"Punto vivo" del Seminario del Campo Freudiano de Barcelona de noviembre de 2010

Reseña de la presentación de Elvira Guilañá de los capítulos III y IV del Seminario 3 de Jacques Lacan, Las Psicosis, en el SCFB  en Enero 2011

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El mínimo elemento

Elvira Guilañá introdujo su comentario sobre los capítulos III y IV situando este Seminario, contemporáneo a la emergencia de una incipiente neurobiología, donde Lacan elabora el concepto de Otro fundamentado en el anudamiento imaginario-simbólico, así como en el anudamiento y constitución paranoica del yo; la estructura del fenómeno psicótico: un elemento de funcionamiento mínimo que se caracteriza por la emergencia de una significación que no tendrá sentido para el sujeto. La experiencia elemental de la perplejidad estudiada por la psiquiatría y los trastornos del lenguaje entendidos como déficits dan cuenta para J.Lacan del funcionamiento del lenguaje y, a la vez, del elemento que nunca entró en la simbolización

Sobre el capítulo III, el relato schreberiano y su desencadenamiento que Lacan lee en los tres registros: el simbólico por el nombramiento en la Cámara, el imaginario en la figura de ser pareja de Dios y el real por los fenómenos corporales.

Se trata de detectar los fenómenos elementales para distinguir los elementos mínimos del conjunto delirante que suponen la ruptura entre significante y significado. Lacan advierte del tiempo necesario para detectar esos trastornos del lenguaje que evidencien la estructura psicótica, sin caer en la trampa de suponer que las cosas son el significado porque es la realidad incidida por el significante lo que produce la significación. Estamos al nivel del significante en su carácter material. Se trata de palabras de uso común que toman un lugar distinto en el discurso sin remitir a una significación. El sujeto no tiene ningún deseo de hacerlo reconocer por el Otro porque le vienen impuestas precisamente por el Otro, deteniendo la significación como una plomada en la red del discurso.

La palabra se distingue del lenguaje porque va dirigida y a la vez hace hablar al otro, siendo sus caracteres fides y fingimiento. El Otro absoluto funciona en relación a la neurosis: comunicación es testimonio, el Otro es reconocido pero no conocido ya que conocer supone objetivar, mientras que reconocer es apostar por el ser. En la psicosis hay una exclusión del Otro que, siguiendo el esquema “L”, pone en su lugar al sujeto del inconsciente y no al yo, ya que éste se constituye como paranoico. Se trata de una identificación que despierta el deseo como Otro, unificado a partir del estadio del espejo. Alienación imaginaria de la que se sale por el reconocimiento del Otro. No se trata de la proyección, que no da cuenta de la estructura y que no es privativa de la paranoia.

Los mecanismos de la paranoia son descritos por Freud en el caso Schreber a partir de elementos gramaticales del lenguaje que dan cuenta del compromiso entre las defensas del yo y la pulsión: la represión ejercida sobre el verbo, sobre el objeto o sobre el sujeto, el delirio de persecusión, el mecanismo de proyección que se acerca al de la denegación, las intuiciones interpretativas de lo real, la erotomanía como defensa por la reversión en lo contrario, la evitación de la alienación que supone la resistencia heroica ante los signos de que el Otro no le hace caso, el delirio celotípico que supone una alienación invertida (no soy yo, es ella quien lo ama). El delirio, en fin, como indefinidamente repetible.

El capítulo IV da cuenta de que tanto en la neurosis como en la psicosis hay un trastorno con la realidad mediado por la realidad psíquica. Si en el sujeto neurótico lo reprimido retorna en lo simbólico, en la psicosis la realidad está provista de un agujero que el delirio suplirá pero que supone una ruptura con el mundo exterior. La catástrofe subjetiva supone una retirada libidinal y una reconstrucción en el delirio. A partir del caso del Hombre de los Lobos y sus “virtualidades paranoicas” Freud destaca que el paciente desestimó la castración, como si no existiera, pero no se trata de la represión o la proyección. Significante de la castración que resurge alucinatoriamente en el episodio del dedo cortado y que se repite con el agujero en la nariz mucho más tarde. Verwerfung o abolición simbólica que supone abandonar la proyección porque ésta no explica el retorno de lo real en la alucinación del caso relatado en este capítulo: “marrana-vengo del fiambrero”. Se trata de un delirio a dos donde el personaje fundamental es la vecina vivida como intrusiva y el elemento es haber escuchado “marrana”, mensaje que vuelve en forma invertida. Se trata de la exclusión del Otro donde lo que concierne al sujeto es dicho por el pequeño otro situado en el eje imaginario del yo. En el lugar de la respuesta está “vengo del fiambrero” y en el de la alocución, “marrana”. Interrupción de la palabra plena posterior a la forclusión, parasitada por el eje imaginario. La palabra plena implica el reconocimiento del Otro que le da peso simbólico pero es desviada por el yo y su imagen. Lacan distingue la interlocución normal, donde existe la investidura del Otro, de la interlocución psicótica, donde se anticipa la respuesta a la alocución del Otro en un cambio de registro: la transferencia de lo simbólico a lo real, en palabras de J.A.Miller.

Rosalba Zaidel

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