Puntos vivos octubre, noviembre, diciembre y enero del curso 2016-2017. Seminario del Campo Freudiano de Barcelona. 

Puntos vivos correspondientes a las sesiones del Seminario del Campo Freudiano de Barcelona, realizadas en octubre, noviembre, diciembre y enero del curso 2016-2017 entorno al texto de Jacques Lacan "La dirección de la cura y los principios de su poder". Presentaciones a cargo de Guy Briole, Esthela Solano, Lucía D'Angelo y Antonio Di Ciaccia. 

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Paraules clau

Dirección de la cura, transferencia, posición del analista, interpretación, negación, deseo del analista

"Cómo se analiza hoy" Estrategia, táctica y política

            Guy Briole inició su presentación abordando el texto de la Dirección de la cura de forma  general. En este Escrito, Lacan, se ocupa de la deriva de las prácticas del psicoanálisis y plantea sus dudas sobre su porvenir, en esta línea  trata el tema de la posición y el acto del analista.

            J.-A. Miller habla de tres momentos diferentes en Lacan respecto a la práctica del psicoanálisis: la primera, situada en “Función y campo de la palabra y el lenguaje...” de 1953, donde esta práctica está basada en la palabra, tanto del analizante como del analista. Es un Lacan optimista. La segunda, separada en dos tiempos, en este texto de 1958, y en el texto “El psicoanálisis. Razón de un fracaso” de 1967. En ellos encontramos, respectivamente, una crítica de la contratransferencia y  al uso que se ha hecho de la palabra. En oposición al “Discurso de Roma” aquí Lacan es pesimista respecto al psicoanálisis y su práctica, critica la concepción del psicoanálisis didáctico afirmando que todo psicoanálisis es didáctico ya que implica un acto al que el psicoanalista se compromete a responder. El tercer momento se sitúa en el texto de “La tercera”, época en donde el lenguaje y la palabra no sirven para comunicar, Lacan se sirve de un neologismo: Lalalengua, para designarlo.

            Sobre el contexto de la época de “Dirección de la cura...”, los post-freudianos: En 1931 aparecen varios artículos de E.Glover, S.Lebovici y S.Nacht en torno al concepto de transferencia y contratransferencia. Glover hace un listado de las posiciones del analista en la transferencia diciendo que: “cualquier cosa que dice el analista es una interpretación” y todos los trabajos de esa época se concentran mayoritariamente en el tema de la contratransferencia. Más tarde en 1955, en un  coloquio de la Sociedad Francesa de Psicoanálisis, S.Nacht habla sobre “la liquidación de la transferencia”, destacando la importancia de la salida de la relación analista-analizante que califica de “infantil”. El analizante, según Nacht, debe vivir sus proyecciones analíticas fuera del marco analítico.

            Por su parte, Lacan reacciona a la deriva autoritaria de la cura y al ejercicio de su poder, un poder autocrático en manos del analista controlador. La relación analizante-analista se convierte en una relación dual y se desvela la presencia del analista a través de la interpretación de la transferencia. No se trata de ninguna manera de la contratransferencia, dice Lacan, se trata de las consecuencias de la relación dual. Se confunde la presencia del analista en la sesión analítica con la relación analítica, este es el extravío de la práctica. En los últimos capítulos del Seminario 5, Las formaciones del inconsciente, Lacan hace una crítica a M.Bouvet a partir de un caso de Ruth Lebovici, controlado por este autor: Lacan precisará cómo se juega esta errancia en la práctica analítica y señalará que es precisamente la demanda y el deseo lo que los psicoanalistas como Bouvet dejan de lado y apartan de su práctica.

            Lacan articula, a partir del grafo del deseo, la cadena significante con la necesidad. Lo que el sujeto demanda se articula al Otro dando lugar al interrogante: Qué me quiere el Otro? –Che vuoi? Si el otro de la Demanda se sitúa en el Otro, entonces puede ésta ir más allá, al deseo. El mundo freudiano es un mundo de deseo y para Lacan el psicoanálisis no es la búsqueda de la adecuación a lo que falta porque no es posible nombrar el deseo, que siempre está en otra parte. La relación del sujeto al deseo y a la demanda es siempre singular, aunque las necesidades son comunes a todos.

            Guy Briole formuló : ¿Cuál es la situación actual de la transferencia? En este punto, Lacan, crítica el lugar en que se coloca el analista haciendo uso de la ventaja de la transferencia. La adaptación a la realidad, de la que el analista sería el representante, y la supuesta maduración del objeto forman parte de la deriva de los post-freudianos. Los tres lados de la pirámide, que Lacan comenta en la pág. 587: en un lado la adaptación del sujeto a la realidad con el analista como representante de esa realidad; del otro, la maduración del objeto y por último el lado de la transferencia.

            En este punto G. Briole retomó el caso de Ruth Lebovici, controlado por Bouvet: se trata de un joven con una obsesión: se encontraba demasiado grande y se siente ridículo. Con una madre que le proporciona un amante, para darle seguridad sobre su físico. La analista interpreta, en diferentes momentos,  esta figura como una madre fálica,  y lleva al sujeto a producir un fantasma perverso. Una perversión voyeurista con la producción de varios sueños y finalmente un acting out. La fantasía perversa de este sujeto se desarrolla en tres tiempos, primero se imagina siendo observado por una mujer orinando, después invierte el fantasma y es él quien observa y finalmente, tenemos la realización efectiva, es decir, el sujeto encuentra unos lavabos en un cine donde a través del agujero de una pared puede observar a las mujeres orinando. Esta fantasía perversa será actualizada en la transferencia, comunicándole a la analista la idea compulsiva de orinar sobre el diván. Esta situación lleva al joven a pensar que su análisis, sólo concluirá cuando se acueste con su analista. Para la analista lo que cuenta es que la perversión voyeurista se desplaza hacia la analista, es una transferencia positiva. Ruth Lebovici concluye que el miedo a las mujeres fálicas se desplaza hacia la analista, la relación transferencial se ha convertido en edípica y esto permite el acceso a la genitalidad. Todo en el caso, recae en la cuestión de cómo el analista vuelve a llevar al sujeto a la situación real.

