Comentario de la referencia "Introducción del Narcisismo", de S. Freud (1914)

Referencia presentada para la sesión del 12 de mayo de 2018 del Seminario del Campo Freudiano de Barcelona, impartido por Araceli Fuentes

  • Publicado en NODVS LII, juny de 2018

Resum

A través del desarrollo sobre libido yoica y libido objetal formulado por Freud en “Introducción del Narcisismo” se establecen las referencias para ubicar algunos elementos del empuje a la mujer schreberiano.  

Paraules clau

libido, delirio, narcisismo, autoerotismo, represión, yo, goce, Schreber

Freud comenzará el texto diciendo que en las parafrenias son característicos el delirio y el extrañamiento del mundo exterior, haciéndolos inmunes al psicoanálisis e incurables en nuestra práctica. Diferenciará que en la neurosis, si bien hay momentos de cancelación del vínculo erótico con el mundo exterior, como explicita en su texto "Duelo y Melancolía", esa libido aun es conservada en la fantasía: los objetos del mundo real han sido reemplazados por los objetos de la fantasía. En las parafrenias la libido no regresa a los objetos de la fantasía sino que se vuelve hacia el yo, siendo el delirio de grandeza lo que atestigua este mecanismo. Esta acción, dice Freud “…parece corresponder a un intento de curación que quiere reconducir la libido al objeto” (1).  

En su análisis del caso Schreber lo dice de una manera muy clara al referirse al examen de Fin del mundo del individuo: “El enfermo ha sustraído de las personas de su entorno, y del mundo exterior en general, la investidura libidinal que hasta entonces les había dirigido; con ello, todo se le ha vuelto indiferente y sin envolvimiento para él, y tiene que explicarlo, mediante una racionalización secundaria, como cosa de ¨milagro, improvisada de apuro¨. El sepultamiento del mundo es la proyección de esta catástrofe interior; su mundo subjetivo se ha sepultado desde que él le ha sustraído su amor¨ […] Y el paranoico lo reconstruye, claro que no más espléndido, pero al menos de tal suerte que pueda volver a vivir dentro de él” (2).

Este sentimiento de fin del mundo en los paranoicos sería el empobrecimiento de la libido de objeto por contraposición al superior desarrollo de la libido yoica, es aquí donde postula por primera vez esta oposición entre la libido yoica y la libido objetal. El valor de estos conceptos se da en que la separación de la libido en una propia del yo y otra adosada a los objetos, es la necesaria extensión de un primer supuesto que dividió pulsiones sexuales y pulsiones yoicas.

 Pero va a indicar, que este delirio de grandeza no es mas que una vuelta a un estadio anterior. Entonces define al narcisismo secundario como aquel que nace por replegamiento de las investiduras de objeto que se edifica sobre el narcisismo primario.

Freud se pregunta cuál es la relación entre el narcisismo y el autoerotismo en tanto estadio temprano de la libido, y dice: “Es un supuesto necesario que no esté presente desde el comienzo en el individuo una unidad comparable al yo; el yo tiene que ser desarrollado. Ahora bien, las pulsiones autoeróticas son iniciales, primordiales; por tanto, algo tiene que agregarse al autoerotismo, una nueva acción psíquica, para que el narcisismo se constituya” (3). 

 

II

Freud postulará que el estudio directo del narcisismo solo puede realizarse analizando las parafrenias. Sostendrá entonces cómo en la hipocondría, que a diferencia de las enfermedades orgánicas no tiene alteraciones comprobables en el órgano que la fundamenten, la libido es retirada de los objetos del mundo exterior para concentrarlos sobre el órgano que lo agobia.

Freud conceptualizará una posible relación entre lo que configura la base de la hipocondría y la distribución de la libido. Dirá, que se podría considerar la erogenidad, en tanto aumento o disminución de estímulos de excitación sexual, como una propiedad de todos los órganos del cuerpo, dando apoyatura a un posible paralelismo entre la erogenidad de los órganos y una alteración de la investidura libidinal dentro del yo. La hipocondría depende entonces de la libido yoica, siendo una estasis de la misma.

Continuando con esta ilación, Freud se preguntará: “En razón de qué se ve compelida la vida anímica a traspasar los limites del narcisismo y poner la libido sobre objetos?” (4).  Porque parecería maravilloso para el individuo continuar en ese estadio de The baby his magesty, pero sin embargo hay algo que hace que no sea así en la mayoría de los casos. Responderá: “un fuerte egoísmo preserva de enfermar, pero al final uno tiene que empezar a amar para no caer enfermo, y por fuerza enfermará si a consecuencia de una frustración no puede amar” (5).

 A partir de aquí, penetrará un poco más en los mecanismos de la parafrenia, estableciendo que el delirio de grandeza permite el procesamiento de la libido devuelta al yo, siendo esta estasis libidinal que se ha vuelto patógena la que provoca el proceso de curación que se nos aparece como enfermedad. Es este delirio de grandeza el que procura el dominio psíquico de este gran volumen de libido que ha vuelto al yo, al igual que la angustia opera en las neurosis de transferencia,  pero en las parafrenias no se resuelve mediante conversión o formación reactiva o protectora, si no que hay un intento de restitución.

