"Punto vivo" del seminario del Campo Freudiano de Barcelona de marzo de 2009

Reseña de la presentación de Jean-Louis Gault del capítulo VI del Seminario XX, Aún, en el S.C.F. De Barcelona de marzo de 2009

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Seminario del Campo Freudiano de Barcelona 2008-2009
Aún
Jacques Lacan

Jean-Louis Gault tomó la Lección VI por la problemática que se plantea a partir del goce que habita en un sujeto ordenado por la palabra: si se trata de un goce autista, aislado ¿cómo reintroducir la relación al Otro? J.Lacan postula el amor del ser hablante en esa relación. Así, reflexiona en este Seminario sobre el amor en la filosofía y en la teología: si es posible el amor egoísta ¿cómo entender el amor al prójimo? En términos lacanianos: si partimos del ser hablante como ser de un goce autista enraizado en el propio cuerpo, goce fálico, goce Uno ¿cómo relacionarlo con el Otro que tiene un cuerpo, sexuado, distinto? (En-corps: goce en el cuerpo; encore: aún más signos de amor del Otro).

El concepto de goce como obstáculo -razón de que no haya relación sexual porque el goce fálico no está en relación al Otro sino al falo, y en los dos sexos- se diferencia del concepto freudiano del goce, que se extiende más allá de la genitalidad, a la pulsión, la cual circula. Lacan separa pulsión de sexualidad porque ésta supone relación de un cuerpo sexuado a otro cuerpo diversamente sexuado, cuando el goce del cuerpo propio no circula, anclado en el goce fálico, Uno y autista.

El amor que Lacan introduce aquí encarna la relación al Otro y se realiza en el discurso, donde existe el lazo social, al cual el goce fálico hace obstáculo. A la vez, donde falla el goce existe la palabra, la otra satisfacción. Es a partir de "Tres ensayos…" de Freud que se entrecruzan palabra y satisfacción y es por esto que Lacan plantea el anudamiento, que no la relación.

Entonces, ¿qué relación entre el amor, que está en relación al Otro, y el goce, que está aislado? Aquí es el amor femenino el que responde porque el goce fálico tiene una falla, no se satisface en su autismo y hace que el sujeto busque en el Otro un complemento; pérdida de goce que se colma con el objeto a, el complemento a la falta del goce fálico.

En la sexualidad femenina amor y goce se entretejen porque incluye una dimensión de goce en el amor al Otro. J.-A.Miller dice que la función teórica de la sexualidad femenina en Aún revela una verdad que vale para el goce en cuanto tal, también del lado del sujeto masculino, porque descubre que en el goce hay una falla. Ambos sujetos encuentran una falla y una respuesta distinta. Así, hay dos valores para el amor: el amor narcisista, imaginario y el Otro amor, el femenino y el de los místicos. Lejos de la tradición freudiana del amor como repetición, surge un amor concebido a partir del exilio del sujeto que busca en el Otro un anclaje.

La tradición medieval -cómo amar a Dios más que a sí mismo, el amor físico (phisis=naturaleza), Santo Tomás y la doctrina del amor por la propensión natural de los seres a buscar su propio bien- supone una identidad natural, aunque secreta, entre el amor natural y el amor a Dios. De aquí proviene la referencia de Lacan al Uno. En oposición, el amor extático supone una dualidad radical entre el amante y el amado, precisa de la libertad porque no tiene otra razón que el amor mismo y es violento porque contraría los deseos naturales, no se sacia más que con la destrucción del sujeto que ama, que debe salir de sí mismo para relacionarse con el Otro. Lacan introduce a la mujer, ausente en estas consideraciones teológicas y filosóficas: si para Freud el fundamento de Dios está en el goce reprimido, negado, pero que no desaparece ("Una neurosis demoníaca del siglo XVII"), para Lacan, Freud intenta racionalizar el goce, el cual no se aloja en la prohibición sino en la no relación sexual. El goce extático da cuenta, no del goce prohibido, sino del goce suplementario y por ello la esencia natural de Dios se extrae a partir del goce femenino, el cual excede toda medida y en cuanto tal introduce el infinito, dando lugar a la religión.

La referencia a la enstasis, instancia aristotélica, permite a Lacan en Mi enseñanza, oponer el sujeto en el discurso como lazo social y la sustancia, goce singular del sujeto hablante, que hace a dos seres incomparables. Singularidad que nunca se borra en las proposiciones universales de la tradición filosófica. Ésta intenta siempre reducir la falla de la substancia, que es singular, así como al sujeto del discurso. La enstasis aristotélica es la existencia, excepción que contradice la lógica universal. Lacan incluye la excepción en la proposición universal del sujeto, en la falla del goce fálico, reinterpretando la enstasis con el no-todo, a partir del concepto de infinito.

Rosalba Zaidel

"Punto vivo" del seminario del Campo Freudiano de Barcelona de marzo de 2009

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