            Hay interpretación, nos dice Lacan, cuando se produce algo nuevo, un sentido nuevo que puede abrir un deseo de querer saber más, y es fundamental un corte, una separación de la persona del analista. La transferencia es amor, en cuanto que se dirige al amor al saber. Al principio de la cura está la transferencia pero puede hacer también de obstáculo de la cura, con la paradoja de que hay transferencia sin análisis. Para que se inicie un análisis, tiene que estar la transferencia, pero no es suficiente ya que el sujeto está perfectamente acomodado en su posición, es preciso también una rectificación subjetiva, momento dialéctico en que se produce el acto del analista. Este acto tiene como meta llevar al sujeto a una implicación subjetiva que lo divide. Lacan señala en la pág. 581: “Es también que esta rectificación en Freud es dialéctica, y parte de los decires del sujeto para regresar a ellos, lo cual quiere decir que una interpretación no podría ser exacta sino a condición de ser… una interpretación”.

            Otro punto comentado por G. Briole fue sobre el control: el controlador interviene como un tercero, pero es el analista quien dirige la cura. En referencia al caso comentado de Ruth Lebovici, y sobre el uso que Bouvet hace del control, Lacan comenta en la pág. 591: “ese análisis recibía como control una dirección que lo inclinaba a un acoso constante para volver a llevar al paciente a la situación real”. G. Briole, utilizó de nuevo los tres lados de la pirámide para mostrar, en este caso, el desplazamiento del discurso del analista al discurso del amo. Para Lacan, el lugar del analista no es estar allí con su yo, ni estar en espejo. El verdadero interlocutor es el Otro, y el fin de análisis, sea o no con el pase, incluye la separación del significante del Otro que es el analista.

            En el análisis la transferencia de amor no se sostiene por la fidelidad al analista sino por la relación a la verdad que pasa por el bien decir. Lacan nos anima a no retroceder en el acto, situándose  en las antípodas de algunos analistas post-freudianos, y denunciando en este texto lo que el psicoanálisis tiene de anti-freudiano. Guy Briole, nos animó a trabajar este Escrito de Lacan, rico en referencias y aportaciones actuales, con la perspectiva puesta en la coyuntura de cómo se analiza hoy.

 Octubre 2016

Pilar Foz Rocafull

 

Formas de la negación en el análisis

                Esthela Solano situó este Escrito de 1958, anterior a la expulsión de J. Lacan por la Sociedad Francesa de Psicoanálisis, y su subversión al introducir otra temporalidad relativa a la lógica significante, acordada al decir de cada sujeto, contradiciendo la universalidad de una regla. Qué quiere decir analizar, interpretar, finalizar un análisis, la formación de los analistas, cuál es el lugar del analista en un análisis, son temas recurrentes en la enseñanza de Lacan que lo conducen a crear nuevos conceptos como el acto analítico para nombrar la operación analítica, o el sujeto-supuesto-saber, versión conceptual de la transferencia, o los cuatro discursos para diferenciar el del amo, el del inconsciente, el del analista, así como en el dispositivo para conceptualizar el pasaje de analizante a analista. Escrito contemporáneo del Seminario 5 que introduce como novedad la construcción del grafo del deseo, del cual Lacan se sirve en el Seminario 6, retomado en el Escrito “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo” de 1960; es decir que su elaboración se despliega en los Seminarios y luego un Escrito condensa dos o tres años de dicha elaboración. La nota final agregada en 1966 Lacan ofrece advertencias y referencias bibliográficas (p. 623).

                Sobre el capítulo II: Lacan constata que la interpretación, en los años ’50, ocupa un mínimo lugar, los autores testimonian de “engorro, confusión, entorpecimiento”, proceden por descarte de los modos de intervención verbal que no son interpretación (p. 572) hasta nombrarla como “confrontación”. Para Lacan el enredo, aquello que plantea dificultad a los analistas es el sujeto del inconsciente, dividido, tachado, que desaparece, se escabulle, transmuta, no se puede sustancializar. Sin la introducción de la función del significante iremos a tientas en lo relativo a la interpretación, su lugar no puede ser concebido en psicoanálisis fuera de la topología de la cadena significante, de la que depende el sujeto, porque él es el efecto del significante (p. 573).

                E. Solano insistió en que nos servimos del significante para hablar y ser escuchados, lo cual engendra en sí una interpretación: ¿qué me has dicho más allá de lo que me dices?. Planteó también cómo distinguir la interpretación analítica de una interpretación delirante, religiosa.  La respuesta parte de la célula elemental, la diferencia entre significante y significado -siguiendo “La instancia de la letra en el inconsciente”- que no existía en la época de Freud, introducida con la lingüística (F. de Saussure junto con los aportes de Jakobson); Lacan se sirve de ella para leer a Freud, formalizando los modos de creación de sentido con la metáfora y la metonimia.

