Una placa giratoria. Consideraciones sobre la fobia en el Seminario 16.

Texto presentado en el curso de la Tétrada 2017-18, para el seminario "Actualización de las estructuras clínicas en los casos de Freud. El caso Juanito". Docente: Enric Berenguer.

  • Publicado en NODVS LIII, novembre de 2018

Resum

El presente texto pretende indagar sobre la conceptualización de la fobia en el Seminario 16. En plena revisión de las categorías clínicas de perversión y neurosis en función de la estructura del Otro determinada por el objeto a, Lacan sitúa a la fobia no como una entidad aislable sino como experiencia intermedia, una placa giratoria, una figura clínica que permitirá orientarnos en los contextos más diversos. 

Paraules clau

Fobia, placa giratoria, en-forma de Otro, perversión, neurosis.

En-forma de Otro

Las clases XVIII y XIX nos aproximan a un desarrollo de Lacan sobre la conceptualización de la fobia, esta vez en presencia de un operador ausente en sus formulaciones más clásicas sobre la fobia cuando entre los años 1956 y 1957 se ocupaba de Juanito: el objeto a.

Pero para poder introducirnos en dicha conceptualización, es necesario situarnos brevemente en relación al Seminario 16. Aquí Lacan parece intentar redefinir las categorías clínicas de la perversión y la neurosis en función de la estructura del Otro determinada por el objeto (a), nombrando muchas veces a este último el en-forma de Otro, precisamente para destacar esa relación de determinación. Es a través de este recorrido que podrá situar al final de la clase XIX a la fobia no como una entidad clínica aislable sino como una “placa giratoria”[1], punto al que pretendo arribar. Una placa que frecuentemente conduce al sujeto desde una posición perversa hacia alguno de los dos grandes órdenes de la neurosis: la histeria y la neurosis obsesiva.

Entonces, volviendo al recorrido del Seminario, Lacan hará uso del par ordenado y la teoría de los conjuntos para describir dicha relación de determinación entre el Otro y el objeto a, hasta concluir que ese a no hace más que señalar un vacío, que agujerearle. "Lo vemos así, en suma, ahuecarse por lo que llamé la última vez el en-forma de A, a saber, ese a que lo agujerea"[2], indica Lacan.

Tomando esta referencia establece una distinción estructural. Por un lado, lo esencial de la estructura perversa consiste justamente en la operación por la cual se devuelve al Otro el goce, se le devuelve el objeto a: "Devolver a a ese del que proviene, el Otro, es la esencia de la perversión".[3] Encontramos diversas expresiones en clases anteriores: "es partidario de que el Otro existe"[4], o "el perverso es aquél que se consagra a tapar el agujero del Otro”[5]. También dice con ironía "es un defensor de la fe"[6], es decir, cree en la existencia del Otro.

Pero mientras la perversión se define en el nivel de las relaciones del sujeto con el Otro, la neurosis es presentada en el eje del narcisismo, es decir, de las relaciones del yo con la imagen especular, i(a). En este campo, el objeto a se alza como obstáculo en el afán identificatorio del neurótico: "intentaré mostrarles que es a nivel del narcisismo secundario, en su forma caracterizada como captura imaginaria, donde se presenta para el neurótico, de una manera completamente distinta de lo que ocurre con el perverso, el problema del objeto a"[7]. Más adelante Lacan concluye "se trata para él de la imposibilidad de hacer encajar el objeto a en el plano imaginario, en conjunción con la imagen narcisista"[8].

De este modo, del lado de la perversión tendríamos presente la imposibilidad de colmar el agujero del Otro; del lado de la neurosis, la imposibilidad de conjugar el objeto (a) con la imagen narcisista.

Esta imposibilidad en la neurosis es descripta por Lacan en este Seminario también en términos de la dificultad de hacer Uno con el Otro. "Si el neurótico se encuentra confrontado con los problemas narcisistas, es sólo en la medida en que él pretende ser Uno en el campo del Otro"[9], “¿No es en efecto lo que aparece en la experiencia del neurótico? ¿Colmarla con el mito de la unidad primitiva, un paraíso perdido, aparentemente liquidado por el trauma del nacimiento, no es caer en lo que está justamente en juego en lo que ocupa al neurótico? En efecto, se trata para él de la imposibilidad de hacer encajar el objeto a en el plano imaginario, en conjunción con la imagen narcisista” [10]

Volviendo entonces a las clases XVIII y XIX, Lacan retoma la distinción entre perversión y neurosis, y nos recuerda que definió la perversión como la restitución del objeto (a) al campo del Otro. Agrega que es aquella estructura del sujeto para quien, por lo tanto, la referencia a la castración está tapada, enmascarada, colmada por la misteriosa operación del objeto a. “¿El Otro del perverso no es acaso lo que había designado con el término homelle?”[11], afirma Lacan con este neologismo que condensa “hombre” (homme) y “ella” (elle), ilustrando con ironía los intentos del perverso para remediar la ausencia del falo en la mujer. El S(A), el Otro sin la barra, da aquí la clave de la perversión.

