¿Finito o infinito?

Referencia presentada para la sesión del 18 de mayo de 2019 del Seminario del Campo Freudiano de Barcelona, impartida por Shula Eldar. 

  • Publicado en NODVS LV, juny de 2019

Resum

El presente trabajo es una referencia al texto “Análisis terminable e interminable” de Sigmund Freud que Lacan trabaja en el Capítulo “La impotencia de la Verdad” del Seminario “El reverso del psicoanálisis”, en donde intenta circunscribir la relación del acto analítico con la verdad

Paraules clau

Obstáculos, Das Analysieren, fin de análisis, finalidades del tratamiento, narcisismo, verdad.

Breve introducción

Este es uno de los últimos textos que Freud escribe, ya hacia el final de su vida. Uno de los últimos legados que deja para nosotros analistas y los que pretendemos devenir tal, los que nos sentimos convocados por la Causa Analítica y su Ética.

Por lo que nos cuenta Strachey éste, junto con Construcciones en análisis, fueron los últimos textos que Freud vio publicados. Por lo tanto, es un texto que comprende, de manera bastante sintética y apretada la grandiosidad de su obra, sus concepciones más fundamentales y elaboradas respecto a lo humano, a la neurosis, a las finalidades del tratamiento y su posibilidad, y respecto a lo que se puede esperar de Das Analysieren, como lo nombra Lacan en este capítulo que comentamos el día de hoy: La impotencia de la Verdad, del Seminario 17 El Reverso del Psicoanálisis.

En este texto Freud intenta dar respuesta al empeño, particularmente de Otto Rank, por abreviar el tiempo de duración del tratamiento. No obstante, partiendo de ahí Freud no puede más que desembocar en los diversos obstáculos que enfrenta el psicoanálisis y el analista mismo, pues ha descubierto ya cómo el ser humano tramita la satisfacción, y la relación de ésta con el “reconocimiento de la realidad efectiva”. Desgrana, una a una, estas dificultades: la conceptualización misma y el proceder que de ella deriva (es decir el propio analista), así como el material con el que tratamos, sus mecanismos y por consiguiente la finalidad del tratamiento y su posible conclusión.

 Sobre los obstáculos conceptuales

Otto Rank consideró que el acto del nacimiento instauraba el trauma fundamental de la neurosis, pues implicaba la posibilidad de una fijación a la madre, que siendo no superada proseguía como una represión primordial.  De esta manera, Rank encontraba en la abreacción de la angustia emergida del trauma (primera tesis freudiana), la posibilidad de eliminar la neurosis en su totalidad. Freud había objetado ya esta tesis (en su texto “Inhibición, síntoma y angustia”, 1926),  argumentando que es insostenible pensar que el neurótico se aproxima  a su curación según sea la frecuencia y la intensidad con la que se reproduzca el afecto de angustia, además, no es posible que el nacimiento haya sido “vivenciado subjetivamente como una separación de la madre”, pues ella aún “es ignorada como objeto por el feto enteramente narcisista”[1]. Aunque Rank ciertamente tenía una consideración económica, pieza nudo de la metapsicología freudiana y supongo que por ello Freud le reconoce un piecito dentro del Campo del psicoanálisis, su conceptualización era radicalmente diversa, pues Freud hace de ella una especie de bisagra, donde asentaría conceptos fundamentales en la teoría como el narcisismo, libido yoica y libido de objeto, intensidad de la pulsión vs robustez del yo, la pérdida del amor de objeto y la angustia, todos ellos elementos clave en el reconocimiento de esa realidad efectiva y más aún, en la edificación de la cultura misma.