                El algoritmo de Saussure –significante (S) sobre significado (s)- es reescrito por Lacan, donde (S) es el orden simbólico y (s) el efecto del significante sobre el significado. La barra resiste a la significación, al separarlos, indica que son radicalmente distintos, sin correlación unívoca entre un significante y un significado. El significante es lo que escuchamos, dimensión sonora de una lengua que puede descomponerse en fonemas, unidades sonoras, que encadenamos cuando hablamos; pero cuando las escuchamos esas sonoridades tienen un efecto de sentido, lo que se quiere decir, dimensión del significado. Para producirlas tenemos que aceptar el código de la lengua del Otro con sus reglas. Si cuando hablamos no hay correspondencia entre lo que se escucha y lo que se dice, lo propio de una lengua no es el efecto de comunicación sino el malentendido. Este matema (S sobre s) introducido en una temporalidad, en un vector transversal, hace que el efecto de significado –s(A)- se produzca al final de la frase; se accede al sentido retroactivamente y el “punto de almohadillado” frena el deslizamiento de significación produciendo un sentido entre S y s, dese el lugar del Otro, lugar del tesoro de los significantes.

                Si el sentido de una frase depende de una puntuación, Lacan sitúa allí la función de la interpretación; el sujeto del significante está sometido a los dos vectores que se cruzan en el grafo, en una acción retroactiva: él se sustrae, descompleta la cadena significante contándose como lo que falta -efecto relativo a la articulación de los significantes entre sí- y emerge bajo el efecto de un “habrá sido” anterior. Sólo por hablar esta demanda hace surgir un hiato: cuando me escuchas, cuando te hablo, ¿qué quieres de mí? El deseo del sujeto aparece en el lugar del Otro -Che vuoi? del Diablo enamorado de Cazote- momento de angustia (Seminario 6) -desamparo (Hilflossichkeit)- momento en que el niño subjetiva la radical dependencia respecto al deseo de la madre recurriendo a una defensa: sostenerse en el fantasma al que convoca en su falta de ser, con un objeto perdido que le sirva de defensa, objeto (a), algo que por el significante se pierde, separado del cuerpo.

                E. Solano recordó que Lacan escribe el segundo nivel del grafo, del deseo inconsciente (S/àD), en relación con la pulsión. La interpretación apunta al deseo, por eso tiene que implicar un significante de la demanda sobre el que se ha fijado la pulsión (J.-A. Miller “Los paradigmas del goce”). El deseo está en el lugar del significado en S/àD, con dos modos: un vector de la diacronía, articulación de la cadena significante que se dirige al Otro y es de un eje retrógrado, en el punto de almohadillado; un significante que se desprende y puntuando cierra, no es universal sino distinto para cada uno -Lacan funda el lugar del deseo en este deslizarse metonímico de la palabra porque siempre estamos frente a un ser en estado de advenir a la palabra. En el eje de la sincronía ocurre lo instantáneo del punto de almohadillado, para producir la creación o la poesía, creación de sentido. Son los dos modos de conceptualizar el lugar de la interpretación (p. 573). En la diacronía de la fijación libidinal en los significantes de la demanda, para que la interpretación tenga un efecto sobre ese nivel de representación inconsciente es necesario que uno de esos significantes inconscientes de la demanda sea movilizado por una sustitución en la sincronía de los significantes, algo que “bruscamente” haga posible una lectura de lo que se juega en la repetición ciega a nivel de la pulsión. La interpretación analítica, su vocación, es producir una trasmutación en el sujeto por los efectos de verdad que crea la puntuación; por la interpretación analítica producimos un desplazamiento del sujeto.

                E. Solano señaló que Freud descubrió en los sueños el desplazamiento y la condensación y que Lacan puede explicar con la metáfora y la metonimia de los lingüistas (p. 574). Es el Lacan estructural de los años ’50 con la observación de Freud en el Fort-Da, en que el niño pronuncia sólo la oposición entre dos fonemas como pareja de significantes, los cuales pueden escribirse S1-S2 y que producen un efecto de sujeto. Lacan dice que ese Fort-Da es ya una figura de retórica porque produce un efecto de sujeto metonímico. Supone que el sujeto hablante es una consecuencia del orden simbólico que pre-existe. Lacan insiste sobre este punto porque en esa época la práctica del psicoanálisis había desplazado la intervención interpretativa hacia un eje imaginario - nivel a-a’ -, entre el yo y su imagen especular, corresponde a la parte inferior del grafo. Por eso Lacan afirma que no se trata de trabajar con un doble imaginario sino colocarse en otro lugar (p. 573), el lugar de la palabra y del lenguaje donde se localizan los efectos de afectos, lugar en el cuerpo donde se encarna el lugar del Otro.

                ¿Cómo saber que nuestra interpretación ha dado en el blanco? Lacan lamenta que los analistas de la Ego-psychology sólo consideren el acuerdo o desacuerdo como efectos de la interpretación, que ponen al analista en el lugar del que sabe, del que da cuenta de una resistencia en el paciente (p. 575). Lacan afirma que no hay otra resistencia que la del analista, sus prejuicios son restos fantasmáticos que se inmiscuyen en el proceso analítico. Entonces ¿cómo considerar una respuesta en que el paciente dice “no” a la interpretación? El texto freudiano de referencia, tratado por Marta Berenguer “La negación” -para el que Lacan llama a J.Hypolite, filósofo hegeliano- ofrece la Aufhebung (negar, suprimir y conservar), supresión que permanece en el texto y que Lacan toma en su primera enseñanza. Si la primera manifestación del viviente al nacer es un llanto escuchado por el otro materno e interpretado, recibe una respuesta y a partir de ésta produce una Aufhebung, trasmutación del llanto que pasa a ser una demanda. En toda denegación está la marca de origen de lo reprimido. Freud dice que aceptación y rechazo corresponden a lo intelectual y lo afectivo. Cuando emitimos un juicio implica la posición pulsional del sujeto. Un juicio intelectual es un modo de hacer con el goce que habita el cuerpo. Lacan considera que el lenguaje al ser in-corporado produce una Aufhebung del goce, pérdida (-j) y conservación del goce (a). Hay una subversión respecto al adentro y el afuera que se produce en todo juicio -“Las pulsiones y sus destinos”-: lo que pones afuera es algo expulsado pero que está en ti, algo que Lacan llamará “extimidad”.

