30 años SCB. Tres preguntas a Vicente Palomera por José Carlos Palma

Con motivo de la celebración de los 30 años de la Sección Clínica de Barcelona, la comisión de NODVS pregunta a psicoanalistas implicados sobre las vicisitudes de la misma.

  • Publicado en NODVS LV, juny de 2019

José Carlos Palma: En el “Prólogo de Guitrancourt”(1988), Jacques-Alain Miller establece qué es y qué no es la enseñanza del mathema en psicoanálisis: “es universitaria; es sistemática y gradual; (…) No es algo que habilite para el ejercicio del psicoanálisis.” Si partimos del supuesto de que una formación universitaria habilita para el ejercicio de una determinada disciplina (por ejemplo, Psicología), ¿por qué podemos decir que la enseñanza del psicoanálisis no habilita para su ejercicio?

 Vicente Palomera: Primero, señalar que el acto analítico no se enseña. Lo que regula la respuesta del analista en su práctica no es un “saber” que se podría obtener de una enseñanza, es decir, del discurso universitario. Si solo se tratase de eso el ejercicicio del psicoanálisis sería fácil, porque sería decir que tenemos una medida. De hecho, lo que regula la posición del analista se encuentra en su relación con su capacidad para sostener el lugar que la esctructura le asigna. Con todo, es necesario que tenga una idea de la estructura propia del dispositivo analítico. El empeño de Lacan en su enseñanza fue reconstruir esa estructura a partir de la experiencia, pero, al mismo tiempo, señalaba que la experiencia no basta para revelar la estructura: la estructura hay que descifrarla, es decir, extraerla, sacarla afuera. Para ello se necesita que el analista tenga una idea de la estructura ya que, de lo contrario, opera a ciegas. 

En una ocasión, Lacan señalaba que “una práctica no necesita ser esclarecida para que opere”. ¿Qué quería decir con esto? Quería decir que si bien el practicante puede obtener efectos en su práctica no sabe cuáles y, sobre todo, que no está en condiciones de volverlos a producir. De lo que se deduce que la cuestión es que el analista debe operar no solo una vez sino en cada caso. Esta es la razón que lleva a decir que es necesario que el analista debe tener una idea del lugar que ocupa en la estructura.

Pero esto tampoco basta, porque se necesita que sea capaz de sostener ese lugar, cosa que no se aprende con la enseñanza. Insisto una vez más, “el acto analítico no se enseña”. El acto consiste en una capacidad que el analista adquiere a través de su propio análisis personal. En otras palabras, el analista opera a la medida del análisis que ha hecho. Por tanto, la enseñanza no puede reemplazar el análisis didáctico. Solo hay un psicoanálisis cuando éste llega a enseñar algo, cuando el analizado ha aprendido algo hasta el punto de poderlo transmitir. Si el sujeto analizado desea transmitir el psicoanálisis, desde la particularidad de lo que él es, se ve obligado a tener que volver a inventar el saber de la estructura. Aquí está para Lacan el fundamento del procedimiento del pase, un procedimiento para tratar la opacidad existente en el pasaje del analizante al analista.

 

JCP: ¿En que se diferenciarían el momento histórico que vio nacer la Sección Clínica de Barcelona y el momento actual? A día de hoy, ¿existe un clima favorable para la creación de lugares en los que se ofrezca una enseñanza psicoanalítica lacaniana?

V.P: La diferencia mayor reside en la ventaja existente de poder contar con una amplia red que tiene hoy estos puntos de anudamiento: la ELP, la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis perteneciente a la Asociación Mundial de Psicoanálisis, la Sección Clínica de Barcelona- Instituto del Campo freudiano; la Biblioteca del Campo freudiano de Barcelona;  y  la FCPOL, la Fundación para la Clínica de la Orientación lacaniana. Esta red es más bien un nudo que ayuda a hacer más transitable la formación analítica. El nudo tiene tres consistencias: la difusión del psicoanálisis (Biblioteca), las enseñanzas (Secciones clínicas del ICF) y la transmisión (con el procedimeinto del pase en la ELP). En los ’80 empezamos a poner las primeras piedras –siendo 1989 un punto de inflexión (sin olvidar su punto de partida con el Seminario del Campo freudiano en Barcelona en 1984)– que hubo que cimentar con la creación de la Escuela Europea de Psicoanálisis en 1990.  

 

JCP: En febrero del 2008, tuvimos oportunidad de publicar sus respuestas a tres preguntas sobre la conversación con el psicótico, en el marco de preparación para la Conversación Clínica de ese mismo año, titulada Precariedad del vínculo social en las psicosis ordinarias. En una de sus respuestas, usted afirmaba: “El analista, como dice Virginio Baio, lo mejor es que sepa no saber.” Entonces, ¿cómo logra el analista, sin embargo, transmitir algo de la enseñanza del psicoanálisis?

V.P: Si, es ciertamente una pregunta capital. Hay que decir que el analista tiene que soportar en su formación el hecho de no saber nada: no saber nada de la particularidad del paciente, de la solución para el deseo de ese paciente. La formación de un analista debe centrarse en su capacidad para soportar una relación con esa nada. El analista tiene que realizar una cierta clínica de la nada y saber que si el sujeto neurótico o el psicótico no tienen la misma relación con la nada y con ese saber que no está a disposición del sujeto, con un saber que no está a disposición del sujeto, un saber reprimido debajo de la barra inaccesible a los dos. En definitiva, se trata de saber hablar al sujeto, lo que implica saber ubicar su relación con la nada. Lacan nos remite a la “docta ignorancia”, porque considera que para obtener que un analista pueda soportar esto se necesita formarlo en las disciplinas clásicas de la interpretación. Ya Freud dio una lista: la literatura, la interpretación de los textos. Lacan añadió la lógica, la antropología, etc. que Miller llamó  “logociencias”.

La formación del analista debe permitir cortar con el sentido común para poder liberar la relación del sujeto con el significante. Al separarse del sentido se acentúa el hecho de que el deseo es el deseo del Otro. Al abandonar el vínculo que normalmente ocupa el sentido en la interlocución se entra en un espacio en el que no compartimos el sentido. Lo que compartimos entonces es el deseo. Toda entrada en análisis depende de esto: un sujeto acepta abandonar la dimensión del sentido a condición de contar con el deseo del Otro, lo que situamos como deseo del analista. Por tanto, y para responder a la pregunta, lo que se transmite es el deseo.

Vicente Palomera

30 años SCB. Tres preguntas a Vicente Palomera por José Carlos Palma

NODVS LV, juny de 2019

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