 Sobre las finalidades del tratamiento: esclarecimiento y repetición

Ciertamente para Freud, una de las finalidades del tratamiento era “librar” al ser humano de su síntoma de padecer. No obstante, en relación al caso que conocemos como El hombre de los lobos Freud nos dice: “En el curso de algunos años se logró devolverle gran parte de su autonomía, despertar su interés por la vida, poner en orden sus vínculos con las personas más importantes para él. Pero ahí se atascó el progreso; no avanzaba el esclarecimiento de la neurosis infantil sobre la cual sin duda se fundaba la afección posterior, y se discernía con toda nitidez que el paciente sentía asaz cómodo el estado en que se encontraba y no quería dar paso alguno que lo acercase a la terminación del tratamiento.”[2]

Esto quiere decir, que no sólo tenía como meta erradicar el síntoma de padecer sino también esclarecer, en la medida de lo posible, la neurosis infantil, pues mediante su esclarecimiento encontraba una vía posible de domeñamiento (de la pulsión), y por lo tanto, de profilaxis.  Siendo admitida dentro de la “armonía del yo” y domeñada por él, la moción pulsional decrece en intensidad y ya no sigue más su camino “propio” hacia la satisfacción, desde donde ejerce sus efectos patógenos para el yo. Un trabajo así es el que se realiza cotidianamente dentro de un análisis, pero Freud define “la genuina operación de la terapia analítica”, su “neo-creación”, como una “rectificación en el proceso represivo originario”[3], no sólo en la lucha defensiva que deriva de él, y dónde también corre el riesgo de encallarse.

 Lo propio de la neurosis

En el texto La escisión del yo en el proceso defensivo, Freud nos dice: “El yo del niño se encuentra, pues, al servicio de una poderosa exigencia pulsional que está habituado a satisfacer, y es de pronto aterrorizado por una vivencia que le enseña que proseguir con esa satisfacción le traería por resultado un peligro real-objetivo difícil de soportar. Y entonces debe decidirse: reconocer el peligro real, inclinarse ante él y renunciar a la satisfacción pulsional, o desmentir la realidad objetiva, instilarse la creencia de que no hay razón alguna para tener miedo, a fin de perseverar así en la satisfacción.” … “Ahora bien, el niño no hace ninguna de esas dos cosas, o mejor dicho, las hace a las dos simultáneamente, lo que equivale a lo mismo.” … “Por un lado, rechaza la realidad objetiva con ayuda de ciertos mecanismos, y no se deja prohibir nada; por el otro, y a renglón seguido, reconoce el peligro de la realidad objetiva, asume la angustia ante él como un síntoma de padecer y luego busca defenderse de él.”[4]

En este texto, Análisis terminable e interminable Freud hace una preciosa analogía entre la función de la censura y el copista: “Piénsese, pues, en los posibles destinos de un libro en la época en que todavía no se hacían ediciones impresas, sino que se los copiaba uno por uno; y que uno de estos libros contuviera referencias que en épocas posteriores se consideraron indeseadas.  La censura oficial de nuestros días no emplearía otro mecanismo de defensa que la confiscación y destrucción de cada ejemplar de la edición entera.  En aquella época se utilizaban métodos diversos para volver inocuo el libro. O bien los pasajes chocantes se tachaban con un trazo grueso, de suerte que se volvían ilegibles, y, si después no se los reescribía, el siguiente copista del libro brindaba un texto irreprochable, pero lagunoso en algunos pasajes y quizás ininteligible ahí.”[5] La desfiguración, dislocación, omisión, sustitución, intercalación, supresión y transformación en lo contrario, también eran mecanismos eficientes.

 Freud descubre que merced a ese síntoma de padecer, ese sustituto, la satisfacción de la moción pulsional (que no por ello no es alcanzada) ya no es reconocible como tal, no produce sensación de placer ninguna y, no obstante, ha adquirido el carácter de una compulsión, que es mantenida en una cierta “extraterritorialidad” [6] respecto al yo, ajeno a él y obrando con independencia. Por lo que el yo, después de esa escisión, deviene no sólo función de síntesis, sino también de desconocimiento, como señala Lacan.  Dice Freud: “El aparato psíquico no tolera el displacer, tiene que defenderse de él a cualquier precio, y si la percepción de la realidad objetiva trae displacer, ella –o sea, la percepción- tiene que ser sacrificada.” [7]