                Entonces ¿cómo hacer para que una verdad sea admitida? Lacan interrumpía la sesión para que el sujeto se escuchara diciendo lo que había dicho porque la verdad no pude decirse toda, es medio dicha, entre líneas, por eso es singular, efímera, por lo que Lacan terminará hablando de varité, variaciones de la verdad; no se trata de hacer que el sujeto acepte “La” verdad porque ésta es singular. Los analistas en el pase testimonian de la verdad mentirosa, efectos de verdad mentirosos, configuración del análisis en el sinthome, hacia un agujero de no más efectos de verdad, que “no me apetecen más” y queda como salida de satisfacción el Uno solo de la repetición. La exclusión primordial se encuentra al final del análisis, sobre el que hemos girado toda la vida, y que podemos bordear como lo reprimido inviolable. Inconsciente real al que no accederemos nunca, agujero que “escupe nombres”, inconsciente, pulsión, fantasmas,. En el registro de verdades, de formaciones del inconsciente, lapsus, sueños, el agujero por el que estamos en el dominio del juicio, la primera incorporación de lo simbólico que deja un rastro en el cuerpo -la Ausstosung, expulsión-  juicio según la represión, juicio según la forclusión, podría hacer de “La negación” un texto de Freud sobre el parlêtre.

Noviembre 2016

Rosalba Zaídel

 

El poder y la verdad en la acción analítica

                Lucía D’Angelo inicia su exposición señalando la Importancia del texto. Un texto breve pero de una importancia clínica que pone de relieve los detalles, del que Lucía extrae la cuestión de la acción analítica y su articulación al acto analítico. La acción analítica es el intento de un analista que trata de pensar qué es lo que hace en su práctica que Lacan retoma en 1974 en una conferencia en Niza. Un texto contemporáneo a la ultimísima enseñanza de Lacan que aún estamos explorando.

                En la polémica que Lacan trata con la ego psychology dice que el analista está en un lugar intersubjetivo. Polemiza con ese lugar del yo. No hay que colocarse en el eje intersubjetivo en la transferencia. Nos propone el lugar simbólico del Otro desde donde operar para eventualmente producir con la interpretación una puntuación. Si “el poder y la verdad” es el nombre oculto de este escrito es porque 1) hay un poder en juego en la cura analítica y quien ejerce ese poder es el analista. Pero la paradoja es 2) que el hecho mismo de ejercer un poder es contradictorio con el psicoanálisis. Cómo entonces resolver este lugar paradójico del analista que Lucía extendería a la institución analítica como tal? Se puede tener el poder, no siempre se tiene la autoridad. Lacan en este momento está tratando de hacer valer la autoridad analítica y no el poder. Y éste es el valor político de este Escrito. Frente a la concepción desviada de la justa acción analítica le interesa pensar la verdad.

                Lacan distingue los tres registros de la acción analítica: la interpretación, la transferencia y el ser. En última instancia, cómo actuar con el propio ser, no hace más que anticipar lo que años más tarde va a ocupar, en el discurso analítico, el lugar del semblante, el objeto a, del analista. La metáfora militar de la guerra implica que la transferencia es la que define la estrategia de la cura a largo plazo, al contrario de la interpretación en el nivel de la táctica, porque depende del devenir de los dichos del paciente, de la contingencia de lo que dice. Nos hace ver que la interpretación es la oportunidad del acto analítico. Eso se ve mejor en el control. No hay una teoría de la interpretación: la interpretación es una práctica no una teoría.

                Lacan cuestiona la contratransferencia. Ataca a los teóricos de la contratransferencia que intentan reducir la experiencia a una dialéctica intersubjetiva perdiendo el hilo de la práctica analítica. Entonces hasta el punto 5, denuncia la dificultad de captar el hecho clínico desde el ángulo de la reducción del análisis a la dimensión dual. Y es en apartado 6 donde se detiene en la primera descripción de la interpretación y de la pequeña modificación, que según nos explica Laurent, se produce luego del Discurso de Roma, para llegar a la transferencia. Y esto porque coordinar la interpretación y la transferencia produce también, no una paradoja, sino una verdadera antinomia, pues abre a lo que Freud captó: el aspecto de la resistencia que se presenta en la transferencia y que define como un obstáculo. Lucía D’Angelo nos recuerda que hay tres casos de la transferencia: la transferencia erotómana que es un exceso de amor, la transferencia positiva que es la transferencia por el amor, pero hay la transferencia negativa que es la del odio y que puede llevar a una interrupción.

                Entonces, el problema de coordinar interpretación y transferencia es cómo tratar esta antinomia que se presenta. Lacan nos expone dos concepciones, la de Kris que coloca la interpretación al final del recorrido. La interpretación es postergada hasta que la transferencia se haya instalado y la subordina a la reducción de la transferencia. Pero Lacan en la Proposición 67, nos dice: al inicio de todo está la transferencia, aún antes de que uno elija al analista. Y nos da la fórmula: puede ser cualquiera Sq, en el matema de la transferencia, pero tiene que ser alguien, tiene que tener un cuerpo. Lo que hace Freud en los casos de Dora y del hombre de las ratas es interpretar de entrada. Y muchas veces se puede verificar que esa primera interpretación se la vuelve a encontrar en muchos testimonios de los AE en el momento de su pase.