 III

Es interesante destacar aquí los dichos de Freud sobre el complejo de castración a saber: “juzgo totalmente imposible colocar la génesis de la neurosis sobre la base estrecha del complejo de castración […] Conozco casos de neurosis en los cuales la “protesta masculina” (o bien en nuestra doctrina el complejo de castración) no desempeña papel patógeno alguno o ni siquiera aparece” (6).

Teniendo en cuenta la fecha de esta publicación, podríamos pensar que esta hablando del Hombre de los Lobos, caso que estaría ubicando aquí dentro del campo de las neurosis como lo hizo al titular el historial. Pero con una rectificación a estas líneas que realiza en una carta fechada en septiembre de 1926 dirigida al Dr. Weiss que le consulta acerca de esta afirmación, muy contundente Freud responderá: “Su pregunta referente a lo que yo digo en “Introducción del narcisismo”, acerca de si existen neurosis en que el complejo de castración no desempeñe papel alguno, me deja perplejo. Ya no se en que pensaba yo en esa época. Hoy no sabría indicar neurosis alguna en que no se encontrara este complejo, y por cierto no escribiría así esa oración. […]” (7).

Entonces, si hablaba aquí del Hombre de los Lobos, es probable que cuanto menos haya dudado sobre su postura diagnóstica primera.

Yo Ideal e Ideal del Yo.

Freud se preguntará a dónde ha ido a parar libido yoica narcisista. Hará uso del concepto de represión para responder. Entonces, ¿qué es lo que hace que un individuo reprima algo que otro no?. Se habrá formado entonces en el primero un ideal con el cual compara el yo actual. Esta formación del ideal es condición de la represión (luego conceptualizará el Super Yo a partir de este desarrollo). Ahora bien, dirá además que el amor de sí mismo que en la infancia gozó el yo real caerá sobre este ideal, el cual es poseedor de todas las cualidades valiosas y perfectas. Como el individuo es incapaz de  renunciar a estos beneplácitos de los que alguna vez disfrutó con este narcisismo primario y no quiere resignarlos pese a ser interrumpido por las censuras de los padres o educadores, procura recobrarlos en este Ideal del Yo, sustituto del narcisismo perdido en la infancia en la que él fue su propio ideal: el Yo Ideal.

 

Retomando la cuestión del empuje a la mujer y relacionando este texto con “De una cuestión preliminar…” y como se trató en el seminario de abril por Graciela Brodsky; cuando Lacan explica la relación de Schreber con el cuerpo y el goce, habla de dos tiempos: el primero es la muerte del sujeto y su regresión tópica el estadio del espejo, el cual tiene un estatuto mortífero, un cadáver leproso llevando a otro cadáver leproso, en ese eje de a – a1 del Esquema Z. La identificación de Schreber y el otro reducido al otro pequeño.

En un segundo tiempo habrá una localización fundamental del goce, habilitando la vivificación del sujeto. El estatuto de Schreber es de resto, basura, resto del otro. Lo que consigue con la feminización y este contemplarse, es restituir a este a resto o desecho el valor de I. Le da al a el revestimiento del I necesario para la identificación al Yo ideal, que es aquí femenino y que le permite localizar en el espejo, o sea fuera del cuerpo, ese goce que ahora esta en el campo escópico. Es en esta contemplación en ese pasar de objeto perdido del otro, del excremento del otro al recubrimiento del objeto a por el Ideal, donde se implica al otro del espejo. Es esta escena la restauración imaginaria que viene a localizar el goce en el cuerpo a través del espejo y que compensa la deslocalización del goce por la carencia de la significación fálica. Por eso Lacan hablará aquí de goce narcisista.

Notes

1. Freud, S. "Introducción del Narcisismo". Obras Completas. Volumen 14. Editorial Amorrotu. Pg 72

2. Freud, S. "Puntualizaciones sobre un caso de paranoia". Obras Completas. Volumen 12. Editorial Amorrortu. Pg 65

3. Freud, S. "Introducción del Narcisismo". Obras Completas. Volumen 14. Editorial Amorrotu. Pg 74

4. Ibíd. Pg 82

5. Ibíd. Pg 82

6. Ibíd. Pg 89

7. Ibíd. Pg 90

Bibliografia

- Freud, S. "Introducción del Narcisismo". Obras Completas. Volumen 14. Editorial Amorrotu. Buenos Aires, Argentina. 

- Freud, S. "Puntualizaciones sobre un caso de paranoia". Obras Completas. Volumen 12. Editorial Amorrortu.  Buenos Aires, Argentina. . 

Rocío Álvarez Reyna

Comentario de la referencia "Introducción del Narcisismo", de S. Freud (1914)

NODVS LII, juny de 2018

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