Referencia sobre “Tótem y tabú” (1913) de Sigmund Freud

Escrito presentado en el seminario del campo freudiano el día 9 de marzo de 2019, en el cual se propuso abordar la lectura del Seminario 17 de Lacan, “El reverso del psicoanálisis”. En este encuentro la docente de la sección clínica de Barcelona, Hebe Tizio, se encargó de hacer una lectura de los capítulos VIII y XIX. 

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Resum

La pregunta que desvela a Freud y que le sirve para vertebrar este escrito gira en torno al origen de la exogamia. En esa línea, se propone emprender un estudio histórico-genealógico a partir de dos ejes: el tabú y el totemismo. La referencia al mito de Tótem y tabú, junto al mito del Edipo y el de Moisés, son los tres sueños de Freud con el Padre,  las tres maneras de novelar la pérdida de goce. Por eso Lacan indica que hay que interpretarlos. Y lo que el mito revela es que no es la prohibición del padre la razón por la cual el parlêtre está impedido de acceder al goce, sino que se trata de una imposibilidad estructural. El acceso total a la verdad es el sueño que quedará trunco a partir de la introducción del significante en la relación del sujeto con el sexo, y esa es la operación real llamada castración.

Paraules clau

mito, verdad, padre, operador estructural, castración

Lacan comienza el capítulo VIII del Seminario 17 con una advertencia a sus entusiastas interlocutores con ansias de revolución: la muerte del Padre lejos está de producir como efecto la libertad. No hay lugar para tal esperanza. Al “Dios ha muerto” de Nieztche le sigue como consecuencia lógica: “entonces ya nada está permitido”1. Esto es precisamente lo que muestra el mito de Tótem y tabú.

Freud escribe los cuatro ensayos que componen esta obra publicada en 1913, según nos indica, inspirado por las elaboraciones previas que han realizado Wundt y Jung en el campo de intersección entre la psicología y la antropología social. Para su análisis, él partirá de los procesos psíquicos de los neuróticos –sobre los que el psicoanálisis puede echar luz- para intentar extrapolarlos a la psicología de los pueblos, y ver entonces, en esa comparativa, si puede haber puntos de acuerdo. La pregunta que desvela a Freud en aquel entonces, y que vertebra este escrito, gira en torno al origen de la exogamia. En esa línea, se propone emprender un estudio histórico-genealógico a partir de dos ejes: el tabú y el totemismo.

Para ello aborda primero el estudio de los pueblos salvajes. Selecciona como muestra a una tribu de Australia, que no ha sido alcanzada por ningún atisbo de civilización, pero que se rige bajo el sistema del totemismo. Esto significa que sus integrantes se dividen en clanes, cada uno de los cuales lleva el nombre de su tótem, pudiendo ser éste un animal, planta o una fuerza natural, con el cual los sujetos tienen una relación ambivalente de, por un lado, sacralidad, y por otro, de temor (Freud lo nombra: “el horror sagrado”2). El tótem es el antepasado de la estirpe, reemplazando así el parentesco de sangre,  por lo que los miembros del clan tienen el imperativo de no matar a su tótem y de abstenerse de comer su carne. Freud destaca que en su origen, se heredaba por línea materna, pero que con el paso del tiempo –y por causas desconocidas-, se desplazó hacia la descendencia por vía paterna. Es a partir de la figura del tótem que se erige un elemento organizador en la vida social de esta tribu: la prohibición del incesto, esto es, la norma de que miembros del mismo tótem no pueden mantener relaciones sexuales entre ellos. Su transgresión es castigada con duras penas, que van desde acciones expiatorias, ceremoniales de purificación, hasta castigos que pueden llegar a la muerte, y subraya –cito-: “(…) como si fuera preciso defender a la comunidad toda de un peligro que amenaza o de una culpa oprimente”3.  Aquí Freud nos da una pista que empieza a vislumbrar el camino que seguirá. Primer punto de anclaje: hay un peligro que acecha, del cual es preciso defenderse, y para eso la tribu ha creado la figura del tótem, en torno del cual giran estas prohibiciones. Sin embargo, la pregunta insiste: ¿A qué responde entonces esta íntima vinculación entre el tótem y la exogamia?