                Respecto a la interpretación Lacan subraya que en el psicoanálisis lo inexacto implica lo verdadero. Justamente la teoría de la ego psychology se cuestiona este punto de lo inexacto. En este punto Cecilia Conti lee su elaboración sobre el caso de Kris del hombre de los sesos frescos. El caso de Kris demuestra que el acting out es desencadenado por un forzamiento de la transferencia. La interpretación de Lacan es verdaderamente anticipativa al decir que “roba nada”. Lacan agregó el objeto nada cuando explora la clínica de la anorexia. Hay toda una clínica femenina que sabe muy bien hacer con el objeto nada. Los hombres tienen más dificultad para hacer con este objeto.

                En este caso el analista desencadena el acting out a través del cual el sujeto demuestra que roba. Una interpretación no acertada puede producir un acting out, el sujeto se sale de la escena analítica; o un pasaje al acto en el que el sujeto se sale del campo del Otro. Para reincorporar al sujeto que ha producido un acting out hay que interpretar. El analista ha de saber que si se ha producido un acting out la responsabilidad está de su parte. Lacan concluye que el analista al considerar la referencia de la transferencia está en la mala posición, al querer curar con su ser, desencadena el acting out sin obtener una orientación suplementaria acerca de la verdad del sujeto y de su posición en lo simbólico.

                Para avanzar un poco más. Desde La instancia de la letra, Lacan puso de manifiesto el principio estructuralista de que el lenguaje precede al sujeto. Utilizando el binomio significante L. D’Angelo retoma la interpretación. En Los signos del goce, Miller habla de la identificación constituida, el S1, y de la identificación constituyente, que es el S2. Para que la identificación S1 se produzca es necesario que eso se produzca desde S2. Lacan da una indicación para la cura del neurótico. El neurótico siempre manipula la respuesta del Otro para obtener tal o cual efecto de identificación subjetiva. El sujeto siempre está maniobrando en S2 para confundir, para enganchar al analista. Es su trabajo como analizante para obtener un S1, la identificación constituida. Eso mismo que se produce de estas maniobras del analizante con el analista que está en el lugar del Otro es ni más ni menos lo que Freud llama neurosis de transferencia.

                A partir de este binomio significante, se plantean dos tipos de interpretación. Una asociativa y otra disociativa. En la primera, se invita al paciente a hablar y el analista introduce, en ese agrupamiento, su propio significante para que se asocien con los del sujeto y produzca ciertos efectos. Es la interpretación que responde a la asociación libre. Confundir la interpretación con la asociación libre nos lleva a pensar que el significante de la interpretación llena un hueco en las asociaciones del paciente y le permite avanzar. Ahora bien, tapar el hueco, asociar esa interpretación a la del paciente no hace más que producir malos efectos. Porque además se hace desde el propio fantasma del analista. Esta tesis resulta de considerar la interpretación como asociación que ha tenido y tiene todavía sus defensores y parece surgida por la transferencia. Lacan se opone, más tarde, a esta desviación haciendo del analista no un sujeto sino el objeto a.

                En efecto, el análisis comienza porque el analista se ofrece como significante ante el cual será presentado el sujeto supuesto saber. La interpretación va al encuentro de la transferencia y no al revés. La interpretación propiamente dicha, la que cuenta, no es una asociación sino para decirlo todo, es una disociación.

                La interpretación como asociación es la que suministra al sujeto una conexión, la articulación con el S2, el significante ante el cual se representa y que tiene estructura de una cadena: de S2 a S1. Pero, la interpretación que conviene producir, dice Lacan, es la ruptura de la cadena S2-S1. Y debe desplazar la ruptura normal que es la que separa al sujeto del objeto a y rompe la fórmula del fantasma.

                Esto, como dice Lacan, en El reverso del psicoanálisis, permite mantener el fantasma a distancia, que implica el inconsciente y el discurso del amo, y que es el punto de partida. El discurso analítico supone por el contrario el restablecimiento de la conexión y la división entre el sujeto y el objeto siempre que el sujeto no pierda los pedales de su representación. Si se acepta que la interpretación no es asociativa S2-S1, sino disociativa, que hay una ruptura de la cadena entre S2//S1, es incluso en el momento en que se produce esa ruptura cuando el discurso analítico verifica su instalación. Es decir, cuando entramos eventualmente en un análisis propiamente dicho.

                La responsabilidad del analista, que se ve muy bien en La dirección de la cura, con respecto a la interpretación, es que cuando interpreta es obtener una disociación de esta articulación S1-S2 que es el mínimo binario significante, y anular el efecto de la significación.

                El debate posterior se vio enriquecido por la aportación de Lucía D’Angelo de una interpretación que recibió de su analista. Y que dio lugar a extraer las consecuencias de la misma en su análisis posterior. Así como las diferencias de esta interpretación con respecto a la que el hombre de los sesos frescos recibió de Kris.

Diciembre 2016

Myriam Chang

¿Cuál es la situación actual de la transferencia? El analista-objeto 

                Antonio Di Ciaccia inició su presentación situando el tema de la transferencia en Lacan y en el texto que nos ocupa. Anteriormente, Lacan había trabajado el tema de la transferencia en  “Intervención sobre la transferencia”, pero ni en este Escrito ni en la “Dirección de la cura” llega a la cuestión del analista-objeto. En “La dirección de la cura”, la transferencia es la estrategia y el análisis es la política, al revés de cómo Lacan lo había tomado anteriormente. La interpretación es la táctica, donde el analista es libre. La estrategia, que es lo que le guía, es la transferencia, pero la política es una y se llama la Ética del psicoanálisis.

