¿Lo real? “Por lo general, lo real resopla hasta la próxima crisis”

Referencia presentada para la sesión del 15 de junio de 2019 del Seminario del Campo Freudiano de Barcelona, impartida por Domenico Cosenza. 

  • Publicado en NODVS LV, juny de 2019

Resum

 

En el presente texto se intenta responder a la pregunta: ¿En qué se sirve Lacan, cuando cita en su Seminario 17, a Baltasar Gracián? Se trata de una propuesta de Domenico Cosenza, quien fuese el docente de la sesión de junio de 2019 del Seminario del Campo Freudiano, a la que respondimos con entusiasmo. Se podrá leer una versión resumida en Nodvs, de lo que fuera un recorrido más amplio por la obra del escritor barroco, las múltiples referencias que se encuentran en la literatura del Campo Freudiano a éste, y algunos divertimentos que permanecieron en el interior del trabajo del Taller del Seminario, en conjunto con Begoña Ansorena y Pilar Foz. Encontraréis en un Nodvs antiquísimo otra referencia al capítulo "La verdad de parto" de "El Criticón" que consideramos muy diferente a esta que podéis leer aquí. 

 

Paraules clau

Baltasar Gracián, El Criticón, La Verdad, El reverso del psicoanálisis, Lo real.

 

Preludio

“He recibido una carta de los infiernos”. Así comienza Baltasar Gracián uno de sus famosos sermones en la iglesia, delante de miles de feligreses. Quizá se excediera en aquella ocasión. Sin embargo, es probable también que ese exceso de dramatismo, no tuviera como fuente el goce puro de la transgresión, sino el de una conciencia generalizada de decadencia, que influye en su concepción del mundo, y que está íntimamente vinculada a la época. Antoni Vicens crea una figura muy gracianesca para definir la deriva del mundo en un texto sobre las crisis. Dice: “la humanidad misma actúa como una peste para sí misma”[1]. Este es el marco en el que podemos pensar la obra de El Criticón.

La vida de Gracián en comparación con la de Quevedo o Cervantes fue más bien discreta. Sin embargo, encontramos en algunos de los hechos que la constituyen una contradicción nuclear: J-A. Miller señala[2] que Lacan se interesó en el precepto de “no levantar polvareda”, o de “no alborotar”, que Gracián pensó para “El discreto”, como una virtud aplicable al semblante del analista. Sin embargo, podemos decir que tanto para Lacan como para Gracián, se trataba también de una difícil apuesta, en tanto que tenían que hacerla convivir con la tendencia -reconocible en ambos- de no dejar indiferente a nadie.    

 

Baltasar Gracián Morales

Nace en Belmonte, una aldea aragonesa, en los albores del siglo XVII, en el seno de una familia humilde. Es enviado a Toledo en donde recibe una cuidada educación. Luego realiza una carrera que va del noviciado jesuita a la predicación, compartiendo dicha actividad con la publicación de sus obras, que le permitieron ser considerado el creador y el maestro máximo, con Quevedo, del Conceptismo español.

En un período de 20 años Gracián inició su vida literaria con El Héroe (1637), y finalizó con El Criticón (que se publicó en tres partes entre 1651-1657). En ese breve tiempo se debatió entre dos puntos de tensión que iban de la vivencia del ingenio al acierto del juicio. Ante el posible cuestionamiento del moralismo adoctrinante en sus obras, cabe destacar que estas encuentran casi siempre un matiz, en un sentido de realismo práctico, que tendrá sus consecuencias tangibles.

Las represalias de la orden Jesuita le acompañan una buena parte de su vida. La publicación de la tercera parte de El Criticón es precisamente la que topa con un rechazo más contundente. Después de un exilio en un pueblo que recientemente había sido arrasado por la peste, agotado y enfermo, vuelve a Tarazona para morir a los 57 años.

 “Autor fundamental –dice Lacan, ante el cual- los señores Nietzsche y La Rochefoucauld son pequeños”[3]. “Su inteligencia es absolutamente prodigiosa”[4].

