"Punto vivo" del Seminario del Campo Freudiano de Barcelona de junio de 2011

Reseña de la presentación de Marie-Hélène Brousse de los capítulos XXII al XXV del Seminario 3 de Jacques Lacan, Las Psicosis, en el SCFB de junio de 2011.

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Paraules clau

Benveniste, Apollinaire, psicosis, sujeto, yo, objeto.

Marie-Hélène Brousse señaló que los capítulos del XXII al XXV, una vez atravesado el momento fundamental del punto de almohadillado, la joya de este Seminario, se reiteran en una investigación donde J. Lacan se enfrenta con aquello que anuncia: el Seminario que vendrá “al nivel del yo y del tú”. Aquí retoma la cuestión entre lenguaje y palabra pero no apunta a la combinatoria significante como tal sino a la otra vertiente de la experiencia humana.

Si reducir a dos o tres personas de la conjugación de los verbos: yo, tú y el “se dice”, el “uno”, implica la dinámica del sistema significante que no supone el punto de capitón ¿cómo pensar o reintroducir la subjetividad? Es así como se estructura en este Seminario la “personización”, con el ejemplo de una anécdota galante de Lacan: soy “el que no te abandonaré” o bien “que no te abandonará” dice él, a lo que ella responde: “respuesta obvia”.

La referencia a Benveniste: en el nivel de la lengua hay dos listas de verbos que implican al sujeto, resultado de la combinatoria del significante, por un lado y por el otro, algo de lo vivo que no tiene que ver con esa combinatoria.

La referencia a Apollinaire dejó el enigma del autor diciendo a sus lectores: “ese monstruo…”, presentado como “resorte de los hombres, relación padre-hijo con la madre” que espera que reconocerán.

De ambas referencias y la anécdota galante surgen dos preguntas: ¿por qué no interesa el cambio de personas de la proposición principal a la subordinada a las mujeres que hay que seducir? Y ¿quién es el monstruo?

El “monstruo Chapalu” es heterogéneo, hecho de trozos, conjunto de objetos. Lacan se dirige a otro mito, en lugar del Edipo: jamás será prolífico, eco de la procreación como condición del desencadenamiento de Schreber, el Nombre del Padre como significante que falta. Chapalu está fuera de la combinatoria significante, voz activa frente al “ser padre”, que está del lado de la voz mediana; todo lo vivo que no es del orden del sujeto es la libido, el hilo que seguirá Lacan en el seminario siguiente: el objeto, la perversión y la neurosis. Ese monstruo de Apollinaire representa el cuerpo antes del estadio del espejo, yo despedazado, el cuerpo humano antes de ser padre, por eso pide al encantador la descendencia, pide también la voz, la posibilidad de someterse, desaparecer en la cadena significante, pide su ser de sujeto.

Flotan sobre estos capítulos: 1) la sombra del falo, o el objeto; si en la psicosis falta el significante lo que vendrá es lo que no se deja reducir al significante: el objeto, en la fobia, en la perversión. Lacan establece que no se puede entender la diferencia entre neurosis y psicosis a partir de la relación padre-madre-hijo porque se necesita el falo como operador; 2) la diferencia, por primera vez, entre otro y Otro, el otro semejante y el Otro sin el cual no es posible analizar. Lacan intenta reducir estos dos temas por medio del trabajo sobre las voces de los verbos que sitúa en otro registro que los significantes. El “tú” que no necesita estar presente es el superyó, porque tiene un estatuto imperativo, así como la ley, sin dialéctica. Implica la voz interior, contraria a la posición del analista, porque se trata del “saboteador interno” y debe evitarse en la interpretación pues del lado del analizante psicótico la división subjetiva no es utilizable, sino enmascarándola con la maniobra de la división subjetiva del analista. En la neurosis existe la posibilidad del “no” como defensa del ego frente al Otro malévolo.

La psicosis permite pensar la diferencia entre “yo” y “tú” porque están en el eje imaginario, siendo el tú un mandato, llamada del Otro que implica abolición del yo. La frases interrumpidas de Schreber: el yo se desvanece y el Otro ocupa su lugar, porque no hay significante que pueda responder en el lugar del Otro, responde en el eje imaginario. El “je” no es el ego, “je” es el sujeto cuando el ego desaparece en los objetos y la imagen. Estricto correlato de la aparición del sujeto. El desvanecimiento del ego es el estatuto del sujeto lacaniano. 

La categoría de carretera principal y las vías secundarias supone la función del significante y el haz de las significaciones. Elementos que se ubican del lado del ser, no del lado de la existencia y que Lacan intenta reducir a un elemento significante: el Nombre del Padre, el falo. Tal como en la psicosis, cuando falta un significante, se moviliza el sistema para rodear el hueco, Lacan moviliza todo el saber humano para reducir lo que en la interlocución no se reduce a un significante: el arte, la poesía, la lógica, para hacer entrar dentro de la combinatoria lo que se sigue resistiendo. La teoría lacaniana cambia el paradigma freudiano de la psicosis basado en la defensa narcisista ante la castración y la homosexualidad: se trata de un significante que desencadena el hueco, el significante procreación, y hace surgir el vacío de ser padre, problema que sutura el significante, vacío que moviliza el delirio, las carreteras secundarias, bajo la forma de suplencia, no de defensa, ante la ausencia de la carretera principal.

Finalmente, Lacan se decide: el tú es una invocación porque hay voz, que reemplaza la misión, el mandato. La traza del objeto que queda de la voz de un mandato simbólico.

Rosalba Zaidel

"Punto vivo" del Seminario del Campo Freudiano de Barcelona de junio de 2011

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