                En este Escrito analiza cuatro cuestiones: ¿Quién analiza hoy?, ¿Cuál es el lugar de la interpretación?, ¿Dónde estamos en cuanto a la transferencia? y Cómo actuar con su propio ser, este último punto sin el signo de la interrogación y esto siempre hay que tomarlo a la letra, no es porque sí que no lleva interrogante. Lacan toma tres particularidades en cuanto a las teorías sobre la transferencia, de las que dice “sufren de un defecto central” (pág. 583). La primera teoría defectuosa, el genetismo, Lacan diferencia entre teoría y práctica, la teoría es el genetismo, y la práctica es la técnica, es decir, el análisis de las defensas. El resultado dice lacan es la conformidad, el pattern. Hay un fracaso entre el análisis de las defensas y el desarrollo. Para Lacan falta algo, pero no dice el qué. La crítica de Lacan viene por el lado de lo que sería la relación entre estructura y desarrollo, entre sincronía y diacronía. Cómo articular la diacronía del desarrollo  con la sincronía de la estructura.

                Segunda cuestión cómo insertar lo simbólico y no basarse en lo imaginario. Se trata del tema de la relación de objeto, la teoría es la del objeto parcial de Abraham y la práctica la relación de objeto con el otro, el resultado: la capacidad de amar. En el página 585, Lacan, dice: “A la inversa de los presupuestos del genetismo… la perspectiva abrahamiana se explica en una finalidad que se autoriza, por ser instintual, en que toma sus imágenes de la maduración de un objeto inefable”. Lacan piensa aquí en Aristóteles, colocando al genetismo como la causa formal y la relación de objeto como causa final, es decir, como la maduración de un objeto inefable.Para los teóricos de la relación de objeto, lo pregenital y lo genital se integrarían en el falo, es falso, dirá Lacan, que el amor, el deseo y el goce puedan integrarse en el falo.

                En el punto 5 retoma su crítica, hablando del impasse constitutivo del deseo, del callejón sin salida de la teoría de la relación de objeto de Abraham. Si el objeto se presenta descompuesto, es diferente al factor patológico. El deseo comporta el objeto quebrado, es absurdo pensar en la armonía genital, Lacan nos da las pruebas en la página  587, cuando habla de “los rebajamientos”  y el “Dios negro”, que es el superyó materno  de Melanie Klein. No hay que confundir la sublimación con el orgasmo perfecto.  Y acaba este apartado 5 diciendo: “nuestra finalidad no es reanimar el hambre sexual de ciertos retardados de la glándula”. ¿Cuál es entonces el problema? La correcta articulación entre lo pregenital y lo genital, se trata de elucidar las relaciones entre: el falo y lo genital y el falo y el significante. Y ver cuál es el error del objeto parcial. No es una cuestión de desarrollo sino de la relación al otro. Los objetos parciales deben ser considerados en la relación al Otro.

                En el punto 6, trata la tercera Teoría, “se necesitan tres lados para una pirámide”, aunque una pirámide de tres lados es herética, Lacan piensa aquí en todos los analistas que se colocan en el registro imaginario, en una relación dual analista-analizante. La teoría aquí sería la introyección intersubjetiva, el analizante incorporaría los significantes del analista. Y la práctica sería lo que lacan llama la vía unitiva.

Finalmente las tres teorías están del lado del registro imaginario y llevan a la degradación del análisis.

Lacan da varios principios epistemológicos:

1º La devoración no es del objeto sino del falo, entendemos que es del orden simbólico y no del imaginario

2º A pesar de la debilidad de la teoría, sus analistas analizan verdaderamente.

3º Es preciso  no poner el falo en posición imaginaria

4º El realismo, y aquí trae un ejemplo a la inversa, de un paciente que para restablecer algo del orden simbólico  se fabrica una perversión transitoria, realizándose en la cura a nivel imaginario, de ahí que lo simbólico aparezca como un acting-out.

 Lacan hace referencia aquí al  control, diciendo que es lo que permite no caer en lo imaginario.

                En el punto 8, Lacan, advierte a los analistas del deslizamiento de su técnica si se desconoce el verdadero lugar donde se producen sus efectos. El lugar donde se producen los efectos es en la palabra, verdadero lugar. El lugar del analista, es el lugar de la palabra verdadera y no de poder. Palabra como causa material. Una palabra que no sea vacía, que sea el deseo en acto.

                Finalmente Di Ciaccia señalo algunos puntos más allá del texto, donde Lacan da algunas soluciones que habían quedado sin resolver, y que se encuentran en el apartado IV: Cómo actuar con el propio ser, donde sitúa los objetos parciales como significantes, Lacan los desplaza de la realidad al significante (pág. 594) y más tarde pasaran al objeto real. En este mismo punto, Lacan pondrá al psicoanálisis del lado de una ética, es una cuestión clave que aún no tiene del todo formulada, no tiene las pruebas de lo que dice y nombra por primera vez la cuestión del deseo del analista.

                La cuestión del deseo es permanente en Lacan, ¿cuál es el problema? Lacan está prisionero de la Teoría del deseo en Hegel: el deseo del hombre es el deseo del otro, si esto es así, entonces el deseo del analista es el deseo de alguien que se convierte en  analista. Cómo diferenciar entonces el deseo del sujeto del deseo del otro, lacan encontrará la solución y podemos leerla en “La carta a los italianos”: el deseo del analista no depende del otro, es un deseo inédito. En el Seminario VI, se separa de Hegel, el deseo ya no es hegeliano y sería el deseo y su reconocimiento. Se trata de localizar quién es el Otro, el código donde se encuentran las reglas de juego. El lugar donde se encuentran los significantes superyoicos del sujeto.

