Sobre las presentaciones de casos, en el eje del curso 2009-2010

Contribución a la sesión inaugural del SCFB del curso 2009-10

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El Seminario del Campo Freudiano, que ya tiene veinticinco años de andadura, ha contado siempre con la disposición de los miembros y socios de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis para exponer casos, viñetas clínicas, pasajes importantes en los análisis en curso o llevados a término; en suma, someter a la luz del auditorio en formación lo que denominamos su acto.

Entiendo que si hay un afán de enseñanza, se puede esperar un efecto de transmisión. Porque es en el eje de la transmisión que se manifiesta la disposición a escribir lo que la construcción de un caso enseña. Este efecto es posible porque la presentación de un caso se hace siempre frente a una comunidad que comparte una experiencia, y es la razón por la que aludimos al auditorio y no al público, a los participantes y no a los oyentes.

He revisado las oportunas reflexiones que sobre el tema aportaron mis colegas Margarita Álvarez, Laura Canedo y Eduard Gadea, en función de los ejes clínicos que abordábamos en cada momento de este Seminario, así como las indicaciones muy precisas de Guy Briole, Marta Serra para la construcción del caso. En la web Nodvs también encontrarán los textos preparatorios de la Jornada Clínica dedicada al relato del caso, donde resuena el tratamiento que le dio en su curso J.A.Miller, a finales de 2001, con la contribución, entre otras, precisamente, de nuestra docente invitada para la sesión de hoy, M.H.Brousse.

Quiero resaltar que la cuestión de la escritura de las comunicaciones en psicoanálisis está a debate y es de rabiosa actualidad. Recomiendo vivamente la lectura de los fundamentos del mismo en el número 31, el último de Cuadernos de Psicoanálisis, la publicación del Instituto del Campo Freudiano. Incluso cada día, se pueden encontrar las comunicaciones que J.A.Miller edita en el boletín on-line con motivo de la preparación de las Jornadas de la Escuela de la Causa freudiana, en París, en noviembre próximo. Podrá apreciarse la importancia que reviste afrontar de la mejor manera las dificultades en la transmisión, dado que ella es parte sustancial de la formación de los analistas. Entre otros aspectos interesantes dice que el acto (en cursiva en el original) de escritura tiene una estructura distinta que el acto analítico, que excelentes clínicos redactan bastante mal, en suma, que la selección de una ponencia no es más que un comienzo y que el combate continúa con el lenguaje. En este sentido, convoca a los miembros veteranos, y con gusto por lo bien escrito, a tomar parte y no declinar la tarea de ofrecer y articular una formación en este aspecto a todos aquellos que han accedido más recientemente a las entidades y asociaciones del Campo freudiano.

Una paradoja podría plantearse: ¿qué se espera transmitir? La respuesta para una clínica lacaniana es el acto analítico. A la vez, decimos que la exposición del caso no es la biografía del sujeto en análisis y que construir el caso no es detallar una cronología. Ello no contradice la afirmación de que se trata de una clínica que apunta a lo real. La aparente paradoja se resuelve desarrollando ese "apuntar a lo real", aquello que, por efecto del análisis y no sin la ética del sujeto, hace su aparición para él mismo, generando lo que Lacan llamó efecto de verdad. Este mismo efecto puede llevar al analista a desear transmitir lo que es su propia relación con el misterio de aquello con lo que trata y creo que es así como se genera en el auditorio una experiencia de encuentro.

Una definición de Lacan de la noción de acto analítico lo señala, en esencia, como una ficción, en tanto se trata, nos dice, de que el psicoanalista finja olvidar que su acto es ser causa del proceso, donde el hacer está del lado del analizante. En el prefacio de "Un comienzo en la vida. De Sartre a Lacan", J.A.Miller relata que el filósofo J.P.Sartre le confesó que "nadie hubiera conseguido que reconociera que su acto no era sino un gesto". Por su parte, Lacan no fingía, no hacía "como si", "pasaba por los "semblantes", pero era para, de ellos, atrapar lo real (...) Lacan creía en lo real, hasta el punto de declarar un día que ése era su síntoma.1

La construcción del caso intenta transmitir dicho acto, construcción que se basa en el saber elaborado en el trabajo analizante bajo transferencia, saber que es tal porque ha tocado el goce del sujeto. Es en esta perspectiva que propusimos a los colegas, que nos presentarán los casos clínicos este año, que tomaran como eje de sus presentaciones aquellos momentos en que pudiera señalarse al sujeto del inconsciente. Podemos leer en el Seminario XI, que hemos comenzado a trabajar este año: "El inconsciente es los efectos que ejerce la palabra sobre el sujeto, es la dimensión donde el sujeto se determina en el desarrollo de los efectos de la palabra... La dirección indicada para evitar que cualquier aprehensión del inconsciente tenga como mira una realidad que no sea la de la constitución del sujeto...(es que) estamos todos los que en esto estamos, aun quien enseña, en una relación con la realidad del inconsciente que nuestra intervención no sólo saca a la luz, sino también engendra, hasta cierto punto."2

En toda presenación de un caso se plantean y desarrollan dos vertientes, a saber, una epistémica y otra contingente, azarosa. Y este ejercicio supone un esfuerzo que arranca con Freud mismo, quien, con la presentación de casos, quería demostrar la lógica del inconsciente funcionando, pasando del puro relato o narración terapéutica a la lógica del "los dichos del inconsciente". Este es la vertiente epistémica, la vertiente de la seriación necesaria, poner en serie, justificar la gravitación de la lógica significante en el campo del goce, en palabras de E.Laurent.3

