así pueden ser tomados uno por uno pero encontrando un orden en el tiempo, que no está modulado por el falo, en tanto es el de la contingencia. J.A.Miller lo desarrolla en su Seminario "El partenaire-síntoma".

La exigencia de infinitud sale del Otro, es el superyó el que ordena el goce. El goce del Otro encarnado por el no-toda, no pasa por el cuerpo sino por la lógica de la palabra. El mito femenino de Don Juan que posee a las mujeres una por una no es el del Otro que angustia. El estrago del amor no está del lado del goce fálico sino del de la Otra satifacción, no se trata de la reversibilidad imaginaria sino de la demanda del amor que, en un infinito, pide aún. Es la exigencia del bla-bla-bla de los signos del amor, que pasa por el cuerpo, dejando huellas sobre el muro, sobre el cuerpo.

Rosalba Zaidel

"Punto vivo" del seminario del Campo Freudiano de Barcelona de noviembre de 2008

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