                Otro punto a tener presente, cuando Lacan habla del deseo según Freud, el planteamiento lo encuentra en Jakobson y  en las leyes de lenguaje, el deseo funciona según las leyes de lenguaje, el deseo es una metonimia y el síntoma es una metáfora. Pero hay un problema, si el deseo esta tomado en las leyes de lenguaje el hombre se encuentra en un determinismo. Lacan encuentra cierta rigidez en este determinismo y plantea que las leyes del lenguaje no son las leyes de la subjetividad y dirá: no hay que hablar de ley, sino de causa. Es una solución  encuentra en Hume. La causa permite una apertura que ya planteaba Aristóteles con las cuatro causas. Este pasaje se encuentra en el primer capítulo del Seminario XI, esto le permite llegar a la conclusión de que el deseo está causado y es el objeto que será la causa del deseo.

                Pero cómo llegar al deseo del analista, Di Ciaccia hizo un recorrido por diferentes textos de lacan para mostrar  los caminos por los que Lacan transitó: En el Seminario VII, el deseo es advertido, en el VIII: Lacan dirá que, el centro de la economía del deseo es la castración. En el lugar del SsS somos llamados a ser presencia real, y este lugar central debe permanecer vacío. En el Seminario XI, no hay ninguna posición exacta de lo que es el deseo. El objeto a es la causa del deseo y el resultado es el síntoma. Vincula el deseo del analista a una fórmula matemática, para separar el deseo del analista del deseo del otro en dos lugares diferentes. Busca cómo llegar a ese deseo inédito que es el deseo del analista y que permite reinventar el psicoanálisis, Lacan dirá: “Es en tanto que soy objeto a, que soy objeto del otro”, articulando el Otro de la pulsión con el deseo.

                En el Discurso de la Escuela, sobre el pase en esa época, dice a qué debe responder el deseo del analista: deber hacerse causa del deseo del otro. El analista se hace causa del deseo del analizante. El analista encarna el objeto a,  y debe realizar el objeto a cómo resto. Lacan muestra el deseo del analista como pivote de la cura y el analista como objeto causa del deseo del analizante

Enero 2017

Pilar Foz Rocafull

 

 

 

Lucía D’Angelo inicia su exposición señalando la Importancia del texto. Un texto breve pero de una importancia clínica que pone de relieve los detalles, del que Lucía extrae la cuestión de la acción analítica y su articulación al acto analítico. La acción analítica es el intento de un analista que trata de pensar qué es lo que hace en su práctica que Lacan retoma en 1974 en una conferencia en Niza. Un texto contemporáneo a la ultimísima enseñanza de Lacan que aún estamos explorando.

En la polémica que Lacan trata con la ego psychology dice que el analista está en un lugar intersubjetivo. Polemiza con ese lugar del yo. No hay que colocarse en el eje intersubjetivo en la transferencia. Nos propone el lugar simbólico del Otro desde donde operar para eventualmente producir con la interpretación una puntuación. Si “el poder y la verdad” es el nombre oculto de este escrito es porque 1) hay un poder en juego en la cura analítica y quien ejerce ese poder es el analista. Pero la paradoja es 2) que el hecho mismo de ejercer un poder es contradictorio con el psicoanálisis. Cómo entonces resolver este lugar paradójico del analista que Lucía extendería a la institución analítica como tal? Se puede tener el poder, no siempre se tiene la autoridad. Lacan en este momento está tratando de hacer valer la autoridad analítica y no el poder. Y éste es el valor político de este Escrito. Frente a la concepción desviada de la justa acción analítica le interesa pensar la verdad.

Lacan distingue los tres registros de la acción analítica: la interpretación, la transferencia y el ser. En última instancia, cómo actuar con el propio ser, no hace más que anticipar lo que años más tarde va a ocupar, en el discurso analítico, el lugar del semblante, el objeto a, del analista. La metáfora militar de la guerra implica que la transferencia es la que define la estrategia de la cura a largo plazo, al contrario de la interpretación en el nivel de la táctica, porque depende del devenir de los dichos del paciente, de la contingencia de lo que dice. Nos hace ver que la interpretación es la oportunidad del acto analítico. Eso se ve mejor en el control. No hay una teoría de la interpretación: la interpretación es una práctica no una teoría.

Lacan cuestiona la contratransferencia. Ataca a los teóricos de la contratransferencia que intentan reducir la experiencia a una dialéctica intersubjetiva perdiendo el hilo de la práctica analítica. Entonces hasta el punto 5, denuncia la dificultad de captar el hecho clínico desde el ángulo de la reducción del análisis a la dimensión dual. Y es en apartado 6 donde se detiene en la primera descripción de la interpretación y de la pequeña modificación, que según nos explica Laurent, se produce luego del Discurso de Roma, para llegar a la transferencia. Y esto porque coordinar la interpretación y la transferencia produce también, no una paradoja, sino una verdadera antinomia, pues abre a lo que Freud captó: el aspecto de la resistencia que se presenta en la transferencia y que define como un obstáculo. Lucía D’Angelo nos recuerda que hay tres casos de la transferencia: la transferencia erotómana que es un exceso de amor, la transferencia positiva que es la transferencia por el amor, pero hay la transferencia negativa que es la del odio y que puede llevar a una interrupción.

