"Punto vivo" del Seminario del Campo Freudiano de junio del 2014

Punto vivo del Seminario del Campo Freudiano del curso 2013-2014, impartido por Eric Laurent el 14 de junio del 2014, en torno del Escrito de Jacques Lacan titulado 'La ciencia y la verdad'.

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El sujeto de la ciencia y su respiración

 

Eric Laurent partió del "Acto de Fundación" en el que Lacan subraya los efectos ilusorios producidos por la alianza entre el universal científico y la política, sueños por los que se autorizaba al político a pensar que hay soluciones en el lazo social que valen, como en la ciencia, para todos. Ello supone las tentaciones de condicionar a los sujetos de la modernidad en un conformismo sin límites.

Hoy estamos en el après-coup de la última enseñanza de Lacan que ubica de forma diferente la relación entre el psicoanálisis y las ciencias, a partir del lugar del goce que no se inscribe en el Otro, con la no inscripción de la relación sexual como tal.

Lo que Lacan llamó "ciencias conjeturales" se desarrolló en una dirección imprevisible, por la cual lo conjetural es reemplazado por la probabilidad, con una nueva definición del azar. El sujeto de la ciencia es un concepto propuesto por Lacan para dar cuenta de las consecuencias en el discurso, de la introducción de la ciencia en el siglo XVII; Lacan bautizó la extensión del dominio de la ciencia, como del desencadenamiento, de la ruptura. En el discurso social regido por el discurso del amo, éste frenaba los discursos de la ciencia cuando ella quería modificar los modos fundamentales de vivir. Ahora se da la ruptura de las cadenas de los discursos bajo el mando del discurso de la ciencia, con dos efectos: 1) promoción del sujeto de la ciencia en todos los campos del saber humano, vaciado de los imperativos morales, desencarnado, que circula -y encarnarlo produce obstáculos epistemológicos; así, en el artículo de Gödel de 1931, los "indecidibles" de los sistemas formalizados, en los que siempre quedan proposiciones de las cuales no se puede decidir el valor de verdad. 2) Introducir en los discursos en general la categoría del azar en un sentido renovado.

Antes de la física matemática estaba la Física de Aristóteles con un registro original para los humanos que Aristóteles llamó tyché, la cual en la causa incluye la contingencia. En el Libro II de la Física, capítulo 7, las cuatro causas: esencia, movimiento, fin y materia. En "La ciencia y la verdad" Lacan quiere introducir una causa material en el psicoanálisis, la "moterialidad" (materia y palabra). En este momento subraya la categoría de la tyché, capítulo 5, Libro 2, el ejemplo de Aristóteles: alguien que va al ágora encuentra al deudor, recupera una deuda de dinero pero esta no era su intención; el individuo estaba allí por azar, aunque hubiera ido a propósito, por tyché. Introduce una relación nueva en la cual, sea cual sea la lista de causas, hay una retroacción que introduce la dimensión humana, la cual no responde a ninguna regla: puede cambiar el juego en el mismo movimiento. A partir de este momento este lugar de la relación del sujeto con las reglas será reformulado a medida que la ciencia se reformula.

El primer pensador de la nueva física sobre el azar fue Pascal: introduce su apuesta como una manera de tomar en cuenta el azar reducido a la probabilidad. En el mismo siglo XVII, concibe el universo como un gran reloj y a Dios como el relojero, se introduce elementos de azar, de esperanza, en el momento en que las hipótesis ideológicas sobre el deseo divino estaban reforzadas por los objetos mecánicos. La originalidad fue considerar que había que introducir en lo humano una categoría sobre el modelo del azar, calculado sobre lo que podría ser o no ser. Pascal consideró que el gran reloj universal no reforzaba a Dios sino que lo hacía callar; postula una nueva categoría de causa, introducida por su apuesta, que renueva la tyché aristotélica. En el Seminario XVI: "la apuesta de Pascal renuncia al goce... la apuesta de la vida se reduce a un elemento de valor. La existencia del sujeto se define según este objeto preciado y valioso en que el sujeto es convocado a renunciar". Dios es, no se duda, pero no demuestra que existe.