 

La relación de objeto anaclítica y la relación de objeto narcisista

Es para continuar desarrollando la diferencias entre la relación con el otro como alteridad y la relación con el otro como imagen especular que Lacan se servirá de una formulación freudiana sobre al amor: la relación de objeto anaclítica y la relación de objeto narcisista[12].

Freud destaca que el lactante toma sus objetos sexuales de sus experiencias de satisfacción[13]. Es decir que sus primeras satisfacciones sexuales autoeróticas son vividas en relación con funciones vitales destinadas a la conservación antes de ejercerse independientemente, de allí la coincidencia entre los primeros objetos libidinales y los de las pulsiones de conservación: el pecho, la madre, el padre, sus sustitutos, etc. Por basarse este tipo de elecciones en un apoyo sobre las funciones de conservación, Freud llama a este tipo de relación de objeto que signará elecciones posteriores “relación de objeto de apoyo o anaclítica”. Sin embargo, afirma, muchas personas no eligen su ulterior objeto erótico conforme a la imagen de la madre sino a la de su propia persona, dando lugar a una elección de objeto que podría llamarse de tipo narcisista.

Tomando esta distinción freudiana, Lacan destacará que la alteridad en la relación con el otro se alcanza, no en la relación narcisista que parece estar ligada a su propia imagen, sino en la anaclítica. Así, hace referencia al anaclitismo como un sostén a nivel del Otro pero haciendo una especial revisión de aquellas lecturas que ponían el énfasis en lo que llamó una mitología de la dependencia, porque Lacan se interesa en destacar no la aparente relación de dependencia sino esta particularidad de colmar la falta del Otro tan propia de la posición perversa: ”La articulación por parte de Freud del anaclitismo como un sostén a nivel del Otro dio lugar al desarrollo de una suerte de mitología de la dependencia, como si se tratara de eso. Me parece a mí que el anaclitismo adquiere su estatuto, su verdadera relación, cuando se define propiamente lo que sitúo a nivel de la estructura fundamental de la perversión. Se trata, a saber, de cierto juego llamado perverso del a por el cual el estatuto del Otro se asegura por estar cubierto, colmado, enmascarado, y que está presente en todo tipo de efectos que nos interesan."[14]

Lacan se encarga de destacar, además, que estas formulaciones acerca de la posición perversa se expresan en muchos otros niveles que no son los de las experiencias patológicas[15]. Muchas de ellas, al igual que las hechas en relación al narcisismo sobre la relación especular y la imagen del cuerpo, pueden ser aplicables a una fase normal del desarrollo.

 

La placa giratoria. Un caso de fobia a las gallinas

Entonces, comienza a poder visualizarse en el recorrido que continúa haciendo Lacan cierta vinculación del modelo de la relación de objeto narcisista con la neurosis y del modelo de la relación de objeto anaclítica con la perversión. Una vez alcanzada esta elaboración, podemos seguir un poco más a Lacan cuando nos invita a situar justo allí, en el medio, a la fobia: "me gustaría aún abrirles el camino que va de la perversión a la fobia, donde veo el intermediario que les permitirá finalmente situar de manera auténtica al neurótico”.[16] Una experiencia intermedia a la que define como teniendo lugar cuando se produce la conjunción del objeto a y la imagen del cuerpo.

Lo ilustrará esta vez a partir del caso “X”, tomado de un libro de Helene Deutsch[17]. Para ello, divide el análisis del caso en distintos tiempos conforme a los cambios en la posición del niño. Tal como afirma, inicialmente las gallinas no representaban seguramente nada para él. Se trataba de los animales que iba a cuidar junto a su madre y cuyos huevos recogían. Sin embargo, una maniobra interesaba particularmente a X: una palpación exterior de la cloaca destinada a percibir si el huevo estaba allí, ya a punto de salir. Entonces, cuando su madre lo bañaba le pedía que hiciera ello mismo sobre su perineo. Lacan señala al respecto “¿Cómo no reconocer que allí mismo él se designa como aspirando a proveer el objeto que constituía sin duda para la madre, por razones que por otro lado no se profundizan pero que son manifiestas, el motivo de un interés completamente particular? El primer tiempo es muy evidente _Dado que te interesan los huevos es preciso que yo te los ponga.”[18]. Así, Lacan nos remite a aquella estrategia del perverso de devolver al otro el objeto a como caracterización de este primer tiempo, lo cual permitirá otorgar sentido a lo que está en juego posteriormente cuando la fobia se desencadena.

