Presentación de Taxi Driver

Presentación de la película Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976) en la Filmoteca de Catalunya, el jueves 22 de febrero del 2018, en el marco del ciclo Cinema i psicosi.

  • Publicado en NODVS LII, juny de 2018

Resum

La siguiente presentación aborda el filme Taxi Driver tomando a su protagonista, el joven Travis, como un caso clínico de paranoia cuyo recorrido va a estar marcado por la soledad y el pasaje al acto.

Paraules clau

Soledad, pasaje al acto, paranoia, pulsión de muerte.

“El problema de Travis [el protagonista] es el mismo que el del héroe existencial, es decir, “¿debería existir?”. Pero Travis no entiende que ése es su problema, por lo que se centra en otro lugar, y creo que es un reflejo de la inmadurez y la juventud de nuestro país. No entendemos correctamente la naturaleza del problema, por lo que el impulso autodestructivo, en lugar de ser dirigido hacia el interior, como en Japón, Europa o cualquiera de las culturas más antiguas, se emplea hacia afuera.”  

Paul Schrader, guionista del film.

 

Tenemos a Travis Bickle, un joven de veintiséis años. La chaqueta militar con su apellido impreso en la espalda da cuenta de su paso por Vietnam formando parte del Cuerpo de Marines.

A Travis le invade un malestar que no puede nombrar. Le impide dormir por las noches, llevándole a una errancia en transporte público por toda la ciudad. Para manternerse ocupado -entedemos, diluir la presencia de su malestar-, se ofrece como taxista en el turno nocturno.

El diario que escribe, además de funcionar como hilo conductor del filme, puntúa los momentos clave de su recorrido.

Lo que he necesitado toda mi vida es una meta. No creo que uno deba dedicar su vida a ese mórbido cuidado de sí mismo. Uno debería convertirse en una persona como los demás. En esta cita ya se dibuja la búsqueda de una misión que pasa por salvar al Otro. El primer intento de Travis será por la vía del lazo social, por la búsqueda de una pareja. Para ello escoge a Betsy, una joven que trabaja en la campaña presidencial del senador Palantine.

Parecía un ángel en medio de tanta escoria, escribe Travis de Betsy en su diario. Con su vestido blanco, Betsy encarna la pureza, lo limpio, lo opuesto a la inmudicia que él ve por las calles de Nueva York durante sus noches en el taxi.

Creo que usted está sola (…) y que no es feliz. Usted necesita algo, le dice Travis para arrancarle una cita. Se presenta como aquel que va a colmarla. Cabe destacar asimismo que para el taxista, lo que hace conexión entre Betsy y él es la soledad en la que cree que ella también vive.

Sin embargo, Betsy sale corriendo después de que Travis la lleve a un cine porno en su segunda cita. Betsy interpreta la invitación de Travis como una insinuación descaradamente obscena. Él no entenderá esta reacción. Para él, los cines porno son los lugares a los que acudir cuando el trabajo ha terminado y las películas que ve allí le generan más bien extrañeza.

Después del rechazo de Betsy, el malestar de Travis se acrecienta. Tiene jaquecas y cree que debe tener cáncer de estómago. Ella es como los demás. Fría y distante, sentencia sobre la joven en su diario. El ángel impoluto ha pasado a formar parte de la inmudicia malvada que habita el mundo.

Travis acude a un compañero de trabajo al que llaman Mago para intentar poner palabras a su malestar. La conversación está llena de malentendidos y Travis no halla en las respuestas de su compañero la solución que el significante “mago” prometía garantizar. Sólo queda el acto.

A partir de este momento, se acabaron para Travis los intentos por establecer algún tipo de vínculo. Comienza el empuje a la pulsión de muerte.

La soledad me ha seguido toda mi vida, a todas partes (…) No hay escapatoria. Soy el hombre solitario de Dios. La soledad, que antes pudo ser el signo para encontrar a una pareja, es ahora un designio divino, una imposición inalterable. El significante que mostrará el camino de la misión de Travis, aquello que le nombra.

Pasamos entonces a las armas.

En su recorrido hasta la compra de armas de fuego, ciertas palabras del Otro han tenido para Travis una significación especial, como pistas a seguir hasta dar con el objeto. Hay que destacar aquí el encuentro con ese pasajero loco que le cuenta cómo matará a su esposa infiel con una pistola Magnum 44, precisamente el primer arma que Travis demandará en la compra. Antes de ese encuentro, hemos visto cómo un compañero de trabajo se despedía de él llamándole burlonamente “killer” (sic).

Después de adquirir dos revólveres y dos pistolas automáticas, Travis se hace un cuerpo para poder llevarlas y manejarlas. Frente al espejo, Travis amenaza y apunta a su propia imagen. Estás muerto, dice a su reflejo tras desenfundar una de sus pistolas. Señal de que lo que Travis busca realmente es destruirse a sí mismo.

