"Punto vivo" del seminario del Campo Freudiano de Barcelona de mayo de 2009

Reseña de la presentación de Pierre-Gilles Guéguen del capítulo VIII del Seminario XX, Aún, en el S.C.F. de Barcelona de mayo de 2009

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Seminario del Campo Freudiano de Barcelona 2008-2009
Aún
Jacques Lacan

Ser y a

Pierre-Gilles Guéguen hizo hincapié en la referencia a la exposición en este Seminario de Jean-Claude Milner, para introducir su comentario del capítulo VIII, señalando que Lacan nunca hizo un uso ortodoxo de la lingüística sino en el seguimiento de sus transformaciones. La interrogación sobre si nominalismo o realismo en la lingüística se traslada al psicoanálisis; tuvo por objeto responder por una práctica que produce efectos sobre lo real. Es decir, si hay un saber en lo real ¿cuál es la operación analítica ejecutada mediante la lingüística? Igualmente, si de las dos formas de pensar la ciencia por la lingüística: inductiva o deductiva se deduce la crisis en la que se halló la lingüística en los años '70, ésta es homologable a la del psicoanálisis, porque la pregunta por el lenguaje, en tanto tesoro del Otro, si éste forma parte del discurso analizante o es algo diferente, ataca la naturaleza misma de la interpretación.

El nominalismo supone tomar al psicoanálisis como una narración en la que el analista está incluido, mientras que el realismo dicta una técnica del análisis y de la interpretación. El análisis lacaniano es ambos o ninguno, porque el uso del silencio supone dar lugar a la pulsión, mientras que las palabras que se dicen han de ser raras, pocas pero que alcancen el objetivo, que hieran, marcando los cuerpos. Así, la interpretación crea el inconsciente como real, pulsional.

Sobre la relación del objeto a con el ser: Lacan aquí rectifica, el objeto a está ahora del lado del semblante, del lenguaje. Si en 1967 el final del análisis "hace ser", no encuentra su ser ni se identifica con su ser, ahora se trata de un momento evanescente de la falta en ser. J.-A.Miller, en el cap. 8 de La naturaleza de los semblantes lo comenta así: por primera vez Lacan invita a considerar real, simbólico e imaginario como registros equivalentes, de aquí los desarrollos en relación a los nudos. El goce ya no está localizado en lo imaginario (Seminario IV), ni en el sentido en lo simbólico (Seminario XI). Ya no es lo imaginario que se dirige a lo simbólico como lo verdadero, sino lo simbólico que se dirige a lo real, como verdadero. Inclusive lo simbólico resulta un efecto de lo imaginario y el estatuto de la verdad en el momento del pase ya no pasa por el objeto a, pues éste "es la sombra que se hace pasar por el ser".

La incidencia sobre la interpretación remite a lo que descansa sobre el goce, mostrando el concepto de la letra como la fuerza del significante sobre el cuerpo, intricación entre goce y palabra. Miller enseña en su curso actual que cuando interpretamos no escuchamos sino que leemos, es decir, no interpretamos a partir de una técnica sino que proponemos una versión sobre lo que escuchamos. "No es una palabra que responde a una palabra, es una lectura." La homofonía sólo es posible mediante la ortografía porque el inconsciente conoce la gramática y la lógica se sostiene en lo escrito, sujeta al principio de contradicción. El efecto de lograr hacer pasar algo en el testimonio del pase se consigue si éste permite que haya una lectura.

La consideración del falo como semblante, en tanto la verdad es mentirosa y la realidad es una interpretación imaginaria de lo real: si en "Subversión del sujeto..." el falo es significante del goce imposible de negativizar, ahora Lacan abre la pregunta sobre el goce en tanto goce femenino. La realidad psíquica está ordenada a partir del semblante fálico porque la mujer obtiene el goce a partir del falo. Que el goce tenga un significante es una paradoja, ya que el significante sólo es tal si puede oponerse a otro, negativizarse. El falo, phi mayúscula Φ , entonces, designa un goce más acá de la castración.

El objeto a se entiende como semblante, no estructura ni substancia, resultado de una operación de extracción, aquella que se opera por la interpretación, sobre el cuerpo del paciente y sobre su goce. El goce no se desvanece sino que algo de la palabra ha tenido un efecto sobre ese goce, el sinthome en la última enseñaza de Lacan.

Acerca de la pregunta por el ser: óntico no es ontológico en el psicoanálisis y se trata de la decepción simbólica. En el mito de la caverna de Platón las esencias no se alcanzan, la religión se funda en creer que es posible pasar de lo universal a lo particular por la vía de la existencia. La vía del psicoanálisis, ahora, no es la de la existencia ni la de las esencias porque no hay universal del goce, ni relación entre los sexos, así que no podemos satisfacernos de las esencias. Hacer existir el inconsciente, como lo real en psicoanálisis, donde el axioma es "hay el inconsciente", supone, sin embargo, tratar de anudarlo a los semblantes, mixtos entre lo simbólico y lo imaginario.

Rosalba Zaidel

"Punto vivo" del seminario del Campo Freudiano de Barcelona de mayo de 2009

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