En una ocasión, un hermano mayor que X y notablemente más fuerte que él, lo toma por detrás diciendo _Yo soy el gallo y tú eres la gallina. El niño se defiende, se subleva y exclama con énfasis _ I won´t be the hen. Para Lacan, el punto central es por qué X, quien anteriormente se encontraba a gusto con su madre pudiendo ser para ella una gallina, se resiste, dice no en esta ocasión. Su respuesta a esta pregunta pone el acento en la irrupción de la organización narcisista del niño, “allí está interesado el narcisismo, a saber, la rivalidad con su hermano, el pasaje a una relación de poder (…) Como bien prueba el hecho de que el otro lo toma de la cintura, de la cadera, lo inmoviliza, y tanto como quiere, lo mantiene en cierta posición”[19]. La presencia del objeto es evidenciada aquí por la angustia si tenemos en cuenta que “la angustia no es ciertamente sin objeto (…) siempre que se vea bien que este objeto es la apuesta misma del narcisismo”[20], en una escena en la que la conjunción entre el objeto y la imagen corporal parecen quedar en la base de la experiencia fóbica tal como describía Lacan.

Entonces, continúa, hay un giro de lo que está investido con cierta significación, la gallina, de un registro a otro: de lo imaginario a lo simbólico. Frente al fracaso de su función imaginaria, la gallina adquiere una función significante para el niño, le causa miedo. En este punto, Lacan parece retomar una de sus clásicas formulaciones sobre la fobia: “Se revela entonces la verdadera función de la fobia, que es sustituir el objeto de la angustia por un significante que atemoriza, porque respecto del enigma de la angustia la relación señalada como peligrosa es tranquilizadora. Además, la experiencia nos muestra que, siempre que se produzca el pasaje al campo del Otro, el significante se presenta como lo que es respecto del narcisismo, a saber, como devorador. Y da lugar a esa especie de preponderancia que la pulsión oral adquirió en la teoría clásica”.[21]

Lacan culmina su clase con esta idea de la fobia como una placa giratoria que vira a los dos tipos de neurosis y que logra también establecer el punto de contacto con la estructura de la perversión. Es por ello que, asegura, no estamos en presencia de una entidad clínica aislable, sino más bien ante la utilidad de una figura clínicamente ilustrada en contextos infinitamente diversos.

Notes

[1] Lacan, J. (1968-69) El Seminario. Libro XVI. “De un Otro al otro”. Paidós, Buenos Aires, p. 280

[2]Ibid, p. 283

[3] Ibid, p. 275

[4] Ibid, p. 231

[5] Ibid, p. 230

[6] Ibid, p. 230

[7] Ibid, p. 237

[8] Ibid, p. 237

[9] Ibid, p. 236

[10] Ibid, p. 236

[11] Ibid, p 267

[12] Ibid, p 275

[13] Freud, S. (1914)  “Introducción al narcisismo”. En Obras Completas, tomo XIV,  Amorrortu Editores, Buenos Aires.

[14] Op. cit. p 276

[15]Ibid, p 277

[16] Ibid, p 267

[17] Deustch, H. (1991) “Un caso de fobia a las gallinas”, en Conjetural Nº23, Ediciones Sitio, Buenos Aires.

[18] Op, Cit. p 279

[19]Ibid, p 279

[20] Ibid, p 279-280

[21] Ibid, p 280

Bibliografia

Deustch, H. (1991) “Un caso de fobia a las gallinas”, en Conjetural Nº23, Ediciones Sitio, Buenos Aires.

Freud, S. (1914)  “Introducción al narcisismo”. En Obras Completas, vol. XIV. Amorrortu Editores, Buenos Aires.

Lacan, J. (1968-69) El Seminario. Libro XVI. “De un Otro al otro”. Paidós, Buenos Aires.

María Guardarucci

Una placa giratoria. Consideraciones sobre la fobia en el Seminario 16.

NODVS LIII, novembre de 2018

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