Sobre el empuje a-La-mujer en la psicosis y su relación con la pulsión

El siguiente trabajo fue elaborado para el Seminario de Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis dedicado a la Pulsión, en el área de la Tétrada de la Sección Clínica de Barcelona, en el curso 2016-2017. Fue supervisado por Isabelle Durand.

  • Publicado en NODVS LI, març de 2018

Resum

Psicosis, pulsión, goce desregulado, cuerpo, empuje a-La-mujer, forclusión.

Paraules clau

Este trabajo pretende abordar el concepto de empuje a-La-mujer y su implicación en la clínica de la psicosis. El texto recorre el salto conceptual que Lacan da desde De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis (1957-1958), donde explica la psicosis desde la lógica fálica y la preeminencia simbólica, a El atolondradicho (1972), donde introduce el concepto de empuje a-La-mujer, y aborda la psicosis desde la lógica pulsional y la defensa frente a un goce desregulado y un real sin ley.

1. Pulsión, goce y cuerpo, a través de los cambios de paradigma en Lacan.

Una de las cuestiones que ocupó la última enseñanza de Lacan es, principalmente, la de poner sobre la mesa una paradoja respecto a la pulsión. Esta paradoja, que obligaba a una reformulación, se pregunta como el goce, autista, y el sistema del Otro, se mantienen juntos. La paradoja obliga a cuestionarse la pulsión freudiana tal y como estaba concebida, y apunta al cuerpo como sustancia gozante. Esto supone asumir que el cuerpo, de por sí, no habla, como ocurre en la histeria; el cuerpo goza. Si queremos que hable, tendrá que ser por la vía de una histerización.

Para ello, conviene retomar el seminario XI, para contextualizar la pulsión, y hacer su desmontaje, para posteriormente, poder dar un salto de paradigma.

En Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Lacan apunta que la pulsión tiene “el carácter de lo irrepresible” (1), lo que empuja a pensar que, si ha de haber represión es porque del otro lado, hay una presión. La pulsión, según Freud, se puede dividir en cuatro componentes, el empuje (Drang), la fuente (Quelle), el objeto (Objekt) y la meta (Ziel). Además, nos dirá Freud que no se trata de una fuerza de impacto momentánea, sino que se trata de una fuerza “constante” (2). También separa claramente la pulsión del ámbito de las necesidades; del hambre y la sed. La pulsión freudiana es una fuerza constante y apremiante, que procede característicamente del mundo interior, y por tanto, la fuga o la respuesta motora no puede hacer nada frente a ella. Freud, recordemos, relacionaba el principio del placer con la función del sistema nervioso encaminado a suprimir estímulos, a reducirlos al mínimo nivel, para conservar la homeostasis. De modo que este estímulo interno que es la pulsión no se podría suprimir del mismo modo que los estímulos externos, y requeriría una serie de complicadas acciones para ofrecer el equivalente a la supresión: la satisfacción. Por tanto, hay tres características que definen a la pulsión freudiana: es constante, procede del interior y busca satisfacción.

Como señala Lacan en el seminario XI, tomando esta cuestión de la satisfacción, es evidente que los pacientes que tratamos no están satisfechos, y no obstante, sus síntomas tienen que ver con la satisfacción. “Aquello que satisfacen por la vía del displacer es, al fin y al cabo, la ley del placer” (3); de este modo, la única justificación de la intervención del analista es ese “trop de mal”, ese sobreesfuerzo, ese penar en exceso. Sin embargo, la satisfacción de la pulsión, en este momento de la enseñanza de Lacan, aparece como un imposible, donde “el camino del sujeto pasará entre dos murallas de imposible” (4).

Respecto al objeto, en el caso de la pulsión, se dice muy claramente: este es indiferente. Es, por tanto, cambiante, inespecífico; no es lo relevante.

Esto se debe a que las pulsiones, como tales, son pulsiones parciales, y lo importante no es el objeto al que se dirigen, sino el circuito de la pulsión, que circula alrededor de un vacío que se llena, y que configura el objeto a.