 Invocando al analista. La roca base

Me parece que este es un texto en el que Freud se dirige de manera bastante directa al analista, de hecho en este texto habla del análisis didáctico (lo cual, si no me equivoco, hizo tan sólo dos veces en su vida). Citaré el párrafo que Lacan comenta en este capítulo: “Por tanto, tiene su buen sentido que al analista se le exija, como parte de su prueba de aptitud, una medida más alta de normalidad y de corrección anímicas; y a esto se suma que necesita de alguna superioridad para servir al paciente como modelo en ciertas situaciones analíticas, y como maestro en otras. Por último, no se olvide que el vínculo analítico se funda en el amor por la verdad, es decir, en el reconocimiento de la realidad objetiva, y excluye toda ilusión y todo engaño.”[8]

 Para terminar sólo mencionaré el último gran obstáculo que destaca por su increíble tenacidad: la desautorización de la feminidad, la roca de base, como lo nombra en este texto. Para la mujer la envidia del pene, o en positivo, dice Freud, el querer-alcanzar la posesión del atributo fálico, y para el hombre, la revuelta contra su actitud pasiva, es decir, la pérdida del atributo fálico.  Mucho importa, que ambos “correspondientes manifiestos”, se hayan sustraído de ese copista, particularmente en su modalidad de omisión, ya que es la que más se asemeja a la represión originaria, pues de ello depende que sean admitidos dentro de la “armonía del yo”.

En este punto no se percibe un Freud muy optimista, dice: “Nos consolamos con la seguridad de haber ofrecido al analizado toda  la incitación posible para reexaminar y variar su actitud frente a él –el complejo de castración, la desautorización de la feminidad.”[9]

La respuesta lacaniana frente a esos impases freudianos, fue la creación de su Escuela y su Proposición del 9 de octubre de 1967, conocida como la Proposición del Pase, en la que establece como primer principio que “el psicoanalista sólo se autoriza a partir de él mismo”, y en caso de querer la garantía de la Escuela, habrá de “volverse responsable del progreso de la Escuela, volverse psicoanalista de su experiencia misma.”[10]

Notes

[1] Freud, S. (1926/1993) Inhibición, síntoma y angustia, en Obras Completas. Tomo XX. Buenos Aires, Amorrortu, pág. 124

[2] Freud, S. (1937/1993) Análisis terminable e interminable, en Obras Completas. Tomo XXIII. Buenos Aires, Amorrurtu, pág. 220

[3] Ibíd., pág. 230

[4] Freud, S. (1938/1993) La escisión del yo en el proceso defensivo, en Obras completas. Tomo XXIII. Buenos Aires, Amorrortu, pág. 275

[5] Freud, S. Análisis terminable e interminable, op. cit., pág. 238

[6] Freud, S. Inhibición síntoma y angustia, op. cit., pág. 93

[7] Freud, S. Análisis terminable e interminable, op. cit., pág. 239

[8] Ibíd., pág. 249

[9] Ibid, pág 254

[10] Lacan, J. (1967/2000) Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela. Momentos cruciales de la experiencia analítica. Buenos Aires, Manantial, pág.8

Bibliografia

Freud, S. (1926/1993) Inhibición, síntoma y angustia, en Obras Completas. Tomo XX. Buenos Aires, Amorrortu

Freud, S. (1937/1993) Análisis terminable e interminable, en Obras Completas. Tomo XXIII. Buenos Aires, Amorrurtu

Freud, S. (1938/1993) La escisión del yo en el proceso defensivo, en Obras completas. Tomo XXIII. Buenos Aires, Amorrortu

Freud, S. (1929/1994) El Malestar en la cultura, en Obras completas. Tomo XXI. Buenos Aires, Amorrortu

Lacan, J. (1967/2000) Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela. Momentos cruciales de la experiencia analítica. Buenos Aires, Manantial

Lacan, J. (1992). El Seminario. Libro 17. El reverso del psicoanálisis. Buenos Aires. Paidós

Miller, J.A. (2012) Punto cenit: política, religión y el psicoanálisis, Buenos Aires, Colección Diva

Miller, J.A. (2000) Teoría de Torino acerca del sujeto de la Escuela, en: https://elp.org.es/wp-content/uploads/2013/03/1_teoria_torino_Miller.pdf

Freiría, P. (2019) Rechazo de la feminidad, goce del cuerpo, invención sinthomática. Freudiana 85. Pág. 81-86.

Claudia Rivas Peña

¿Finito o infinito?

NODVS LV, juny de 2019

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