En esta vertiente epistémica de la presentación de casos, Miller apunta, del Seminario XI en su versión inglesa, que los cuatro conceptos pueden esquematizarse gracias a los casos clínicos relatados por Freud, a saber: El concepto de inconsciente como sujeto, basado en la histeria porque la estructura clínica de la histeria presenta este privilegio del deseo; así, se pueden leer los capítulos del inconsciente poniéndolos en relación al "Caso Dora". En cambio, nos dice, la repetición se ilustra mejor con la neurosis obsesiva, por lo que Lacan se refiere a la compulsión de repetición del Hombre de las Ratas, es decir, los capítulos sobre la repetición pueden ser leídos a través del caso del Hombre de las Ratas. Los capítulos sobre la transferencia nos permiten dar cuenta de las mentiras de la histeria, mientras que los capítulos sobre las pulsiones se refieren esencialmente a ese aspecto de la experiencia analítica que no miente.4

En 2004 mis colegas trabajaron también la recomendación de Lacan, citada por Pierre Malengreau, a saber, en cuanto a "la clínica psicoanalítica consultar a los psicoanalistas, para que ellos den cuenta de cuán aventurada es su práctica. (Ornicar? 9 p.14)".5 Esta es la otra vertiente, la que en el texto "Los inclasificables de la clínica" Miller señala como la de la sorpresa, el "Einfall" freudiano, lo que acaece, aquello que testimonia del encuentro con lo real ocurrido bajo transferencia. El testimonio por antonomasia de este encuentro es el pase porque el pasante da testimonio de su caso, y se espera que lo haga en esa doble vertiente, en la fundamentación epistémica y en la clínica de lo contingente.6

Entonces, esta práctica analítica así descrita como una aventura se apoya, sin embargo, en el control -del cual decimos que no controla dicha práctica sino el acto del analista-. ¿Qué aventura vale la pena si no puede ser relatada? Sin embargo, lo que se espera de una exposición como ésta es que ella testimonie, en el relato del caso, de la posición del analista respecto a su acto, a lo largo de la cura, sin solaparse detrás de una ilusoria objetividad del caso.

Y aquí es donde surge nuestra discordancia con los postfreudianos, con los neurocientíficos: ¿cómo se puede hablar de experiencia analítica, si lo objetivo del caso es accesorio? ¿cuál es la materialidad de dicha experiencia? ¿qué es ese real al que se apunta?

Para esta intervención, y recomendando vivamente la lectura de los trabajos anteriores de mis colegas sobre el tema, propongo responder a estas preguntas por el lado del acto, por el lado de lo que una audiencia prevenida espera oír, por aquello de lo que en verdad el analista querría dar cuenta, quiere que se oiga. El acto, que en psicoanálisis reviste el mayor interés para que tenga lugar la experiencia analítica, es el acto fallido, porque es el acto que da cuenta precisamente de lo que hace síntoma, lo que no va, de eso que interrumpe y de lo que el hablante no quiere saber nada, como veíamos el año pasado con el Seminario Aún. En este Seminario "Los cuatro conceptos del psicoanálisis", que testimonia de la necesaria ruptura con la tradición y, al mismo tiempo, del compromiso inquebrantable con la transmisión, Lacan señala el lugar fundamental de la hiancia, la falta en ser -la cual aparece sugerida por el mismo J.A.Miller en tiempo real, en la lección III de este Seminario7-. Esta falta en ser, aquello que por faltar en lo real, por fallar, produce la inmersión del ser viviente en el lenguaje, precisamente se manifiesta en el acto fallido y decimos que tiene una función estructural porque hace emerger, bajo transferencia, al sujeto del inconsciente. En la comunicación de un caso bajo esta clínica, intentamos producir una enseñanza explicando cómo el analista se las arregla para mantener abierta la posibilidad de esta emergencia.

Si la ciencia experimental se basa en ir a recoger la información de lo que ya está allí, lo que ya se sabe, para verificar la tesis que inicia la investigación, en el acto psicoanalítico la experiencia se funda en supuestos que son desconocidos, justamente, porque el punto de partida es el acto fallido, lo que señala un intervalo indeseado, un agujero enigmático. Tal vez por eso dice Lacan que el acto psicoanalítico atañe a aquellos que no hacen de él profesión, situándose frente a los dichos del inconsciente, cada vez, como si fuera la primera, interrogando sin cesar sobre la inadaptación del goce, sobre lo que se juega en la vida del sujeto como imposible, sobre la insistente incongruencia de los sexos. En este sentido, buena parte del curso pasado de J.A.Miller pivotó sobre un artículo muy tardío de Freud donde él analiza su propio acto fallido en la escritura de una nota, buscando lo que ese lapsus calami le enseñó.8 Se trata de que ese acto obtiene, por el análisis, su inscripción significante, mostrando así por qué dice Lacan que es el centro mismo del acto analítico.

Es una respuesta parcial a las preguntas que planteaba antes, formuladas por un interlocutor un poco suspicaz, pero si los cuestionamientos quedan pendientes pueden ser mucho más fecundos que las respuestas fulgurantes. Tenemos un curso entero por delante, enseñantes afanosos y participantes receptivos entre los que la lectura, la escucha y el debate y la escritura serán posibles.

Rosalba Zaidel

Sobre las presentaciones de casos, en el eje del curso 2009-2010

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