Entonces, el problema de coordinar interpretación y transferencia es cómo tratar esta antinomia que se presenta. Lacan nos expone dos concepciones, la de Kris que coloca la interpretación al final del recorrido. La interpretación es postergada hasta que la transferencia se haya instalado y la subordina a la reducción de la transferencia. Pero Lacan en la Proposición 67, nos dice: al inicio de todo está la transferencia, aún antes de que uno elija al analista. Y nos da la fórmula: puede ser cualquiera Sq, en el matema de la transferencia, pero tiene que ser alguien, tiene que tener un cuerpo. Lo que hace Freud en los casos de Dora y del hombre de las ratas es interpretar de entrada. Y muchas veces se puede verificar que esa primera interpretación se la vuelve a encontrar en muchos testimonios de los AE en el momento de su pase.

Respecto a la interpretación Lacan subraya que en el psicoanálisis lo inexacto implica lo verdadero. Justamente la teoría de la ego psychology se cuestiona este punto de lo inexacto. En este punto Cecilia Conti lee su elaboración sobre el caso de Kris del hombre de los sesos frescos. El caso de Kris demuestra que el acting out es desencadenado por un forzamiento de la transferencia. La interpretación de Lacan es verdaderamente anticipativa al decir que “roba nada”. Lacan agregó el objeto nada cuando explora la clínica de la anorexia. Hay toda una clínica femenina que sabe muy bien hacer con el objeto nada. Los hombres tienen más dificultad para hacer con este objeto.

En este caso el analista desencadena el acting out a través del cual el sujeto demuestra que roba. Una interpretación no acertada puede producir un acting out, el sujeto se sale de la escena analítica; o un pasaje al acto en el que el sujeto se sale del campo del Otro. Para reincorporar al sujeto que ha producido un acting out hay que interpretar. El analista ha de saber que si se ha producido un acting out la responsabilidad está de su parte. Lacan concluye que el analista al considerar la referencia de la transferencia está en la mala posición, al querer curar con su ser, desencadena el acting out sin obtener una orientación suplementaria acerca de la verdad del sujeto y de su posición en lo simbólico.

Para avanzar un poco más. Desde La instancia de la letra, Lacan puso de manifiesto el principio estructuralista de que el lenguaje precede al sujeto. Utilizando el binomio significante L. D’Angelo retoma la interpretación. En Los signos del goce, Miller habla de la identificación constituida, el S1, y de la identificación constituyente, que es el S2. Para que la identificación S1 se produzca es necesario que eso se produzca desde S2. Lacan da una indicación para la cura del neurótico. El neurótico siempre manipula la respuesta del Otro para obtener tal o cual efecto de identificación subjetiva. El sujeto siempre está maniobrando en S2 para confundir, para enganchar al analista. Es su trabajo como analizante para obtener un S1, la identificación constituida. Eso mismo que se produce de estas maniobras del analizante con el analista que está en el lugar del Otro es ni más ni menos lo que Freud llama neurosis de transferencia.

A partir de este binomio significante, se plantean dos tipos de interpretación. Una asociativa y otra disociativa. En la primera, se invita al paciente a hablar y el analista introduce, en ese agrupamiento, su propio significante para que se asocien con los del sujeto y produzca ciertos efectos. Es la interpretación que responde a la asociación libre. Confundir la interpretación con la asociación libre nos lleva a pensar que el significante de la interpretación llena un hueco en las asociaciones del paciente y le permite avanzar. Ahora bien, tapar el hueco, asociar esa interpretación a la del paciente no hace más que producir malos efectos. Porque además se hace desde el propio fantasma del analista. Esta tesis resulta de considerar la interpretación como asociación que ha tenido y tiene todavía sus defensores y parece surgida por la transferencia. Lacan se opone, más tarde, a esta desviación haciendo del analista no un sujeto sino el objeto a.

En efecto, el análisis comienza porque el analista se ofrece como significante ante el cual será presentado el sujeto supuesto saber. La interpretación va al encuentro de la transferencia y no al revés. La interpretación propiamente dicha, la que cuenta, no es una asociación sino para decirlo todo, es una disociación.

La interpretación como asociación es la que suministra al sujeto una conexión, la articulación con el S2, el significante ante el cual se representa y que tiene estructura de una cadena: de S2 a S1. Pero, la interpretación que conviene producir, dice Lacan, es la ruptura de la cadena S2-S1. Y debe desplazar la ruptura normal que es la que separa al sujeto del objeto a y rompe la fórmula del fantasma.

Esto, como dice Lacan, en El reverso del psicoanálisis, permite mantener el fantasma a distancia, que implica el inconsciente y el discurso del amo, y que es el punto de partida. El discurso analítico supone por el contrario el restablecimiento de la conexión y la división entre el sujeto y el objeto siempre que el sujeto no pierda los pedales de su representación. Si se acepta que la interpretación no es asociativa S2-S1, sino disociativa, que hay una ruptura de la cadena entre S2//S1, es incluso en el momento en que se produce esa ruptura cuando el discurso analítico verifica su instalación. Es decir, cuando entramos eventualmente en un análisis propiamente dicho.

La responsabilidad del analista, que se ve muy bien en La dirección de la cura, con respecto a la interpretación, es que cuando interpreta es obtener una disociación de esta articulación S1-S2 que es el mínimo binario significante, y anular el efecto de la significación.

El debate posterior se vio enriquecido por la aportación de Lucía D’Angelo de una interpretación que recibió de su analista. Y que dio lugar a extraer las consecuencias de la misma en su análisis posterior. Así como las diferencias de esta interpretación con respecto a la que el hombre de los sesos frescos recibió de Kris.

Diciembre 2016

Myriam Chang

Pilar Foz Rocafull, Rosalba Zaidel, Myriam Chang

Puntos vivos octubre, noviembre, diciembre y enero del curso 2016-2017. Seminario del Campo Freudiano de Barcelona. 

NODVS , de

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