Como nos señala J.-A. Miller en su texto, Los divinos detalles (5), la mitología freudiana de las pulsiones (pues es el propio Freud el que encuadra la pulsión como ficción, como mito) se podía reducir a la lógica lacaniana del objeto a. Este es el paso fundamental que se efectúa en el seminario XI.

El objeto a sería la traducción, en términos freudianos, de la satisfacción de la pulsión. En definitiva, no se trata de lo que la pulsión busca en los objetos externos, sino el circuito que se produce desde la fuente a la meta, que es además un circuito de ida y vuelta. En la medida en que los objetos son variables, esto apunta a una satisfacción en el propio cuerpo, satisfacción que se representa por ese circuito que implica a la zona erógena, y que da la vuelta en torno al objeto a, dejando un agujero.

El concepto de goce irá desarrollándose, a través de la enseñanza de Lacan, para lograr aunar libido y pulsión de muerte. De este modo, la satisfacción de la pulsión puede percibirse como un displacer, un unlust, que, sin embargo, conserva su valor constante.

2. Psicosis y empuje a-La-mujer.

El concepto de empuje a-La-mujer aparece en Lacan llevando más allá la idea freudiana de psicosis como defensa frente a la pulsión homosexual. Apunta a que la irrupción de Un-padre, allá donde el Nombre-del-Padre quedó forcluido, produce un “forzamiento en el campo del Otro” (6). La presencia de este Un-padre es algo que puede buscarse, según Lacan, en todos los casos de psicosis, pero no así el empuje a-La-mujer, que no puede extenderse como índice aplicable a cada caso de psicosis.

Para entender este concepto, hay que partir por tanto de la hipótesis de Freud en su texto Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia (dementia paranoide) descrito autobiográficamente, donde Freud explica la paranoia como una solución a una posición homosexual intolerable, que resuelve mediante una serie de inflexiones gramaticales, que lo llevan del “yo lo amo” al “él me ama” (erotomanía), y de este al “él me odia” (paranoia) (7). Por tanto, explica la psicosis mediante una causalidad pulsional, pero estructura el delirio mediante una maniobra gramatical, significante. En Los instintos y sus destinos (Triebe und triebschiksale) también se sirve de la gramática para explicar la diferencia entre libido narcisista y libido objetal, diciendo que la vida anímica está dominada por tres polarizaciones. Aquí, instinto sería una traducción imprecisa al castellano de la palabra triebe, es decir, la pulsión. Esta es la división que hace en tres categorías que se definen por sus dos extremos:

Sujeto (yo) – Objeto (mundo exterior)

Placer – Displacer

Actividad – Pasividad

En esta división, ya apunta a que la antítesis activo-pasivo se funde con la de masculino-femenino, aunque nos advierte que la unión de la masculinidad con lo activo y la feminidad con lo pasivo responde a una base biológica, pero “no es en ningún modo tan regularmente total y exclusiva como se está inclinado a suponer”. (8)

De este modo, las inversiones del “yo le amo” a “yo soy amado u odiado”, se servirían de este par “activo-pasivo”, además de que el delirio se explicaría, desde un punto de vista económico, como una retirada de libido de los objetos y un retraimiento a una libido narcisista. De este modo, vemos que el delirio tiene una estructura significante, pero también una economía pulsional. Esta economía de las pulsiones puede verse en el propio delirio de Schreber, con la metáfora delirante de esos rayos retráctiles que parten de Dios hacia los objetos y se acercan o alejan, pudiendo invadir el cuerpo de un goce insoportable, si están demasiado cerca, o desvitalizarlo completamente, si estos se alejan.

En Freud, por tanto, la psicosis aparece como una cuestión pulsional, pero también significante. En Lacan, inicialmente la psicosis aparece como una cuestión significante; sin embargo, conviene ubicar la pulsión.