En el Seminario que estamos trabajando hoy lo presenta así:

“Antes incluso de que la ciencia hubiera llegado a nuestro cenit, [Gracián] la había sentido llegar”. Es para tener en cuenta el modo en que nos representamos los movimientos en la historia, “el hecho de que el barroco que tanto nos va – y el arte moderno […] – haya empezado antes, o justo al mismo tiempo que los pasos iniciales de la ciencia”[5].

 

El Criticón

Comienza a publicarse en 1651, bajo el pseudónimo de García Marlones, anagrama de Gracián Morales. Se trata de una suma de géneros y estilos que admite la caracterización de “agudeza compuesta fingida”. Categoría creada por el mismo Gracián, y que se describe por el trasfondo de la obra que se puede entender como un manual de Filosofía moral cuya trama argumental encubre bajo los dos protagonistas al sapiens (al hombre racional) y al stultus (la bestia). Es en este punto que Lacan dice que “se encuentra ya incluida [En El Criticón] la intriga de Robinson Crusoe”[6].  (S. 17, p. 198).

Gracián organiza un viaje a través de las edades del hombre y de la geografía europea en el que se establece un lazo entre sus dos protagonistas, Critilo y Andrenio, desde su encuentro en la isla de Santa Elena hasta su llegada a la Isla de la Inmortalidad. El itinerario comienza en la niñez y desemboca en la vejez.  


La verdad de parto. Crisis III de la 3era parte.

Critilo y el Acertador van saliendo del Estanco de los vicios, triunfantes por esquivar la tentación de la Vinolencia que deriva en Herejía; derrotados ya que atrás ha quedado Andrenio, “su otro yo”, tumbado en el suelo. Ambos consiguen entrar de nuevo en el “Cenagal de los vicios”, para aplicarle al desmayado un contraveneno, pero se topan con su resistencia:

“Dejadme que estoy soñando cosas grandes […] el mundo no es ya redondo, cuando todo va a la larga; que la tierra no es ya firme, cuando todo anda rodando; […] que todo es aire en el mundo, y así todo se lo lleva el viento; el agua que fue y el vino que vino; el sol no es solo ni la luna es una, los luceros sin estrellas y el norte no guía; […] las flores son delirios y los lirios espinan; los derechos andan tuertos y los tuertos a las claras; […] los postres son antes y muchos fines sin medios; […] el tiempo hecho cuartos y el día enhoramalas; los relojes quitan dando y de los buenos días hacen los malos años”[7].

En ese mundo repleto de reversiones lenguajeras en el que tambalean los semblantes, y en el que el Estanco de los vicios se transforma en un estanque de monstruos, nuestros queridos personajes  logran escaparse, teniendo que esquivar en el umbral a un peligroso monstruo: la Quimera.

El próximo camino les lleva hacia el reino de la verdad. Haciendo balance sobre el recorrido realizado son interrumpidos por grupos de gentes que escapan de aquel reino que se les antojaba tan preciado.

Llamóles la atención que los que más huían eran los que parecían más valiosos. Al preguntar por la causa les decían: “O vosotros sois unos grandes sabios o unos grandes necios en ir contra la corriente de todos”[8]. La verdad, tenía alborotado al mundo, al estar a punto de desembuchar, embarazada del Tiempo, ahora por fin estaba de parto, ¿Pero y qué iba a salir de dicho vientre? ¿No sería hermoso verla reproducirse? ¡Niente! Si el mundo se llenara de verdades no habría quién para habitarlo.

Así se enteraron de que solo soportaban los rededores de la reina aquellos que habían nacido bebiendo su amarga poción, y que por lo tanto la encontraban dulce: ¡los niños, y los locos! 

En esta época hacía tiempo que la verdad no podía hablar, y por eso estaba a punto de reventar. “Vase deteniendo, como la preñada erizo, que cuanto más tarda más siente las punzas de los hijuelos y teme más el echarlos a luz”[9].

Entonces llegó el estallido, y nuestros héroes, el Acertador, Andrenio e incluso Critilo huyeron con el resto.  

 

¿Por qué Lacan se interesa en Gracián en este momento?

