"Punto vivo" del seminario del Campo Freudiano de Barcelona de febrero de 2009

Reseña de la presentación de Laure Naveau del capítulo V del Seminario XX, Aún, en el S.C.F. de Barcelona de febrero de 2009

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Seminario del Campo Freudiano de Barcelona 2008-2009
Aún
Jacques Lacan

Laure Naveau, para introducir el capítulo V, afirmó que J.Lacan nos conduce, tal como el Dante, justo al punto en que entramos en su campo: el del goce. La referencia al texto freudiano "Más allá del principio del placer" permitió señalar que el campo freudiano resulta esclarecido por el campo lacaniano del goce, más precisamente por el goce femenino, en tanto éste no es más que el goce de la palabra.

Lacan opone a Aristóteles, para quien la felicidad en el ámbito de la humanidad mediante la filosofía es la acción que corrige los defectos, y Freud, para quien, más allá del principio del placer, más allá de la satisfacción, está el dolor. Entre estas dos visiones de la búsqueda de placer Lacan sitúa el goce. Tenemos así la primera fórmula: las necesidades del ser que habla están contaminadas por estar complicadas en otra satisfacción, lo cual supone la oposición entre las necesidades y la otra satifacción. El goce de esta otra satisfacción se soporta en el lenguaje, lo cual formula de forma distinta la definición del inconsciente estructurado como un lenguaje, éste ahora descrito como aparato de goce.

La Ética Nicomaquea de Aristóteles no es la del psicoanálisis, por la que Lacan se preguntaba en el Seminario VII. De la ética aristotélica sobre los universales: el bien, lo verdadero y lo bello, puede decirse que acompañan a la otra satisfacción, de la que forma parte la cultura porque vehicula el vínculo social, el cual sitúa al ser que habla en el discurso. Aristóteles es traducido por Lacan en términos lo que no anda en la satisfacción según cierto goce.

La segunda fórmula: la realidad se aborda con los aparatos del goce y como no hay otro aparato que el lenguaje, éste se empareja con el goce en el ser que habla, se completa con el goce que falta, la falta en el Lust, el goce freudiano. Los círculos de Euler permiten representar el lugar del displacer: en la intersección del círculo del yo con el círculo del placer. El encuentro del yo con el goce supone una perturbación que hace caer el Lust. Asi, la ética del psicoanálisis fracasa si se sitúa en el registro del puro placer. Y Lacan critica la noción de desarrollo, en tanto éste sólo supone la hipótesis de dominio por parte del bebé para el que hay un mundo exterior, tanto más si el bebé aún no está en el lenguaje. El principio del placer es primario pero no es primero, es lo real del mundo exterior que se satisface en el bla-bla-bla.

Lacan describe las dos maneras de hacer fallar la relación sexual. El universo, el todo del que nos habla Aristóteles supone para Lacan el "todo se logra", que hace fallar la relación sexual a lo macho: de la manera en que domina el todo. La otra manera de hacer fallar la relación sexual del lado hembra es aquí nombrada por primera vez como no-todo, tema de este Seminario: cuanto más se busca lo que une, la marca de una relación sexual posible, más se halla que no existe.

Lacan espera encontrar algo nuevo sobre la sexualidad femenina pero si las psicoanalistas no hicieron avanzar el tema, supone que hay una razón interna, ligada al aparato del goce, el del lenguaje. Si no podemos decir nada de esa otra satisfacción, se trata de repetir por qué falla la relación sexual más que analizar cómo se logra -que cae del lado del conductismo-. Ello va en la ética del psicoanálisis: el interés por lo que falla en relación a Das Ding, el objeto. La falla como objeto nos distancia de la filosofía porque buscar la esencia del fallar supone la filosofía de lo útil, el utilitarismo, que siguió al eudemonismo (la filosofía que tiene la felicidad como meta). El goce tomado como lo que falta invita a hacer una operación lógica entre lo necesario y lo imposible, en tanto éste es lo que no cesa de no inscribirse. Lo necesario en el goce que falta es lo imposible del goce, que haría falta que no fuese tal.

El goce fálico es opuesto al goce de la palabra y supone que no hay relación sexual porque lo que hay es el goce que haría falta que no hubiese. Lleva a la tercera fórmula: si hubiese otro goce que el fálico haría falta que no fuese ése. Si hubiera otro goce sería el que la mujer calla, el que la vuelve no-toda, porque no puede decir nada de eso. La proposición falsa: hay otro goce, puede implicar, usándola, una proposición verdadera: nos muestra que haría falta que no fuese ese.

El fin de un análisis, en cuanto a la no-relación sexual y el no-todo en el lenguaje, supone que siempre habrá un resto inasible en el análisis. Se trata de un imposible de cada uno en su propia lengua, más allá del recorrido del síntoma al fantasma, el que sería el resumen de la relación a la lengua.

Rosalba Zaidel

"Punto vivo" del seminario del Campo Freudiano de Barcelona de febrero de 2009

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