Es importante señalar que Lacan abandona la idea de la raíz homosexual en la psicosis, para explicarlo desde otro lugar: la lógica fálica y la forclusión del Nombre del Padre. En tanto forcluido, el psicótico no puede inscribirse como sujeto nombrado hombre, es invadido por la angustia de castración que aparece en lo real del delirio, y en el caso de Schreber, con la emasculación encuentra una solución por la vía de la metáfora delirante, al convertirse en mujer. Pero no cualquier mujer, La mujer, esa que puede ser la mujer de Dios.

En la psicosis desencadenada puede darse un paso hacia la aparición de un goce ilimitado, sin capitón. Este goce deslocalizado y sin límites puede aparecer en forma de distintas experiencias en el cuerpo (disolución, fragmentación, troceamiento, putrefacción de la carne o sensaciones cenestésicas múltiples que son impuestas por el Otro). Estas experiencias, donde nada ordena las pulsiones parciales, se escapan de lo dialectizable y de la lógica del fantasma, y producen una proximidad entre la psicosis y el Otro goce femenino.

Si atendemos a la experiencia de Schreber, el intento de estabilización por la vía de la metáfora delirante pasaba por la feminización, tomando el papel de La Mujer, es decir, la Mujer de Dios, La Mujer en términos absolutos, la mujer que no existe.

Para entender la formulación de Lacan, hay que ver el paso que va desde De una cuestión preliminar…, en que explica la psicosis en clave de la lógica fálica (ser o tener el falo, o más bien ni ser ni tener el falo) y la forclusión del nombre del Padre, a El atolondradicho, donde formula por primera vez el empuje a-La-mujer y lo define, como hemos dicho, como un forzamiento en el campo del Otro. Esto guarda relación con la sexuación como elección de goce, no solo como elección significante.

En De una cuestión preliminar… explica claramente que no es por estar forcluido el pene, sino por deber ser el falo de la madre, por lo que el paciente estará abocado a convertirse en una mujer. De este modo, el inconsciente empuja a que “a falta de poder ser el falo que falta a la madre, le queda la solución de ser la mujer que falta a los hombres” (9). Conviene recordar la puntualización que hace Lacan de que esta solución ocurre en el sujeto muy pronto, y lo relaciona con la pulsión infantil freudiana.

Por tanto, ese empuje a-La mujer queda ligado de alguna forma a la pulsión, por la vía del falo. Al estar forcluido el Nombre-del-Padre, el psicótico no se puede inscribir respecto al falo como castrado. El goce no pasa por el falo, y entonces será el goce desregulado. Este goce desregulado es el que será llamado empuje a-La-mujer, ya que Lacan nos dice “todo sujeto en cuanto tal, ya que es eso lo que está en juego en este discurso, se inscribe en la función fálica para obviar la ausencia de relación sexual” (10).

En mi experiencia en la clínica, esta es una solución que aún puede verse con claridad en algunas psicosis, a veces, con experiencias en el cuerpo que son puras transgresiones que intentan localizar un goce deslocalizado. Un paciente psicótico, en un desencadenamiento, se arrancó a sí mismo, con un destornillador, varias piezas dentales. Durante la entrevista clínica en el ingreso hospitalario, relató la experiencia que había motivado aquel impactante paso al acto: su propósito era transformarse de hombre en mujer; esta transformación de su cuerpo pondría fin a sus penalidades, que se debían a su condición de hombre (siguiendo la lógica shreberiana, podíamos decir un hombre “hecho a la ligera”). Esta trasformación en mujer o en La mujer (en tanto mujer que representara a todas las mujeres), tenía que hacerse mediante el cambio de algunos lugares de su cuerpo, de especial importancia pulsional: la boca y el ano. El paciente pensó en coserse el ano, para conseguir hacerse un cuerpo de mujer, pero finalmente optó por cambiar su boca, arrancando de ella sus dientes, que quedaron como deyecto. Los dejó en el lugar donde se los extrajo, los servicios del centro de salud mental donde era atendido regularmente por su psiquiatra. Este paso al acto, como acto sobre el cuerpo, y el posterior ingreso hospitalario, logró apaciguar de algún modo ese goce desregulado del desencadenamiento. En esta viñeta clínica puede verse que la invención de un cuerpo de mujer concilia el goce del cuerpo a través de una erotización de la imagen en el lugar en que el padre falta, al modo de una práctica transexualista (11).