Mientras espía los mitines del senador Palantine, envía una carta a sus padres. Les miente al contarles que trabaja para el servicio secreto y sale con una chica llamada Betsy. Travis no ha logrado estar a la altura de ese Yo Ideal con el que pretende engañar a sus padres. Por el contrario, su posición es la desecho.

Al tiempo que planea atentar contra Palantine, Travis conoce a la chica que metraje atrás intentó subir a su taxi y acabó siendo disuadida por una figura amenazadora. Se trata de Iris, una niña de doce años. Por más que Travis trata de salvarla convenciéndola de que merece una vida propia de una niña de su edad en lugar de estar siendo explotada sexualmente por un chulo llamado Sport (el que evitó que huyese en el taxi), su objetivo inicialmente no es masacrar a los hombres que la utilizan.

Travis lo deja todo bien atado: envía dinero a Iris para que pueda escapar, asegurándole que cuando lo reciba, él ya estará muerto. Acude a un mitin de Palantine para atentar contra él y así lograr hacerse matar. Al no conseguirlo, realiza un pasaje al acto en el que usa sus armas de fuego contra Sport, el cómplice de éste y un mafioso cliente de Iris. Habiendo asesinado a los tres con una violencia tan torpe como descarnada, Travis intenta dispararse a sí mismo. Pero ya no quedan balas.

El pasaje al acto de Travis tiene el envoltorio -y es así como será recibido por la prensa y los padres de Iris- de un acto heroico[1]. Sin embargo, se trata realmente de un suicidio fallido. Cortada toda vía de lazo social y asumida la soledad como su condición de sujeto, la autodestrucción es el camino que Travis va a seguir para acallar definitiva y radicalmente el malestar que le ha invadido durante todo el metraje. En Sport y sus cómplices, Travis ubica el kakón, aquella figura que encarna el mal. Un mal que, sin embargo, sólo se corresponde al fin con el mal que le habita y del que sólo puede escapar matándose a sí mismo.

En 1933, un incipiente Jacques Lacan dedicaba un artículo a un crimen real: ”Motivos del crimen paranoico: el crimen de las hermanas Papin”. En este texto, el por entonces psiquiatra francés señalaba lo siguiente: “Existe una entidad mórbida, la paranoia, que, (…), responde grosso modo a los rasgos clásicos siguientes: a] un delirio intelectual que varía sus temas de las ideas de grandeza a las ideas de persecución; b] unas reacciones agresivas muy frecuentemente asesinas; c] una evolución crónica.” A continuación, Lacan hace hincapié en las reacciones agresivas en la paranoia: "La pulsión agresiva, que se resuelve en el asesinato, aparece así como la afección que sirve de base a la psicosis (…) Pero esta pulsión está teñida en sí misma de relatividad social: tiene siempre la intencionalidad de un crimen, casi constantemente la de una venganza, a menudo el sentido del castigo, es decir de una sanción emanada de los ideales sociales, y a veces, finalmente, se identifica con el acto acabado de la moralidad, tiene el alcance de una expiación (autocastigo).”

Con estas palabras de Lacan, podemos ubicar la estructura paranoica en Travis, especialmente en lo que concierne a su intento de suicidio presentado -y recibido públicamente- como un crimen justiciero contra unos seres abyectos. Con su acto radical aunque fallido, Travis se separa del goce de un Otro malvado para ser proclamado, sin buscarlo, un héroe nacional.

En la acertada última escena, quién sube al taxi de Travis es Betsy, dejando ver que su actitud hacia él ha cambiado tras saber de su hazaña en la prensa. Sin embargo, él ya no muestra interés por reiniciar el vínculo con ella. Un gesto de turbación que Travis realiza mirando por el retrovisor, cuando la chica ya se ha bajado del vehículo, nos da a entender que la pulsión de muerte va a seguir marcando su existencia.

Notes


[1] Respecto al vínculo entre el heroismo y el acto, nos dice Jacques Alain Miller: “(...) el heroísmo, (…) no excluye la voluntad de goce, sino, por el contrario, da testimonio de ella en el hecho de que se pueda por eso sacrificar hasta la vida. Es el triunfo de la pulsión de muerte, o si se quiere, la afirmación desesperada del goce.”

Bibliografia

.Miller, Jacques-Alain. “Jacques Lacan: Observaciones sobre su concepto de pasaje al acto”, en Suicidio, medicamentos y orden público, Bardón, C. y Puig, M. Editorial Gredos, Madrid, 2010.

.Lacan, Jacques. “Motivos del crimen paranoico: el crimen de las hermanas Papin”, disponible en Internet.

.Alberich, Enric. "Martin Scorsese: Vivir el cine". Glenat España, Barcelona, 1999.

José Carlos Palma Martín

Presentación de Taxi Driver

NODVS LII, juny de 2018

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