Se interesa en Gracián el prudente, en el Gracián que no hace hablar a la verdad en ningún momento. ¿Pone en acto quizá, el precepto que toma Lacan en estos pasajes del Seminario?

Lo interesante de las transiciones, de una Crisis a la siguiente en esta obra, es que conserva una lógica vecina a la orientación que vamos siguiendo, la del cuarto de giro de los cuatrípodos. Antoni Vicens en un texto que tituló “Amiga crisis” y en el que cita a Gracián, dice: “La crisis es el agujero que se desplaza, imposible de ser tomado en lo simbólico; es sumidero de esperanzas y manantial de creación”[10]. Es en estas torsiones que se gestan elementos que son particularmente iluminadores. Tenemos que del “Estanco de los Vicios” –Crisis anterior a “La verdad de parto”- al “Mundo descifrado” –Crisis posterior-, pasamos de la Herejía, a la Verdad, y desde allí, cuando la “palabra concebida” finalmente es dada a luz, la respuesta, el siguiente monstruo con el que nuestros personajes se las tienen que ver, es el Odio.  

Tengamos en cuenta que esta clase de El Seminario 17, tiene como punto central “el poder de los imposibles”. Lacan advierte, sin identificarse con aquellos que huyen despavoridos del reino de la Verdad, que no se trata de hacer caer todos los semblantes, y es por esto que toma tanta pregnancia en esta clase el sintagma: “morir de vergüenza”. Porque en relación a lo real, Lacan dice: “A lo real, por su parte, las cosas no le van ni mejor ni peor. Por lo general, resopla hasta la próxima crisis”[11].

El título del capítulo “La Verdad de parto” nos introduce en un campo de referencias que ha sido tomado por una cierta filosofía del lado de la mayéutica: la asistencia en el parto de la verdad por medio del diálogo socrático. Hacer decir al otro aquello que no sabe que sabe.  

Parece claro, sin embargo, que la elección de este pasaje por Lacan no está inspirada en la mayéutica, más bien quizá viene a contradecirla, a decir: el psicoanálisis no es una mayéutica, no es un método que pretende dar a luz a la verdad. En este punto es interesante lo que dice sobre esto J-A. Miller en “Un Esfuerzo de poesía”:

“[Es cierto que en una época, es Lacan quien reintroduce la noción de verdad]. Del psicoanálisis proviene el acento que se pone en la verdad y en el hecho de que hay otros modos de vérselas con ella. Tomémoslo por un atajo. Es notorio que los cuatro discursos se organizan a partir de otro principio. […] Los cuatro discursos son cuatro campos organizados a partir del goce o plus-de-gozar, que implican una desvalorización de la función de la verdad en el psicoanálisis”[12].

Notes

[1] Vicens, Antoni. “Amiga crisis”. XIV Jornadas de la ELP, Crisis: ¿Qué dicen los psicoanalistas? (Disponible en internet).  

[2] Miller, Jacques-Alain. Un esfuerzo de poesía. Paidós, Buenos Aires, 2016, p. 184.

[3] Lacan, Jacques. El Seminario, libro 1, Los escritos técnicos de Freud. Paidós, Buenos Aires, 2006, p. 251.

[4] Lacan, Jacques. El Seminario, libro 18, De un discurso que no fuera del semblante. Buenos Aires, 2014, p. 35.

[5] Lacan, Jacques. El Seminario, libro 17. El reverso del psicoanálisis. Buenos Aires, 2017, p. 198.

[6] Ibíd. 

[7] Gracián, Baltasar. El Criticón. Losada, Buenos Aires, 2010, p. 486.

[8] Ibíd, p. 493.

[9] Ibíd, p. 496.

[10] Vicens, Antoni. Op. cit.

[11] Lacan, Jacques. El Seminario, libro 17, El reverso del psicoanálisis. Op cit., p. 202.

[12] Miller, Jacques-Alain. Un esfuerzo de poesía. Op. cit., p. 186.

Erick González

¿Lo real? “Por lo general, lo real resopla hasta la próxima crisis”

NODVS LV, juny de 2019

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