"Punto Vivo" del Seminario del Campo Freudiano de Barcelona de mayo de 2012

Reseña de la presentación de Vicente Palomera de los capítulos XIX a XXI del Seminario 16 de Jacques Lacan, De un Otro al otro, en el SCFB de mayo de 2012.

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El objeto a es un agujero

 

Vicente Palomera introdujo los capítulos XIX, XX y XXI recordando que en este Seminario, verdadero taller, J. Lacan -en su búsqueda en torno al goce inarmónico respecto al sujeto-, sigue pistas que lo llevan a  definiciones paradójicas como la de un Otro que da forma al objeto a. Recurre a la topología y a la lógica para dar cuenta de este objeto que está fuera del sujeto, el cual lo lleva a extraviarse respecto al goce.

Es un seminario eminentemente clínico, que presenta de manera lógica y ordenada las formas que toma el Otro y sus transformaciones en relación a este objeto paradójico, el objeto a. Miller recuerda las distintas definiciones del Otro en la enseñanza de Lacan :  1) el Otro como lugar de la verdad, virtual y diferente a la posición de los locutores, 2) como lugar del código, 3) como tesoro de los significantes, el diccionario, 4) como tomado por el código fonológico, 5) como S(A/), escisión de la verdad, 6) como Sujeto-supuesto-Saber, y, ahora en este seminario,  7) como Otro laminado (Freudiana Nº 57). Se trata pues de la topología del Otro en este Seminario.

Del lado del objeto a, ya no se trata del objeto que viene a completar la falta del sujeto, en su versión simbólica ($¨a), sino que se presenta como plus-de-gozar, el cual, separándose, agujereando al sujeto, produce este Otro, que presenta una estructura laminada, Otro que tiene un relieve, es decir, no es plano ni es código sino un nuevo Otro que se repite bajo diversas capas.

Lacan tiene que inventar neologismos para dar cuenta de la especificidad del psicoanálisis, aquí enforme, lo cual se traduce al castellano por horma, con la acción de ahormar. Se ahorma un objeto al ajustarlo en una horma que mantiene la tensión. Tensión entre a y A que está en el centro de este Seminario. Lacan trata de pensar cómo se pasa del rasgo del sujeto a la horma (enforme) del Otro. Lacan demuestra que al pasar a la horma del Otro el rasgo del sujeto se borra de diversas maneras, dependiendo de las formas del objeto a. Un análisis es una lectura de esas huellas. Desde la carta 52, Freud advirtió que el síntoma era un “borramiento” de las huellas que inscriben la memoria del goce traumático, que el síntoma es una transposición de esas huellas y que leer un síntoma era restituir ese secreto borrado.

Hay pues un objeto a pero éste puede tomar diversas formas: oral, anal, escópico, invocante. Lacan señala que cada una de esa formas del objeto a corresponde a una figura topológica: la esfera, el toro, el cross-cup y la botella de Klein. Digamos que Lacan apunta a cuatro distintos modos por los que el sujeto se borra y que son soportados por el enforme del objeto, objetos corporales del a.

Lacan causa una cierta alarma entre sus discípulos al oponer en este Seminario la consistencia lógica del objeto a frente al Otro inconsistente. Recordemos que, en el Seminario 10, en el tratamiento del caso del Hombre de los Lobos muestra cómo el sujeto puede borrarse y verse superado por la situación traumática  cediendo su posición de sujeto en el momento de la escena primaria: en ese instante, cede, suelta un objeto, se hace ese objeto que ofrece ante la escena, objeto anal. También en el Hombre de las Ratas el sujeto, al no sostenerse en la situación traumática, cede su lugar al objeto. En cada momento en que el sujeto se encuentra con el agujero en el Otro, cede su lugar al objeto. En “Del Trieb de Freud al deseo del analista”, Lacan ilustrará esta operación con el ejemplo de la lagartija que suelta la cola para salvarse. Pero este objeto de la separación, extraído del cuerpo, pura “consistencia corporal” (como Lacan lo abordó en el Seminario X ) resulta tener aquí en el Seminario XVI una “consistencia lógica”. Lo que impone la estructura topológica del Otro es el objeto a, el cual está hecho de un agujero que tiene bordes, los cuales atraen, “aspiran” el goce particular del objeto (oral, anal, vocal, escópico) y le imponen una forma. El objeto a “ahorma” el goce y así descompleta al Otro. Ese objeto a tiene pues la sustancia del agujero y también depende de la materialidad del goce propio de cada objeto que va a moldearse sobre este agujero. Las formas episódicas del objeto se moldean sobre esta ausencia (p. 227). Citando el “Comentario al informe de Daniel Lagache” (p.230) Lacan recuerda que el objeto a moldea el vacío a propósito de das Ding, la Cosa.

         El esquema del conjunto vacío atraviesa todo el Seminario. La consistencia lógica del objeto a se muestra en el hecho de que toda cadena metonímica siempre choca y fracasa al encontrarse con el conjunto vacío del objeto a, la forma presente de lo que será captado y atraído por ese agujero y que se moldeará siguiendo la materia del goce en juego (oral, anal, escópica, invocante). Este molde hay que tomarlo en la serie de lo que puede ser también algo para engañar, superposición, inserción de algo para indicar el lugar del Otro en el vacío que atrae hacia sí la palpitación de la vida. Lo que se moldea en este vacío puede ser extraído siguiendo las huellas dejadas por el sujeto donde se reorganiza la repetición. El sujeto se angustia cuando descubre que ha perdido las huellas, como Pulgarcito al perder las piedras que le permitían reconstruir el camino de vuelta a casa.