Como Lacan señala en De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis, “Creemos que la determinación simbólica se demuestra en la forma en que la estructura imaginaria viene a restaurarse”. Aquí destaca dos aspectos que Freud distinguió. Uno de los aspectos es “una práctica transexualista, en modo alguno indigna de ser comparada con la ‘perversión’” (12). Lacan explica el episodio en que el sujeto Schreber se abandona a una actividad erótica solitaria, la que le da su imagen en el espejo, al usar atuendos de mujer, hasta el punto en que cree que la imagen de su busto sería indistinguible del de una mujer. Esto además, va parejo con la percepción endosómatica de los nervios de la “voluptuosidad femenina” que han pasado rodear las zonas supuestamente erógenas del cuerpo de la mujer. Por tanto, aunque la hipótesis causal de Lacan tenga que ver con la cuestión simbólica, y la restauración imaginaria, también incumbe, como vemos, a la economía pulsional, por la vía del cuerpo.

La diferencia entre los conceptos abordados en De una cuestión preliminar… y los retomados en El atolondradicho, donde introduce este empuje a-La-mujer, es que este ya no aparece como la solución a la psicosis, sino también como el problema; un problema del Ser, que concierne a lo imposible de la existencia del psicótico de inscribirse como hombre. En esta imposibilidad, el sujeto psicótico se encuentra con algo que empuja con la fuerza constante de la pulsión, un real sin ley que deja al cuerpo a merced del desorden de las pulsiones parciales fuera de la ley del significante. Como dirá Lacan “Por eso incluso es reducido a encontrar que su cuerpo no deja de tener otros órganos, y que la función de cada uno se le vuelve problema; con lo que el dicho esquizofrénico se especifica por quedar atrapado sin el auxilio de ningún discurso establecido” (13).

A pesar de que en algunos casos clínicos se puede observar con extraordinaria claridad este empuje a-La-mujer, con todo su desorden pulsional; en otros casos de psicosis que han encontrado un capitón, a veces por la vía de una suplencia, se consigue una localización del goce con mejores defensas frente a lo real sin ley, y este empuje a-La-mujer no se presenta.

Bibliografia

  1. Lacan, J., El Seminario, libro XI, Los 4 Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis. Barcelona, Ed. Paidós, 2008, p.169.
  2. Freud, S., “Los instintos y sus destinos”. Obras completas. Madrid, Ed. Biblioteca Nueva, 2006, p. 2040.
  3. Lacan, J., El Seminario, libro XI, Los 4 Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis. Barcelona, Ed. Paidós, 2008, p. 178.
  4. Ibíd. p. 174.
  5. Miller, J.-A., Los divinos detalles. Barcelona, Paidós, 2011, p. 144.
  6. Lacan, J., "El atolondradicho", en Revista Escansión Nº 1, Buenos Aires, Paidós, 1984.
  7. Freud, S., “Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia (dementia paranoide) descrito autobiográficamente”. Obras completas. Madrid, Ed. Biblioteca Nueva, 2006, p. 1518.
  8. Freud, S., “Los instintos y sus destinos”. Obras completas. Madrid, Ed. Biblioteca Nueva, 2006, p. 2048.
  9. Lacan, J., “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”. Obras escogidas 1. Barcelona, Ed. RBA, 2006, p. 547.
  10. 10. Lacan, J., "El atolondradicho", en Revista Escansión Nº 1, Buenos Aires, Paidós, 1984.
  11. 11. http://nel-medellin.org/la-psicosis-el-goce-femenino/
  12. 12. Lacan, J., “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”. Obras escogidas 1. Barcelona, Ed. RBA, 2006, p. 550.
  13. 13. Lacan, J., "El atolondradicho", en Revista Escansión Nº 1, Buenos Aires, Paidós, 1984.
Manuel González Molinier

Sobre el empuje a-La-mujer en la psicosis y su relación con la pulsión

NODVS LI, març de 2018

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