"Punto vivo" del seminario del Campo Freudiano de Barcelona de enero de 2009

Reseña de la presentación de Céline Menghi del capítulo IV del Seminario XX, Aún, en el S.C.F. de Barcelona de enero de 2009

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Seminario del Campo Freudiano de Barcelona 2008-2009
Aún
Jacques Lacan

Céline Menghi recorrió el capítulo IV desgranando las enseñanzas que se extraen cuando se parte del Lacan que se toma por el final. Se trata de un cambio de perspectiva radical en lo que concierne a lo simbólico, señalado por J.A.Miller, que parte del goce, en el punto donde Freud se detuvo, para ir más allá del falo, en una vía que se separa del camino de los post-freudianos.

Si se anuncia aquí una deflación del psicoanálisis: "…no es tan seguro que… pueda cambiar algo", en la actualidad, si bien todo se escucha y se interpreta, el discurso analítico ha sido despojado de su particularidad y las palabras ya no sorprenden al sujeto, mientras se hace consistir al Otro.

La reducción del lenguaje a una elucubración de saber comporta la transformación del inconsciente, una ruptura de la conexión significante habitual: S1-S2, una vacilación en la estructura. J.A.Miller señala que cuando se parte del goce la palabra se vuelve pulsión; gracias al estatuto del inconsciente como real pueden ser escuchados aquellos sujetos en los que el S1 se incorpora sin S2. Ahora bien, la penetración que sufre actualmente el psicoanálisis por el discurso del amo, mutilado de la ética que le es propia, lo reduce a una técnica.

El discurso psicoanalítico se funda en la no relación sexual, en una concepción sobre lo sexual que concierne a la relación con el Otro en tanto Otro cuerpo, donde cada uno se encuentra cuerpo a cuerpo en una relación que fracasa y con su popio exilio. Al nivel del goce el Otro no existe, cada uno está solo en una relacón al objeto.

La compacidad es un concepto matemático: un espacio es compacto y completo si está limitado y permite reducirse a lo finito. La compacidad del goce entemdida con una lógica fálica, "para todos", la del Seminario IV, sitúa a la mujer a la búsqueda del falo como significante de su deseo. La premisa universal del falo es confrontada, por estructura, con la negatividad: tener o no tenerlo. Mientras que el goce más allá del falo, que no se relaciona con el Otro genera una nueva pareja, en este Seminario: goce y amor, la cual supera la barrera entre hombre y mujer impuesta por el goce fálico. Cuando se confunde el goce con el signo de amor es que se intenta hacer Uno con el Otro. Las mujeres atribuyen al amor un valor especial porque les da una compacidad: unidad en el ser. Sin embargo, nada más lejos que la unidad de la compacidad, ya que ésta se define por la falla, la no relación. La compacidad masculina tiene las condiciones del fantasma pues el hombre consigue el goce fálico con la mujer por la vía del fantasma, buscando el rasgo erótico en la serie infinita de las mujeres. La compacidad femenina se complica porque su fantasma no está reducido a un rasgo, no hay razón para una lista y no todas las mujeres, no siempre, experimentan el goce del Otro. Los místicos dan ejemplo de goce sin fantasma.

En esta enseñanza desde el final Lacan, según el desarrollo de J.A.Miller, renuncia a un matema universal del psicoanálisis para feminizarlo según la noción de no-todo. Supone la liberación del mito del caverna de Platón en su esfuerzo por decir algo sobre la posibilidad del cambio del ser. La geometría de Pascal supone que no todo se puede tratar con la geometría y el matema. Tilda al discurso filosófico de "envejecido" porque no puede llegar al cabo de lo real, en una concepción del mundo por la que cae en la ontología, variante del discurso del amo que apunta a poder decir el ser. Así es como el tratamiento de lo singular por el discurso analítico lleva a decir que el diagnóstico llega por añadidura y la insistencia en la experiencia del pase supone una experiencia a ras del hueso del lenguaje.

La referencia a Ricardo Saint Victor le permite mostrar lo que está en juego en el significante, el cual repudia la categoría de lo eterno pero es por sí mismo, en el mismo sentido de la crítica a Saussure que lo calificaba de arbitrario, cuando es contingente. La referencia al Parménides lo postula como precursor de Lacan en la teoría de los conjuntos, donde nombramos con una letra lo que es diferente, porque la letra hace, no designa, y funciona como el conjunto mismo.

Es el signo del deseo y no el del goce el que introduce el amor mientras que la escritura de lo que no se puede escribir se alcanza al final del analisis. Así, la escritura del sinthome es lo que puede suscitar el amor del Otro.

Rosalba Zaidel

"Punto vivo" del seminario del Campo Freudiano de Barcelona de enero de 2009

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