El en forme, en su papel de mediación, plantea la apertura del goce y el plus-de-gozar, que se presenta como un elemento contable, unidad de goce que aparece como suplementario para ser contabilizado. Es lo que llama Uno en más que reaparece en toda contabilidad. Lacan va del Otro simbólico organizado en torno a la ley, del imperio y su ley, al emporio, donde está en juego el 1 de la contabilidad. Vemos comenzar en este Seminario el pasaje en Lacan de la axiomática dominada por el Otro y lo simbólico a una nueva axiomática dominada por el Uno y el Goce, por el Uno del goce. Entramos el régimen, no del Uno de la unidad, sino del Uno como unidad contable.  Ya no se trata del Otro simbólico definido como un conjunto o como una cadena (S1àS2), sino de Otro definido como una serie. Lo que llevará a Lacan a definir el inconsciente como una serie de S1 (essaim), enjambre de 1 que no hacen cadena. Entonces, este Otro topológico que Lacan presenta en este Seminario está hecho de 1 que se repite, formando capas. Ahora bien, en la lógica de la serie, a diferencia de la lógica del conjunto, o de una cadena, la cuestión reside en averiguar qué elemento cierra la serie. Lacan piensa que extraer la horma de la repetición es posible si llegamos a conocer la lógica de la serie del 1 que se repite: 1(1(1(1…))) (p.273). Enseguida aparece el esquema de la p.274, cuando aparece el 1 con una flecha hacia abajo donde aparece el a por efecto del conteo, es decir, deducible y podríamos decir que “padecidos”; Lacan señala los efectos de a en el campo de lo imaginario: angustia, objeto fóbico, alucinación.

Toma como ilustración un caso de Helen Deutsch que muestra la importancia del “giro de lo simbólico a lo imaginario” para que aparezca el a. Se trata de la historia de una fobia infantil que evoca el paraíso infantil de Juanito: ser el falo de la madre. Pero vemos cómo este niño era contado en el Otro por sus efectos imaginarios. Nominación por el objeto de lo que el sujeto era, sin saberlo. Interpretación salvaje con efecto traumatizante: no es igual “representar algo” que “serlo”. Representar ser una gallina que ser una gallina. Hasta los 7 años, en la relación de dependencia con el cuerpo del Otro, es experto de la organización de su entorno, en su lugar de “gallina”, hasta la producción de “huevos fecales”, por eso la llama relación anaclítica, primer tiempo de la perversión en la que se aplica a reintegrar y devolver al Otro su goce, plena devoción por la madre. El niño completa al Otro enmascarando su falta e inscribiendo el Uno en lo simbólico. Es la contabilidad del goce que ordena la vida del sujeto, marca que deja la huella anaclítica. A partir del momento del trauma, relación narcisita, a – a’, con su hermano. Segundo tiempo: el odioamoramiento, el yo que se constituye imaginariamente, único lugar donde se le puede revelar lo simbólico al sujeto: cómo uno es contado en el campo del Otro. Imagen especular constituida como objeto en la madre y el objeto que lo sostiene, como plus-de-goce de la madre. Pero es esta relación entre i(a) “niño-gallina” y el a lo que desencadena la fobia. Lacan muestra la disyunción entre poder-saber, ahora hay un saber sin poder, no sabe cómo  hacer con el deseo de la madre. Antes de la escena traumática, el niño podía sin saber que objeto era, ahora sabe qué objeto es y no puede desenvolverse: la limitación, la inhibición, la fobia. Aparece el agujero en el Otro de la pregunta sin respuesta, la fobia. Son los dos tiempos: 1) relación anaclítica, lo real y lo simbólico articulados y lo que se inscribe no es sabido por el sujeto, 2) lo imaginario: se redobla lo real del cuerpo que se manifiesta haciendo aparecer en el campo narcisista el juego significante del a.

A partir de la laminación del Otro la conjunción saber/poder se convierte en disyunción. Si hasta este momento hacía una lectura del Otro estructurado como un lenguaje: significante-sujeto-otro significante, aquí esta inscripción significante se redobla, multiplicación del Otro, estructura topológica de relieve y no de cadena sino de serie. Empieza a pensar la estructura del inconsciente con un modo nuevo de la representación significante. El sujeto no surge como efecto del significante sino en su relación con lo indecible del goce (p. 297)

         Lo primero no es el Otro del significante sino el Uno del goce y el rechazo de este goce indecible, el cual se moviliza en tanto hetero y no autoerótico. Ese rechazo funda al sujeto, quien ya no es una deducción del Otro y esta es la novedad de este Seminario: a partir de este nacimiento como rechazo a lo indecible no hace ex-sistir al Otro. A partir de aquí se estructura el sujeto, más allá de la represión, por la vía de la posición de defensa. Se trata de localizar en el sujeto un representante más original que el significante, este objeto indecible.

El sujeto se defiende frente a este goce que rechaza y el psicoanálisis lo conduce a recuperarlo, frente a la cobardía neurótica, reconciliándose.

 

Rosalba Zaidel

"Punto Vivo" del Seminario del Campo Freudiano de Barcelona de mayo de 2012

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