Para llegar a aislar este nuevo azar renovado, se ha de eliminar el fatum antiguo por la idea de una materia sostenida en la razón, después de que la ciencia reduce la noción de milagro. Vemos surgir la ciencia junto con los cálculos matemáticos junto a lo imprevisible de la contingencia. Con el azar, el cálculo es a la contingencia, como el autómata lo es para el ser vivo. La técnica del control del azar se desarrolla con la teoría de los juegos y la cibernética, en el siglo XX. A partir de la teoría de los juegos el sujeto ya no se calcula por el valor de la renuncia al goce sino por el aislamiento del individuo: este es un punto en la red, en la utopía de pensar la civilización en red susceptible de un modelo matemático que reduzca la relación a lo imposible, en una teoría de la decisión gobernada por un principio de utilidad máxima. Se trataría de introducir un modelo probabilístico dentro de la acción humana para eliminar la contingencia como tal. La consecuencia de esta utopía sobre el lazo social y el discurso del amo es la difusión del ideal cibernético en las ciencias humanas, al margen de las disciplinas universitarias, como modelos para dar cuenta del equilibrio del discurso político, sea cuál sea el enfrentamiento.

La renovación del concepto de azar permitía subvertir la dimensión humana introducida por la tyché. La ciencia es ciega frente a la singularidad. En el Seminario 7 (6.7.60), el psicoanálisis y la modernidad, el deseo del hombre, pesado, anestesiado, adormecido, domesticado por los educadores, se ha refugiado en la pasión, más sutil y más ciega, como lo muestra Edipo, la pasión del saber, con sus efectos de desencadenamiento que aún no se ven del todo. Es una manera de anudar el desencadenamiento de la ciencia y el deseo, pero al revés. El deseo humano se ha reprimido dentro de la pasión del saber encarnado por la ciencia. De las respuestas que Lacan dio para la articulación del psicoanálisis y la civilización en la edad de las ciencias ¿qué sería una ciencia que podría incluir al psicoanálisis? En el Seminario 7 propone una respuesta diversa: "¿la ciencia del deseo puede entrar en las ciencias humanas?"

La ciencia misma, sublimación perfecta que cumple una serie de conquistas, anudamiento entre saber y ciencia, de ese saber Lacan hace el vector de la pulsión de muerte. El amo se ha dejado seducir por la ciencia, tenemos ahora la venganza del deseo, bajo su aspecto mortífero. Efectos en el científico por los que su figura cambió de registro, después de la guerra, entre los años '50 y '60: los científicos convocados a inventar armas para vencer al nazismo y el militarismo japonés, bajo un ambiente de alegría. Una vez que se verificó el poder destructivo de la física, apareció la angustia, el enfrentamiento calculable podría ser desbordado. Oppenhemier, es el epónimo de este período. Lacan lo considera un efecto de la misma ciencia. En el Seminario 10 retoma esta relación esencial de la ciencia con el deseo: sublimación, momento de equivalencia entre deseo y letra, organización universal de la ciencia, en el que se tendrá el problema de saber qué se quiere hacer con esta ciencia. La ciencia que ocupa el lugar del deseo no sabe lo que quiere decir, tal como sucede en el inconsciente.

Lacan no es "anti-ciencia", no manifiesta nostalgia por un tiempo anterior, pero toma sus precauciones, su apuesta es (en la conclusión del Seminario 10) que finalmente la esperanza no está del lado de una ciencia de lo particular sino que dentro de ella misma hay algo que no puede escribirse, angustiante. El desarrollo de las ciencias no ocurre como lo describe Thomas Khun: momentos de culmen y momentos de zozobra; para Lacan son momentos en que hay angustia y momentos en que no la hay. Los que hacen ciencia testimonian que uno no puede vivir sin consecuencias. Para Lacan esta angustia supone ir más allá de la posición de Freud respecto a la ciencia porque para él la posición del científico implicaba un tabú. Lacan pone una nueva dimensión en juego en lo que es la relación del psicoanálisis y la ciencia. En "Televisión", 1973 nos dice que el psicoanálisis no es una ciencia, es un discurso, pulmón artificial que asegura algo de la respiración del sujeto de la ciencia como tal, bajo un modo parásito y necesario a la vez. Esta respiración definió cada vez más el psicoanálisis como revés de la ciencia en su relación con la contingencia, respiración del determinismo de la ciencia.

A partir de los años 70 Lacan desplaza la pregunta ¿que sería una ciencia que podría incluir al psicoanálisis? Más bien la ciencia no puede incluir al psicoanálisis, puesto que éste tiene que tener una posición éxtima: está adentro porque comparte el sujeto desencadenado pero también está fuera de la ciencia, para mantener el modo singular de goce que se sostiene para cada uno de los seres hablantes. No hay que esperar que un día el psicoanálisis sea un ciencia pero sí estará al lado, para acompañarla, dejando la posibilidad de que sobre esos momentos de angustia, no tanto analizarlos, sino hacer valer las coordenadas de esta angustia.

Rosalba Zaidel

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