En este punto Freud cambia de hilo conductor, y continúa su investigación por el lado del tabú, “el código legal no escrito más antiguo de la humanidad”4 (pag 27), en palabras de Wundt. Nos lo presenta como un síntoma, es decir, como una formación de compromiso en la cual está en juego, por un lado, la satisfacción de deseos inconscientes y por otro, la defensa erigida frente a estos. La ambivalencia se tramita, de esta manera, a través del tabú. Observa que las dos prohibiciones de los pueblos totémicos -no matar al animal y evitar el comercio sexual entre los miembros del mismo clan- vienen a sofocar las dos aspiraciones esenciales, de signo contrario, del deseo infantil en el complejo de Edipo –matar al padre para consumar el incesto con la madre-. Pero a Freud no le alcanza, va a buscar el acto fundacional, el punto cero, de donde todo surgió: los pueblos totemistas, las religiones, todas las instituciones sociales y culturales. Y para ello se inventa un mito, aunque para Freud no haya quedado tanto del lado de una construcción fantástica, sino más bien como algo que efectivamente pudo haber ocurrido en la realidad, en un tiempo ancestral. Y entonces propone una hipótesis que toma de Darwin –a la que Lacan llamará “la payasada darwiniana”5. Plantea que en el origen los hombres vivían en hordas, donde el padre –es decir, el macho más viejo y más fuerte- se reservaba para sí la potestad sobre todas las mujeres del clan, por lo cual los hijos, en inferioridad de condiciones, se vieron expulsados y obligados a buscar la satisfacción sexual por fuera del mismo. Odiaban a ese padre, pero a la vez lo respetaban y admiraban. Sin embargo un día, los hermanos se aliaron, mataron al padre y devoraron su carne en una celebración. En el acto de devoración, se consumó la identificación con él. El retorno de esta hazaña criminal fue bajo la forma del arrepentimiento y la consciencia de culpa, por lo cual la sombra del padre muerto se agigantó, y resultó tener más fuerza que cuando estaba vivo. Para apaciguar este insoportable sentimiento de culpa, los hermanos dieron vida al sustituto, el tótem, figura de prohibición alrededor de la cual se crean los dos tabúes fundamentales. Así Freud llega a concluir un origen simultáneo para el totemismo y la exogamia. Y agrega que, desde entonces, con el paso del tiempo y el desarrollo de las civilizaciones, el odio al padre fue cediendo cada vez más, siendo sustituido por el amor y la añoranza, llegando a su máxima cristalización en la figura del Dios de las religiones, desde donde emanan todas las prohibiciones y los castigos. Esta añoranza excedió los límites del mundo religioso, y se expandió a toda la organización social, instaurando el sistema patriarcal.

En cierta forma, desde Freud, puede leerse que Tótem y tabú viene a ser una continuación del mito del Edipo. Mientras que éste plantea como posible el acceso irrestricto al goce, el mito de Tótem y Tabú viene a responder con la interdicción: es por haber asesinado al Padre primordial que el acceso al goce quedará imposibilitado para siempre. En otras palabras, Freud consigue confirmar que la cultura y todas las instituciones de control social, son producto de la sofocación de aquellas mociones pulsionales a partir de la prohibición del padre.

Como nos enseña Lacan, los mitos son los lugares donde puede sostenerse una enunciación sobre la verdad en su medio-decir. La verdad, entonces, solo puede ser dicha entre líneas, a consecuencia de su propia estructura, no por una prohibición o censura del exterior. Y los tres mitos freudianos, son los tres sueños de Freud con el Padre. Por eso Lacan señala que hay que interpretarlos. Y a partir de esta indicación, propone pasar del contenido manifiesto del mito –su nivel de enunciado- al contenido latente –nivel de enunciación-. En el nivel del enunciado, el mito de Tótem y tabú ubica en el punto de origen al Padre como fundamento de la prohibición, de ahí la equivalencia entre el padre muerto y la denegación del goce. Miller en “Un esfuerzo de poesía” ironiza al respecto: “Freud prefirió hacerse antropólogo antes que lógico – que es la vía que Lacan elegirá”6. La subversión lógica que Lacan realizará en este capítulo consistirá en prescindir de la figura del padre de la ley –ubicándolo en el lugar de semblante- para pasar a conceptualizar la noción de castración como operación real, producto de la inmersión del sujeto en el lenguaje.

Tomo para concluir una referencia de aquel curso de Miller dictado en el año 2002-2003, donde destaca la desorientación en la que se encuentran algunos analistas que añoran la re-instauración del Padre como significante amo: ‘¿a dónde ha ido a parar la prohibición?´, se preguntan con nostalgia. Hace en ese punto una indicación clínica, y también ética, para “los analistas de mañana –y esperemos que los de hoy”7, dice. En relación al discurso de la época, donde parece reinar el permiso irrestricto al goce, donde ya no hay prohibición del padre que valga, Miller habla de “la pasión por lo nuevo”8. Y, al igual que Lacan hizo frente a sus encendidos seguidores con la chispa de la revolución, advierte que ello no es para abrigar ninguna esperanza. Invita, en cambio, a estos analistas a soportar la confrontación directa con los problemas del goce característicos de nuestra época, como –cito- “una vía de escape”9, ya sin el parapeto del padre. El permiso para gozar en nada cambia la estructura misma del goce. Les propone, entonces, soportar estas contingencias de lo nuevo que se presenta, tomando en cuenta una pluralización que comprenda las soluciones singulares de los sujetos confrontados a la incompatibilidad estructural entre el parlêtre y el goce.

Notes

1. Lacan, J. (1969-70) “El Seminario. Libro 17. El reverso del psicoanálisis”. Pág. 127

2. Freud, S. (1913) “Tótem y tabú”. Obras completas. Pág. 27

3. Freud, S. (1913) “Tótem y tabú”. Obras completas. Pág. 14

4. Freud, S. (1913) “Tótem y tabú”. Obras completas. Pág. 27

5. Lacan, J. (1969-70) “El Seminario. Libro 17. El reverso del psicoanálisis”. Pág.  119

6. Miller, J.A. (2002-2003) “Un esfuerzo de poesía”. Pág. 282

7. Miller, J.A. (2002-2003) “Un esfuerzo de poesía”. Pág. 291

8. Ibíd., Pág. 291

9. Ibíd., Pág. 291

Bibliografia

Freud, S. (1913) “Tótem y tabú”. Obras completas, Ed. Amorrortu, Bs. As. 2012

Lacan, J. (1969-70) “El Seminario. Libro 17. El reverso del psicoanálisis”. Ed. Paidós, Bs. As. 1992

Miller, J.A. (2002-2003) “Un esfuerzo de poesía”. Ed. Paidós, Bs. As. 2016

Lucía Icardi

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